04 agosto 2009

Ideas

Yo creo que la cosa viene de lejos, de cuando aún siendo pequeño, sus padres lo mandaban a por el vaso de Cola-Cao, al baño a orinar y a la cama. Daba igual que salieran los antedemocráticos dos rombos o no. Cuando se acercaba la hora bruja, siempre, indefectiblemente, lo mandaban a la cama o a leer.
Así fue como nunca veía en la televisión los finales de los programas, tampoco el de las películas, ni las series.
Fue así como en el cine y durante nuestra primera cita, se salió cuando a la película le restaban cinco minutos para finalizar.
Fue así como todos los guiones que escribía (porque no se si he dicho que era guionista y dramaturgo y escritor amateur) no tenían final, aparecían cortados, se precipitaban, súbitamente, en un abismo infinito.
Alguna vez me confesó que era porque estaba buscando un final distinto a todos los demás, original, prístino, que no acabara en muerte o felicidad, en tristeza o alegría...y que si, en el interín, lo que escribiera, no tenía que acabar, pues no acabaría...y así durante toda su vida...

1 comentario:

Lludria dijo...

^^ Caray... ya van saliendo esas perlicas que vas guardando entre anotaciones varias. Me encanta! Tu escribe, escribe, que nosotros lo disfrutamos! Un besazo, Max!