24 noviembre 2005

El sombrero de copa

Y un día se cansó de estar encerrado en su brillante caracola, se cansó de no poder cantar, y soñar realidades ajenas. Cambió la caracola por un paraguas de colores y un sombrero de copa y se lanzó a los caminos. Los sentimientos eran los mismos pero cambiaron de ubicación en el corazón. Al salir de la caracola le dolieron un poco los ojos de la luz, pero abierto el paraguas de colores, ya nada podía pasarle; pasaron las tormentas, llegó a gustarle su reflejo en los charcos y las mil tierras que descubrió. Destilaba almirabada prosa de enamorado, mezclaba versos y adornaba letras; se volvió dulce su mirada, tímida su sonrisa y supo por fin lo que es ser besado de verdad.

6 comentarios:

Eowin dijo...

Que bonito relato y que bonita metáfora, algún día todos saldremos de nuestras caracolas y nos iremos a descubrir mundos.

gaviolas dijo...

Hola hola caracola. Enhorabuena por el blog

Mónica dijo...

Ciao Max,

Entrañable, optimista, valiente, fresco y bello.

Un saludo,

Mónica

Cascabel dijo...

no s.e por que me daba la impresion de estar leyendo versos... ;) bonita historia. Muy valiente era el caracol para cambiar de vida. Supongo que este caracol y yo somos la prueba de que arriesgarse y seguir adelante sin mirar el miedo.. es magico. El esfuerzo mereció la pena.

Max Estrella dijo...

saltar por encima del miedo,amiga Cascabel no solo es mágico sino que nos hace grandes.quizás todos nos parezcamos al ¿caracol? de la postal...o quizás no era un caracol sino una persona de carne y hueso.
gracias por vuestras visitas,nos seguimos leyendo

Gata Chata dijo...

DIONISIO. Echa tu cabeza sobre mi hombro... Duerme junto a mí...
PAULA. (Lo hace.) Bésame, Dionisio. (Se besan.) ¿Tu novia nunca te besa...?
DIONISIO. No.
PAULA. ¿Por qué?
DIONISIO. No puede hasta que se case...
PAULA. Pero ¿ni una vez siquiera?
DIONISIO. No, no. Ni una vez siquiera. Dice que no puede.
PAULA. Pobre muchacha, ¿verdad? Por eso tiene los ojos tan tristes... (Pausa.) ¡Bésame otra vez, Dionisio...!
DIONISIO. (La besa nuevamente.) ¡Paula! ¡Yo no me quiero casar! ¡Es una tontería! ¡Ya nunca sería feliz! Unas horas solamente todo me lo han cambiado... Pensé salir de aquí hacia el camino de la felicidad y voy a salir hacia el camino de la ñoñería y de la hiperclorhidria...
PAULA. ¿Qué es la hiperclorhidria?
DIONISIO. No sé, pero debe de ser algo imponente... ¡Vamos a marcharnos juntos...! ¡Dime que me quieres, Paula!(...)

Siento la parrafada, pero me recordó a mi obra preferida.

Un besito, si con un beso nos cambia la vida.