04 julio 2005

Desde la cárcel...

Visión entrecortada. Fuera sólo la distancia. Ancho patio. Ladrillo rojo. Ventanucos iguales, simétricos, regulares. Colmena. Sociedad disciplinaria.
Más acá, barrotes anchos: los agarra fuertemente.
La vista perdida en el secano de los montes cercanos. Libertad soñada, es una larga pesadilla.
Recogió una cucharilla, amoniaco y la dosis, que un funcionario le pasó haciendo de correo entre su mujer y él, por un “módico” precio.
Rincón de la celda. Mechero. Jeringa hipoalergénica, usada mil y una veces. Tiene ya el virus.
Era sólo un pequeño delincuente al entrar. Un coche, un arrebato de locura y por la velocidad una mujer y su carrito que vuelan por los aires.
Allí en el estrado la jueza sí parece superior, aunque es menuda, morena y de blanca tez. Intenta ser indulgente y clemente pero, ya se sabe, el imperio de la ley, el código y su abogado de oficio...
Burbujas en su mente y en la cucharilla, ya está hecha la base. Goma. Se aprieta la pantorrilla. Endeble, gris y corta aparece una vena no demasiado tullida.
Émbolo hacia arriba y la jeringa, en un tiempo hipoalergénica, inspira, absorbe el líquido.
No piensa. El hierro penetra la negruzca y endurecida piel y vomita la jeringuilla el turbio mejunje. Placer, alivio. Dolor, mucho dolor. Convulsiones. Sangre en la nariz y espumarajos blancos en la boca. Dolor, mucho dolor. Y después no hubo nada.
Sólo soñaba con salir. Sol rabiosamente flameante. Cielo azul límpido.
Habrá una investigación oficial. Sí, ya...

1 comentario:

  1. "UF!!cuántas veces quise ver algo así...no por morbosa, sino por cierta vez que imaginé y escribí algo de "ello" que me quedó marcado siempre,casi hasta el día de hoy.."

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