25 febrero 2018

Este Jueves, Relato: Cuaresma

Pues con esto de ser coordinador, me permito una pequeña licencia y es la de colgar mi colaboración la última y un poco tarde, pero es que he andado bastante escaso de tiempo. Espero sepan disculparme. Ahí va.

Me llamo Cuaresma. Debo mi nombre a la religiosidad de mis padres. Debí nacer en esa época antes de la Semana Santa. No estoy bautizado porque en M. durante la cuaresma no se hacían ceremonias. No había bodas ni bautizos. Entierros supongo que sí. Solo había una misa al día. La de las ocho de la tarde y no la anunciaba la campana de la iglesia, sino que pasaba por las calles una comitiva de ancianas de luto con una carraca y a su paso, iban saliendo los vecinos y se unían a este fúnebre cortejo. Desde la ventana de la sala, apagábamos la luz y mirábamos por la ventana alumbrados solo por el cabo de una vela detrás del visillo. Los niños no podíamos salir desde que caía el sol, hasta la mañana siguiente en que íbamos al colegio. Y así durante cuarenta días, aunque en realidad se podría decir que todos los días eran así, porque como saben M. es un pueblo maldito.

Por eso nos vinimos a la ciudad, con sus ruidos y sus coches, y sus humos, sus tiendas, sus neones, cafeterías bares y casas de apuestas, cines y todo lo demás. Por eso mamá no nos deja salir tampoco aquí. Al regresar del colegio por la tarde, ya no salimos salvo para ir a misa a la parroquia del barrio. Todos los días. Hacemos todo lo mismo como cuando estábamos en M. A veces me acuerdo y pienso que algo del pueblo nos debimos traer pegado a la ropa, el olor quizás. O alguna parte de ese viento seco, mefítico y amarillo que recorría las calles por la noche. Lo oíamos desde la cama golpear las contraventanas. 

Ahora en la ciudad casi no se oye nada. Si acaso un ruido sordo y continuo de tráfico, alguna sirena. Aquí también está todo muy muerto, quizás maldito, pero de otra manera

5 comentarios:

Marian Navarro dijo...

El mal fario que se llama... si se tiene, se tiene, y no hay forma de huir de él (para eso está la otra vida, si la hay). :)

Campirela_ dijo...

Buenas noches , ya d entrad poner a una criatura Cuaresma hay que ver ... pero en fin le dejaron estigmas para toda su vida ... y desde luego el cambio en este caso no fue muy alentador , al menos en pueblo el repíquetear de las campanas es mejor sonido que el claxon de los coche.
Un abrazo y feliz semana.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Hola, perdón por la demora en leerte. Recién caigo en la cuenta que habías publicado. Un relato ambientado en un clima opresivo y castrador, cosa que en otros tiempos era lo habitual en cuaresma, como si el espíritu cristiano del momento tuviese que ver con el castigo en vez del recogimiento meditativo. Creo que por el contrario, la cuaresma tiene que ver con la depuración interior preparándose para la vida plena, nunca la muerte. Un abrazo 😊

Mag dijo...

Solemos atrapar al espíritu en nombres que no visten en realidad los sentimientos. Hacían pagar las culpas antes de cometerlas, como por si acaso...
Creyente o no, fuera o no de las fechas, somos nosotros mismos y nuestras conciencias.

Por cierto, Cuaresma no me parece un nombre tan feo para mujer :-)
Un beso y gracias por tu aporte :-)
Nos vamos leyendo.

Montserrat Sala dijo...

HE tardado un poco en leerte porque casualmente, yo he tenido una semana santa movidita. Me ha parecido tu entrada muy decriptiva con un acento de pueblo que me encanta. me he metido de lleno en este ambiente tan vintage, o de época aun más lejana y he disfrutado un montón. Gracias por compartir. UN saludo.