23 marzo 2018

Este Jueves, Relato: Juegos y Juguetes

Esta semana nos invita Dorotea a jugar en su convocatoria, así que ahí va mi participación...






Al final todos acaban rompiéndose. A uno que se le sale un brazo. A otro que se le rompe una pierna. Se les ensucia la cara y se le enmarañan los pelos hasta parecer estropajos. Y termino aburriéndome de jugar con ellos.

Al principio era divertido, por la novedad, supongo. Y porque hay algunos muy bonitos, como nuevos, apenas sin usar. Además antes duraban más. Eran mejores, ahora apenas hay alguno que balbucea un poco, o que llora o echa salivita por la boca que luego hay que limpiarle. Y darles de comer y beber. Todo un incordio.

Luego está dónde los guardas cuando ya no te sirven o están totalmente rotos. Cuando tienes una casa grande, vale, pero cuando no, ¿qué haces con ellos?

Dicen que una persona se hace mayor cuando deja de jugar, pues bien, yo creo que he alcanzado ese punto. Ya no me gusta jugar. Me aburre jugar ya. Me hago mayor. Ley de vida, dicen también. Puede ser. Todo puede ser.

25 febrero 2018

Este Jueves, Relato: Cuaresma. Cierre de Convocatoria

Pues ha llegado el domingo de cierre. Nada más me queda agradecer a los jueveros participantes y lectores, su generosidad al haber aceptado el reto de participar con un tema que, quizás, era complicado. Pero bueno, somos escritores, ¿verdad? Ha sido un placer coordinar este jueves. Ahora paso los trastos a Ainoa Bravo Rodríguez para el próximo jueves. 
¡Nos vemos en las letras!

Este Jueves, Relato: Cuaresma

Pues con esto de ser coordinador, me permito una pequeña licencia y es la de colgar mi colaboración la última y un poco tarde, pero es que he andado bastante escaso de tiempo. Espero sepan disculparme. Ahí va.

Me llamo Cuaresma. Debo mi nombre a la religiosidad de mis padres. Debí nacer en esa época antes de la Semana Santa. No estoy bautizado porque en M. durante la cuaresma no se hacían ceremonias. No había bodas ni bautizos. Entierros supongo que sí. Solo había una misa al día. La de las ocho de la tarde y no la anunciaba la campana de la iglesia, sino que pasaba por las calles una comitiva de ancianas de luto con una carraca y a su paso, iban saliendo los vecinos y se unían a este fúnebre cortejo. Desde la ventana de la sala, apagábamos la luz y mirábamos por la ventana alumbrados solo por el cabo de una vela detrás del visillo. Los niños no podíamos salir desde que caía el sol, hasta la mañana siguiente en que íbamos al colegio. Y así durante cuarenta días, aunque en realidad se podría decir que todos los días eran así, porque como saben M. es un pueblo maldito.

Por eso nos vinimos a la ciudad, con sus ruidos y sus coches, y sus humos, sus tiendas, sus neones, cafeterías bares y casas de apuestas, cines y todo lo demás. Por eso mamá no nos deja salir tampoco aquí. Al regresar del colegio por la tarde, ya no salimos salvo para ir a misa a la parroquia del barrio. Todos los días. Hacemos todo lo mismo como cuando estábamos en M. A veces me acuerdo y pienso que algo del pueblo nos debimos traer pegado a la ropa, el olor quizás. O alguna parte de ese viento seco, mefítico y amarillo que recorría las calles por la noche. Lo oíamos desde la cama golpear las contraventanas. 

Ahora en la ciudad casi no se oye nada. Si acaso un ruido sordo y continuo de tráfico, alguna sirena. Aquí también está todo muy muerto, quizás maldito, pero de otra manera

18 febrero 2018

Este Jueves: Relato. Convocatoria


Resultado de imagen de Cuaresma


Para bien o para mal, en nuestro mundo occidental vivimos inmersos en la cultura cristiana y el pasado miércoles día 14 (también día de los enamorados) comenzó para los cristianos la Cuaresma con el llamado miércoles de Ceniza. 
Si ponemos Cuaresma en San Google, esto es lo que nos sale: 

"Período de cuarenta y seis días, desde el miércoles de ceniza hasta la víspera del domingo de Resurrección, en el cual algunas iglesias cristianas preceptúan ciertos días de ayuno y penitencia en memoria de los cuarenta que ayunó Jesús en el desierto."

Pues bien, sobre eso va la convocatoria de esta semana, sobre la Cuaresma, historias de Cuaresma, que tengan que ver con la Cuaresma, cuarenta días. Da igual a los efectos jueveros si son cristianos o no, creyentes o no, porque la historia de Cuaresma, se puede contar desde dentro de la cultura cristiana o desde fuera de ella. Vale cualquier aspecto, de la Cuaresma. Les espero a partir del miércoles y hasta el sábado. Que los hados, las musas o los dioses les sean propicios. Pueden utilizar la imagen que prefieran para ilustrar su relato y, por supuesto, no olviden las normas generales

20 enero 2018

Este Jueves, Relato: Detrás de la máscara

Esta semana es Roxana la que nos invita a su blog para que escribamos sobre máscaras...¡Ahí va mi participación.

¿Cómo la describiría? No sé. Tiene el pelo castaño nº 5 de Loreal. Soy peluquero aquí al lado, por eso lo sé. Y cardado de manera que le va tapando los huecos que se le ven. Es muy mayor y lleva la mandíbula abierta. Repetía con un movimiento involuntario de la boca las conversaciones que va oyendo por la calle. Es como si absorbiera palabras de otros. Llevaba un abrigo marrón, largo, elegante, de grandes botones también marrones pero claros. Los zapatos, la verdad es que no se los miré, pero a esas edades, seguro que uno cómodo de polipiel y de medio tacón. Llevaba gafas, sí. Un poco cuadradas.

La vi por la calle que va al ambulatorio empujando la silla de su marido. Resoplaba, sí, resoplaba. Supuse que iría al médico a alguna revisión o a por las recetas para los medicamentos. Muchos días también los veo a los dos que van por esa calle, pero para el otro lado, camino a la estación. Aparca a su marido al pie de la vía y ella se sienta en el banco de piedra. Al sol dorado de la tarde. Están adorables. Ella es adorable. Él no tanto. Ya no pasa nada más que el regional dos veces al día, pero por la zona va mucha gente a correr y personas a andar. ¿De verdad piensa que…? ¿Ella? No. No me lo creo…   

05 enero 2018

Este Jueves: Relato. Un giro inesperado

En la primera convocatoria del año, nos invita Pepe a escribir un relato con giro inesperado. Pues ahí va mi aportación y, desde el diario del bufón mis mejores deseos para este año que comienza...que los hados nos sean favorables.

¿Seguro que es por aquí, papá?

Seguro. Tranquilos, que papá sabe por dónde va.

Pero es que este camino cada vez se aleja más de la playa. Cada vez el mar se ve más lejos y nos estamos asando en el coche.

Sí. Hace mucho calor.

Tranquilos, chicos que ahora tiene que salir por aquí un camino a la derecha que nos llevará derechitos a la playa, ¿veis?

La mirada de mamá que sabía que estábamos perdidos. El camino que salía a la derecha que era un auténtico pedregal. Las ruedas del coche que dejan de tocar el suelo. Los gritos. Las manos que se agarran donde pueden. Muecas petrificadas.


El silencio. Una cigarra que retoma su canto seco de verano.

01 diciembre 2017

Este Jueves Relato: Fantasía Oscura

Esta semana nos invita Manifestkan a escribir sobre fantasías oscuras...no sé si habré cumplido, pero ahí va mi relato...

Día 3.

La pierna ha empezado a picarme. Tengo una ligera hinchazón a la altura del gemelo. Me he aplicado la pomada que hay en el botiquín para estos casos. A ver si así se me pasa.
Día 4.

He amanecido con el gemelo totalmente rojo y no recuerdo de por qué ha podido ser…La pomada no ha funcionado y empiezo a notar una descamación de la piel. Poco a poco se va poniendo blanca. Y ese olor amarillo. Empiezo a no soportarme. Fuera de la base sigue nevando. Tengo hambre. Mucha hambre a todas horas. Los compañeros que han salido a hacer los experimentos aún no han vuelto.

23:00 horas GMT: empiezo a tener fiebre y veo borroso. Tomo más pastillas del botiquín y agua y latas. No tengo ganas de recogerlas y ahora desde la litera las veo esparcidas por el suelo. Sigo teniendo mucha hambre. Me duele la piel. La pomada se ha agotado…

Día 6. Sigo solo. No sé dónde se han metido los compañeros. No recuerdo que llegaran pero veo sus mochilas apiladas junto a la puerta. Hoy tengo más fuerza. La descamación se ha extendido por todo el cuerpo. Me asomo al ventanuco y siguen el viento y la nieve. Empiezo a temer que hayan muerto y no traigan las muestras. No soporto mi olor. Huele a carne y me da hambre. Hay también un ferroso olor a sangre que me hace salivar.

Día 8. El cuerpo sigue rojo y descamado. Nada funciona. Tengo calor. Tengo hambre. Siento que no soy yo. La radio no funciona por culpa de la tormenta. En el suelo además de las latas, ahora también están esparcidas las muestras y los experimentos con los que estábamos ocupados. Hay líquidos que no reconozco. Y ese olor ferroso, empiezo a odiarlo, aunque me abre el apetito. Tengo hambre, mucha hambre a todas horas. ¿Estarán intentando contactar desde el exterior? Mejor que no venga nadie ahora, mejor…


29 septiembre 2017

Este Jueves, Relato: Música Maestro

Este jueves nos invita Roxana a escribir un relato con "elemento" musical...pues ahí va el mío...


Ave María Purísima

Sin pecado concebida

Dime hijo, ¿cuáles son tus pecados?

Pues verá, padre,

¿Padre López?

Sí. Soy yo. Lo he vuelto a hacer. Y lo peor es que a estas alturas no sé si puedo parar.

El párroco de San Miguel, salió del confesionario e indicó al padre López que lo acompañase. Cogidos del brazo recorrieron la nave central de la iglesia. Sonaba bajito un kyrie y dos beatas bisbiseaban. Se quedaron los dos un buen rato mirando a San Miguel Arcángel, espada en alto y con el mal vencido a sus pies. El viejo párroco le dio su bendición y el padre López, salió de la parroquia confesado y perdonado, como cada miércoles.  
Se arrebujó en el abrigo y salió para casa. Por la mañana temprano tenía un encargo.  
Ese jueves amaneció frío. Se puso el chándal y debajo la camiseta térmica. Apenas había salido el sol, cuando el padre López estaba ya apostado en la terraza con el arma montada. Respiró profundamente y se sopló las manos. Se colocó los auriculares inalámbricos y seleccionó el Requiem de Mozart en el Iphone. La música lo ayudaba a concentrarse y evitaba que oyera el silbido de la bala. La primera vez, se había puesto la versión de Carusso que cantó Pavarotti, pero lo ponía muy triste. Con esa canción lloraba después de cada disparo. Así que no la volvió a utilizar.
El objetivo puso un pie en la acera justo cuando comenzaba el Dies Irae. Un suave toque con el dedo índice y listo. Bajó la cabeza y suspiró. Ya no lloraba. La justicia divina es lo que tiene.
Al bajar a la calle ya se había formado el típico revuelo de siempre en estos casos, pero nadie había visto ni oído nada. Era muy temprano. El padre López, se santiguó al pasar por la acera de enfrente y continuó camino de casa. Terminaba de sonar en sus auriculares, el Confutatis del Requiem. Repitió mentalmente sus versos, mientras preparaba el desayuno antes de comenzar, ahora sí, con otras cosas.  


08 septiembre 2017

Este Jueves, Relato: Héroes, Heroínas y similares

Esta semana nos propone nuestro compañero Ibso que hablemos sobre héroes y demás. Allí podréis encontrar más participaciones. Aquí os dejo la mía.

Limpiar el polvo de la casa. Ir a la compra porque hacen falta bebidas para la barbacoa del fin de semana. Después ir a por los niños al colegio. Comida y actividades extraescolares: baloncesto la niña y música el niño. Ya después los recoge Jennifer.

No está mal para un miércoles cualquiera, pensó Bruce. Esa fue la última lista de tareas del día que apuntó en su libreta antes del holocausto final que vendría después.

Desde hacía unos diez años, Bruce, Bruce Wayne, se levantaba por las mañanas, preparaba el desayuno para Jennifer y los niños y los despedía en la puerta cuando cogían el autobús para el colegio y el coche para ir a trabajar. Jennifer trabajaba de fiscal en la Corte Superior de Gotham, tenía un buen sueldo con el que podía mantener a su familia. Una vez eliminado Joker, El Pingüino, Espantapájaros, Blackmask y todos los demás, acordaron que Bruce se quedaría en casa. Si alguna vez lo llamaban de la alcaldía, podría continuar con las actividades que había estado realizando. No hizo falta: la guerra con Corea, con Siria, las revueltas africanas y la invasión rusa de China, tenían entretenidos a los villanos.

Aunque salía a correr y hacía pesas, había cogido unos kilitos y perdido agilidad. No era el de antes, los cuarenta se notaban en todo. Jennifer era comprensiva y no hablaban mucho sobre el tema, pero…

Así que cuando aquel último villano, salido de no se sabía dónde, se dispuso a destruir Gotham y después el resto de Estados Unidos para gobernar el mundo libre, Bruce no pudo hacer nada en absoluto para evitar el desastre. Todo lo demás que ocurrió desde entonces es de sobra conocido.

07 julio 2017

Este Jueves, Relato: Juegos y Juguetes

Este jueves-viernes nos invita Molí del Canyer a jugar (en el enlace están los participantes). Así que, después de mucho tiempo sin participar, me animo y les iré comentando según pueda...además me he pasado un poco de palabras, espero sepan disculparme...

Las dos niñas de la casa del final de la calle nunca jugaban con nosotros. Nunca o casi nunca salían. Perico que era el que sabía de todo esto, decía que eran deformes y por eso su madre no las sacaba por el pueblo, que las tenía vestidas de negro y que llevaban una de esas cosas para la columna que te estiran el cuello como una jirafa.
No nos gustaba acercarnos a la portada de madera de la casa ni a la puerta en la que el único movimiento era el de una cortinilla de macarrones que tenían para que no entrasen las moscas. Cuando jugábamos al fútbol y se nos escapaba la pelota íbamos a recogerla y volvíamos corriendo por si acaso. Yo creo que alguna vez las vi asomadas a las ventanas del piso de arriba, largas y delgadas.  Estarían tristes, pensábamos, sin poder jugar, todo el día en su casa, rezando y comiendo y durmiendo. Porque tampoco iban al colegio. Ni siquiera a misa. Don Severiano, el maestro, siempre decía que sentía pena por aquellas criaturas y que ellas no tenían culpa.
Nosotros no sabíamos. Quizás nuestros padres supieran, porque nos decían que no jugáramos al final de la calle. Así que nosotros, más por miedo que por otra cosa, apenas nos acercábamos. Bueno, menos Perico y Juan que a veces nos decían que las habían visto detrás de los cristales oscuros y que tenían los ojos negros. Y se acercaban y movían la cortina de macarrones o tocaban en la puerta y salían corriendo. Aparecía entonces una vieja, muy vieja para ser madre, y nos gritaba que los dejásemos en paz. Perico y Juan volvían muertos de la risa o del miedo. Y las dos niñas arriba, mirando muertas, de envidia o de rencor como el resto del mundo jugaba y corría. Y ellas llevando su cruz negra. O morada, como la que una mañana apareció enorme pintada en su fachada blanca, apenas un juego macabro.
Quizás salieron de madrugada. Nada oímos. Apenas el ruido de un motor que chisporroteaba alejándose. Los balonazos siguieron sonando en el callejón. Perico y Juan tocando la puerta. Pero nada. Silencio solo roto por el balanceo plástico de la cortina seca. Y arriba quizás (solo quizás) la mirada negra de las dos criaturas tras los cristales.