20 enero 2007

Croquerie

Miriam estaba harta de la felicidad con que los clientes de la bocatería le pedían que le agregara más salsa tártara a las baguettes rellenas (por decir algo) con una lámina de salmón ahumado. Las mismas baguettes artesanales que había descongelado esa misma mañana. Y al salir de trabajar a casa a levantar del sofá a un marido que hacía todo lo posible por despreciarla. O, si era los jueves que libraba, a tomar un café furtivo con un amante que hacía tiempo había dejado de serlo; concretamente desde la última promesa de abandonar a su mujer que le había hecho. "Convéncete, nunca dejan a sus mujeres. Hasta que no hay algo seguro o los mandan a la rúa, no dan el salto". (Consejo de Rita en la anterior pausa para el café). Sí, son unos miserables.
Es sábado, tiene la mirada perdida, en la puerta trasera del local del centro comercial, Miriam, apura su Chester. La ley anti-tabaco crea soledades de humo ante las puertas de los sitios. Se pone el gorrete verde, se alisa el pelo y, preciosa como es, pasa con la mejor de sus sonrisas a atender a niños sonrientes ávidos de sandwiches con salsas para merendar. "El cliente ha de sentirse único" (recomendación-orden de su jefa-encargada); como nada lo es en este mundo. En fin, en otra vida será. De todos modos, tras el mostrador de cristal, ha sonreído y ha preparado un gran bocata para la merienda de su hijo que ha aparecido por allí. Ha sacado su misma sonrisa franca, ese sí va a disfrutar.

12 comentarios:

la luz tenue dijo...

Todas las vidas son así. En todas hay poesía, solo hay que rascar en la superficie.
Parece que veo a Miriam, sé cómo es su cara, adivino sus gestos. Precioso el texto.

La hormiguita dijo...

Me encanta el relato. Como la vida.

aminuscula dijo...

Me gusta como escribes. Voy a seguir husmeando por aqui...

M.Tuent dijo...

Ciao,

Pobre Miriam, espero que no acabe como 'Cruz de Navajas' me hizo pensar en la canción. Ultimamente no paro de comparar la vida o escritos con canciones...
Cada día escribes mejor, espero Max que estés apostando por retos más fuertes, ya me entiendes: novela.
Un beso,

Mónica dijo...

La de antes era yo, esta nueva versión de blogger me está volviendo loca, y ha cogido mi otra cuenta de correo.

ciao!

Max Estrella dijo...

Gracias por las visitas...
Hormiguita,como verá me he decidido a enlazarla para tener mejor acceso a su blog.
aminuscula,bienvenida,espero que se encuentre cómoda y se quede por estos lares.
Mónica,encantado con sus visitas,con la opinión y el halago,máxime viniendo de una escritora...quizá lo intente con algo más largo,aunque me da la impresión de que es algo intuitivo,que ha de salir...
Besos

Prismatico dijo...

es como cuando dos burbujas chocan y forman una!! o no

MENS REA dijo...

Cuando ves en los demás una felicidad sencilla, siempre se nos despierta una sonrisa, aunque por dentro nosotros no paremos de llorar.

Saludos.

Tanhäuser dijo...

Qué bonito. Dan ganas de ir a comprarle un bocadillo a Miriam, pero de salmón, para que no tenga que añadir más salsa. Uno de chorizo ibérico, que rezume alegría.

Antonia Romero dijo...

Qué cruel resulta la sonrisa en el otro cuando no tienes mucho por lo que sonreír.
Buen relato.

Saludos

Tana dijo...

"La ley anti-tabaco crea soledades de humo ante las puertas de los sitios". ¡Me encanta, Max! Como siempre... Un besote enorme!!

Max Estrella dijo...

Uyyy...cuánto bueno por este relato.
Bienvenido prismatico,espero poder contarle entre mis lectores habituales,será un verdadero placer.
Gracias por la visita Antonia Romero,la verdad es que en más de una ocasión me he asomado a su blog pero nunca he traspasado esa barrera del comentario,quizá ahora me anime.
Tanhauser,bienvenido de nuevo,ya le echabamos de menos.
Tana,qué bien que has pasado por aquí...me encanta tu reincorporación...gracias siempre por leerme y por tus comentarios.
Bicos