18 marzo 2016

Este Jueves Relato: Slogan: Brown Sugar

Este jueves nos invita Cas  en su recuncho a hablar, escribir y dar vida a las fotos que forman parte de la convocatoria. Llevo tiempo sin escribir y no podía dejar de estar...Gracias. Ahí va lo mío...

Le eché una última mirada antes de torcer a la izquierda y verlo por última vez para siempre. Era lógico. Él se quedaría allí casi tan petrificado como la flor que adornaba las columnas del edificio en el que pedía limosna en la puerta. Yo esa misma tarde, cogería un tren que me llevaría al medio oeste en busca de más fortuna de la que había encontrado en la ciudad del viento. Y es que las ciudades con viento siempre están malditas.

Al pasar a su lado llamó mi atención alabando los zapatos italianos que llevaba. Me hizo gracia y me giré. Rebusqué en el bolsillo y encontré un billete de cinco. Pero te lo has de ganar, le dije. La palabra ganar le sonó rara, hacía mucho tiempo que no ganaba a nada. Cuéntame algo, le insistí. Se puso a pensar. Y me habló de Tammy, aunque él la llamaba Brown Sugar, como la canción de los Rollings. Tammy era una negra exuberante, de grandes ojos, piernas interminables y una amplísima cadera que le gustaba coger cuando, al ritmo de esa canción, cabalgaba sobre él. Trabajaba de azafata para la Panam. Por suerte, nada más que hacía viajes interiores pero eso implicaba también pasar semanas fuera, aunque luego los reencuentros eran grandiosos. Él pasaba el tiempo con algún trabajo de mierda y siempre temporal.

Con Tammy empezó todo y, cuando se fue, terminó todo. Negro y soñador, ¿pero en qué coño estaba pensando? En nada, probablemente en nada, tenía muchos proyectos que no habían salido. Punto. Lo importante es luchar por tus sueños, ¿no? Así podrás aspirar a más. Aquella tarde, Brown Sugar le dejó muy claro que aspiraba a más. Después de ese polvazo, se vistió. Recogió su bolso. Se retocó un poco el rimmel y el brillo de los labios y salió del apartamento con un portazo. Sonaban los Rollings y él se quedó sentado en la cama tal y como ahora lo estaba en la calle. Todos evolucionamos, muchacho, me dijo.

Te los has ganado, saqué diez dólares e, incrédulo como todos, seguí mi camino.  

15 comentarios:

Montserrat Sala dijo...

Hola Max: que bueno verte por los blogs otra vez. Explicando este relato que la vez te habia explicado aquel hombre que se apoyaba en la columna del edificio, pensaba que hay hombres de una sola mujer. La azafata lo veria muy predispuesto, a vaguear, y se alejó ee él. No se le ocurrió que pasada la maldita crisis, podia encontrar un buen empleo y tener una vida llena de amor y de felicidad. Y actuando de esta manera,lo echó todo por la borda.

saludos muy afectuosos

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Diferentes prioridades marcan los fines de historia. De casi todas, como ésta que has imaginado y tan bien nos cuentas.
Un abrazo y me alegra tu retorno a los jueves!
=)

Yessy kan dijo...

Muy bien ganados esos diez dólares, y para ti kudos por la creación tan original que has visualizado de la imagen. Debería también evolucionar, todo ser humano tiene el albedrío de hacerlo.
Beso

censurasigloXXI dijo...

Pues yo no lo he entendido, será que me falta café...

Un abrazo, compañero.

casss dijo...

Sí, la imagen da tiempos de trabajar en Panam... El relato está impregnado de lo que sentí al tomar la fotografía (tengo que agradecer que te hayan gustado tanto). Te has ganado más que cinco dólares escribiendo este texto y te felicito por ello.

un gran abrazo Max y qué gusto fue verte en mi balcón.

Carmen Andújar dijo...

Una historia muy original, que, ¿Quiên sabe? Bien pudo ser así la vida de este hombre.
Un abrazo

MOLÍ DEL CANYER dijo...

Y es que hay quien se contenta con solo ver la vida pasar a su alrededor, no son perdedores es otra forma de percibir la vida, dejar que el agua corra....Besos.

Pepe dijo...

A veces una etapa de nuestra vida nos marca de tal manera, que cambia nuestro rumbo para siempre. Ahora, a la orilla de la vida deja pasar el tiempo, varado al recuerdo de un gran amor, sin capacidad para reaccionar.
Un abrazo.

Diva de noche dijo...

Yo no te daría 10 por este relato...seguro que te daba hasta la tarjeta (lo que una es capaz de decir cuando lee algo tan delicioso como ese escrito...)
Pero es verdad...lo has contado de una manera que no se siente el tiempo y si las ganas de saber que paso con la chica..regresó? donde va él?...pues nada..a evolucionar e imagiunar el final propio...
Bss...otra vez se cumple el dicho que lo bueno se hace esperar..

Pablo Paf dijo...

Hola; qué misterioso ese personaje, Brown Sugar. Es el pistoletazo de salida de una historia que luego uno saborea una vez tras otra. Saludos. Pablo.

Alma Baires dijo...

Si uno ha de volver, ¿qué mejor que hacerlo de este modo?
Un relato estupendo, genial... como los tuyos. Que hacer volar la imaginación, y la foto tiene movimiento y música.
Te felicito Max, un beso.

* dijo...

Cuando alguien se besa la mano, su pensamiento está muy lejos de ahí... Para los demás puede ser introspección, para otros un área de libertad.
Nunca se pierde cuando está el deseo de ganar. Unos lo hacen con dignidad y otros se aprovechan de ella.
Pero una cosa está clara, que una vez que estás abajo solo queda subir.

Un beso enorme.

rosa_desastre dijo...

Interrogantes después de doblar la esquina, destino abierto como las calles donde el aire transita maldiciendo. Que preciosidad de relato, amigo.
Besos

María Perlada dijo...

Me encantó tu relato juevero, tu imaginación voló alto con la imagen.

Un besazo.

Noa dijo...

Creí haberte escrito ya... . Pero no, era a otra persona que usó la misma imagen.

Buen texto,

Noa