Soy
el mejor portero del barrio. Soy el mejor portero del barrio, no paraba de
decir y repetir a todo el mundo con el que me cruzaba. Padres y madres de mis
amigos me miraban extrañados. Llevaba medio cuerpo y cara amarillos de la
tierra de albero con la que estaba cubierto el jardín, las rodillas medio
desolladas, pero aquella tarde había hecho paradas antológicas, estiradas
increíbles (esto lo decían mucho por la radio) y había mantenido mi meta a
cero, a pesar de que el equipo del Pigüi era mucho mejor que el nuestro.
Pigüi
era un chico desgarbado que vivía en unos pisos de militares que había cerca de
nuestro edificio. Siempre que bajaba a jugar lo hacía con su camiseta de
Arconada. Parecía un pajarillo (creo que era por su nariz picuda) y había
elegido ser portero, el más ingrato de los trabajos de un equipo. Sería el
mejor del barrio. Hasta aquella tarde.
Dos
a cero y la sensación de ser imbatible, el mejor portero del mundo. Sobre todo
cuando el Pigüi se acercó y me dijo que ahora sí que podía ir diciendo por el
barrio que yo era el número uno.
Ese duelo con el sol de
verano cayendo con lentitud sobre la ciudad hizo que en todos los partidos que
hubo después, todos los equipos del barrio quisieran ficharme para jugar con
ellos. Yo no quise, fui en todos con mis amigos, todas las demás tardes, todos
los demás días de ese verano, porque el mundo era ese lugar redondo como la
pelota oficial con la que pasábamos las horas. No existía nada más, bueno sí,
el hambre con la que luego subíamos a casa a cenar el bocadillo.
Más en donde Censuras
Más en donde Censuras
Siempre he pensado (nada importante, no temas) que todo ser humano debería tener el derecho de hacer un gol de media cancha, alguna vez en su vida (o atajar un penal, si elige o lo eligen arquero, vaya... "portero"). Sentirse campeón por un día: imbatible. En fin, con tu relato, donde ese duelo entre escritor y palabras nos hace disfrutar de tantas emociones que se encierran en el día de sol y juego, me vino a la mente ese pensamiento: sí todos deberíamos tener el derecho de vivir el momento donde el mundo se apaga y solo brilla la felicidad..
ResponderEliminarDebió de ser especial, superar al que era considerado el mejor. Quien demostró ser buen deportista-
ResponderEliminarBien contado.
Preciosa historia de inocencia y orgullo infantil, donde las cosas realmente importantes ocupaban el rol que merecían! Un abrazo
ResponderEliminarDebe ser algo asi como sentirse un heroe, yo no entiendo mucho de futbol, pero veia a los chicos que lo daban todo por el balón. Preciosos recuerdos que aun conservas con orgullo, besos.
ResponderEliminarQue ternura la de ese niño,que orgullo de ser "grande" pero seguir fiel a sus amigos de siempre, a su parcela de calle, de sueños...
ResponderEliminarUn beso
Bueno, decidió quedarse con sus amigos y no ser el más grande, eso es valorar la amistad.
ResponderEliminarUna historia preciosa donde la inocencia es la protagonista.
Un abrazo
Muy aleccionadora tu historia. Con lo orgulloso que se enntia tu personaje, no quiere aprovecharse de aquel éxito y le cede ganerosamente el título de mejor portero a su amigo. Ejemplar. Y estas reacciones escasean. Recibe un abrazo entrañable.
ResponderEliminarLegítimo orgullo por el trabajo bien hecho. Me gusta ese sentimiento de pertenencia a un grupo, el de sus amigos, por encima de las lógicas aspiraciones a triunfar en los mejores equipos. Me ha encantado tu relato.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Debe de ser una sensación indescriptible,casi la misma que sentí yo cuando le gané al Anselmo aquella partida de canicas antológica (y completamente inventada je,je)con la que yo he participado. Lo importante es lo orgulloso de ti mismo que te sentías y que a pesar de todo el éxito no se te subió a la cabeza (menos mal, tal vez hubieras sido una gran estrella del fútbol y no te dedicarías a escribir). Me ha gustado mucho.
ResponderEliminarUn beso
Encantador relato. De admirar la decision de tu protagonista, que después de derrotar al mejor, quiso seguir muy fiel a sus amiguitos. !Bravo!
ResponderEliminarBso
He visto a ese niño portero disfrutar y sentir su orgullo de ser el primero, de arrebatar ese honor a otro chico siempre ganador,pero que tierno y que fiel a sus amigos de siempre. Me encanto este juego tuyo Max.
ResponderEliminarUn abrazo.
Momento de gloria y más aún siendo coherente consigo mismo de ese portero mejor que Arconada y Pigüi.
ResponderEliminarUn abrazo.
Muy bien narrado y la historia me ha encantado. Mi hijo siempre juega de portero y varios equipos de chavales le llaman para jugar. No sé si habrá tenido su momento de orgullo porque es tan callado que nunca comenta sus cosas.
ResponderEliminarUn abrazo.