29 noviembre 2005

Un viaje

Se respira y se mezcla en el ambiente el tabaco, las golosinas y el olor corporal de mucha gente. Sensaciones de indiferencia, personajes anónimos que buscan con la mirada perdida algo más allá de lo que alcanza la vista. Sucios andenes, gris polución impide a la mirada volar más allá. El cielo plomizo, indefinido intenta abrirse paso entre el hormigón gris (perenne hormigón gris, eterno y sempiterno gris hormigón), gris urbano y anónimo de los muros de la estación.
Hay un ambiente apátrida, nadie es de ningún sitio, entre maletas y buscando su autobús, moros, gitanos, blancos, negros. Mestizaje.
Se intenta una huída. Ya se tiene el billete en la mano; entre códigos de referencia, número de butaca y sección de no fumadores, aparece el destino. Aqui siempre se sabe con certeza dónde se llega. Dos puntos perfectamente situables en el mapa. ¿Mapa?, que es un mapa sino un convencionalismo humano para saber que podemos ir de un sitio a otro, situarnos en el espacio: saber que existimos en algo concreto, en algún lugar.
El autobús es el transporte de las clases populares, aviones y barcos quedan para los burgueses. Son muy sofisticados, tecnificados. El autobús tiene aquel sabor añejo de España cañí, de emigración, ida a quintas, salida de provincias para estudiar. Huida en el paisaje.
Sentado en el andén espera a que llegue el autobús que, más tarde (tiene su salida prevista a las seis), le llevará a su destino. Mente en blanco. ¿Es posible no pensar?; eso parece. Solo una canción, como siempre, retoza, juguetona y se mece entre sus recuerdos e ideas. Está tranquilo.
Alguien se acerca, no levanta la cabeza, es lo cierto y él lo sabe, que va a pedirle dinero. Pone cara de no entender y fácilmente, casi imperceptiblemente se desliza la mentira a sus labios: "no, lo siento, no llevo nada". Ve alejarse al sujeto en busca de otro incauto que en el andén le de algo para no se sabe qué. Él miente, yo miento. Labios sinceros también pueden mentir: se llama reserva mental o simulación parcial.
El abandono de un sitio produce una sensación de fracaso, ¿huida hacia adelante?. Un mundo que se va, algo que se acaba, algo que empieza, metempsicosis, el círculo, tésis, antitésis, síntesis.
Es la hora. El autobús abre sus puertas, lo engulle todo maletas y personas. Cosquilleo en el estómago, toca todos los botoncitos, gira la rueda del aire acondicionado, cree controlarlo todo, pero todo funcionará cuando le dé la real gana. Humo. Puesta en marcha del motor, cosquilleo en los pies. Inicio del inicio.
Todos los asientos están ocupados: la familio con el niño, el temporero que va a la recogida del tomate, la mujer, la mujer que sola (aún no se por qué) vuelve de vacaciones, el miserable que por vida tiene un viaje, aquel niño con los auriculares, el viejo que siempre se baja antes de llegar al destino final y que habla al conductor. ¿Lo ves? El aire, la radio, la tele funcionan cuando uno menos lo espera. Estúpido video sobre las bondades del autobús que no es en el que se va montado. Se sale lenta,cansinamente de la estación, de las calles, de la ciudad. Esta queda abajo, se otean varios puentes sobre el río.
Autovía, ritmo constante, empieza la monotonía. El paisaje no es monótono: casas, casuchas, pueblos, vidas de gente, de paso. Pronto se olvidan. De repente, la llanura inmensa, verde, marrón. Un tren nos adelanta paralelo.
La lluvia comienza a caer y a golpear los cristales, es fuerte, tormenta de primavera.
Al llegar y poner un pie en otro andén, ya no recuerda nada de lo que le trajo aquí, el por qué dejo todo atrás. Toma aire profundamente y comienza a caminar hacia la salida.

24 noviembre 2005

El sombrero de copa

Y un día se cansó de estar encerrado en su brillante caracola, se cansó de no poder cantar, y soñar realidades ajenas. Cambió la caracola por un paraguas de colores y un sombrero de copa y se lanzó a los caminos. Los sentimientos eran los mismos pero cambiaron de ubicación en el corazón. Al salir de la caracola le dolieron un poco los ojos de la luz, pero abierto el paraguas de colores, ya nada podía pasarle; pasaron las tormentas, llegó a gustarle su reflejo en los charcos y las mil tierras que descubrió. Destilaba almirabada prosa de enamorado, mezclaba versos y adornaba letras; se volvió dulce su mirada, tímida su sonrisa y supo por fin lo que es ser besado de verdad.

21 noviembre 2005

20-N.....de hace 30 años,¿sigo desubicado?

Hoy todo sigue igual,nublado como ayer tarde,la gente ubicada posicionalmente en dos bandos,madridistas y barcelonistas.Además ayer,20-N se ubicaron en falangistas,franquistas,demás grupos de ultraderecha y el resto que pasaba.La verdad es que pienso que estoy desubicado,no me gusta el fútbol y del dictador,en fin para que opinar del dictador,que ya está treinta años criando malvas.Por cierto que el 20-N de hacer treinta años,yo estaba empezando a pasear por estos mundos (tenía unos meses);somos los del año 75 la primera generación de la democracia.Creo que somos una buena añada,la primera de la Constitución.¿Dónde estabas tú?

17 noviembre 2005

Manifiesto del Hombre Corriente

Señoras y señores políticos, dirigentes y líderes todos, soy el hombre corriente, aquel al que dirigen todos sus discursos, toda la retahíla de mentiras que inventan para algún otro que no soy yo. Hoy me he levantado y he caído en la cuenta de que soy la pieza más importante del engranaje, el que hace que funcionen las cosas, que lleguen a tiempo a su sitio, que estén donde deban estar, el que soluciona los problemas. Soy aquel que se emociona y es capaz de reir hasta llorar y de llorar hasta sonreir; aquel al que lo único que enternece es un niño. Soy ese que es capaz de hacer metafísica, de hablar del ser y el tiempo, y también de perderse en banales divertimentos, ir de compras, leer un comic, pasear por alamedas y paseos que hace tiempo que olvidaron que existen. Soy el que lee poesía (gracias Tana), el que busca y encuentra. Soy solidario, no invado naciones, las muevo con la fuerza de mis brazos, con mis letras, lucho a diario con espadas de tinta y escudos de papel. Soy ese que silba por la calle y sonríe al saludar.
Soy, en fin ese que se ha levantado una mañana, como todas las de todas las vidas y ha sabido, tenido conciencia de sí mismo, como tú, como los demás.

14 noviembre 2005

De libros, puntos rojos y pensamientos silbados

La verdad es que me había prometido no comprar más libros hasta que no terminara todo lo que ya tengo acumulado, pero no he podido evitarlo. Al salir un rato a la calle ahí estaban, mirándome desde el kiosko. He mercado dos libros más de historia de España. Son gordos, encuadernados en rústica. Ya calentaba el sol un poco el vaho brumoso mañanero.
Por la tarde al salir he dejado que mis pies me guien hacia donde quieran, no interviene la cabeza. He llegado a la vieja alameda que tanto me gusta. Paseo por el centro, por entre los plataneros que ya han dejado caer sus hojas en medio del temporal. Al fondo he visto casetas. Conforme me voy acercando vislumbro gente asomada...asomada a páginas, es la feria del libro viejo y de ocasión. Tiene el sabor añejo de las ciudades de provincias. Empiezo por el final del paseo, ojeo los libros, hojeo algunos de ellos. Los hay de todos los tamaños y formas, de todos los autores y en muchos idiomas. Miles y miles de historias, de letras y de pensamientos de mucha gente. Un pequeño rincón de libertad de ideas que vuelan y te rodean por las casetas, en muchos otros sitios de la ciudad no se respira tan amplio. Pienso en los escritores famosos que allí hay; pienso en los escritores no tan famosos, en libros buenos, en unos no tan buenos....es un pequeño microcosmos. No he comprado nada pero tengo que volver. Me llaman la atención los viejos manuales de agricultura, de buenos modales, de urbanidad para niñas, al estilo antiguo y con su letra.
Me vuelven a la realidad los enormes puntos rojos de las medias de una niña que ha tropezado conmigo y el pensamiento dulce de una canción de Marlango.
Vuelvo a lo mío. Hace frío. Por fin. Huele a castaña asada y me encuentro silbando entre la gente el himno de Riego.

10 noviembre 2005

Tintineos

He demorado mis pasos, camino más lento por las callejuelas de la ciudad vieja. Oigo como resuena tras de mi el eco que deja el último paso de mis zapatos en las paredes, en el suelo y como sube por las fachadas hasta escaparse hacia el plúmbeo cielo de hoy. Huele a tierra mojada. Es olor nuevo de otoño al que todavia no estoy acostumbrado. Ha llovido en la ciudad, y esta se inunda de espejos en el gris asfalto. Las luces titilan en esos efímeros lagos urbanos.
Súbitamente, comienza a moverse el teatrillo vital de la calle por la que transito. La gente corre, se apresura, en orquestado preludio un trueno ha mandado callar el bullicio urbano y ha comenzado el tintineo de Cascabel del agua sobre las calles, los coches y las cabezas de la gente; esas cabezas que piensan en la cena de los niños, el próximo examen, la cita a la que llegan tarde...miles de pensamientos que se escapan y que se mojan con el elemento líquido.
Hoy ha llovido en la ciudad donde vivo y de donde vengo. He silbado y sonreido. Al mal tiempo buena cara. De todos modos también había terminado mi trabajo de un jueves cualquiera

09 noviembre 2005

De bohemia no ando sobrado

La verdad es que cada vez que voy a Madrid intento pasar por los lugares transitados por Valle Inclán, tomar un cafetito en el café Gijón y sus literarias maderas. Una vez me dijeron que para escribir bien hay que sufrir, no se puede escribir bien desde la acomodada posición de pequeño burgués que tenemos todos; que si la vida no es perra con uno, uno no puede esculpir buenas letras. No opino que haya de ser así. Creo más bien en las tertulias en viejos cafés, en fijarse en aquello que escriben los contemporáneos a uno, incluso si me apuran en fumar en pipa, en las volutas del humo de un veguero o de una pipa y en mucho café; creo en horas y horas de lectura y conversaciones amenas con la gente.
De bohemia quizás no ando sobrado, o quizás es que la bohemia ha cambiado o que he cambiado yo. Quizás poco a poco pueda uno ir mejorando su estilo, la forma que da a las letras de su vida.
De todos modos, leo muy buenas cosas por ahí, que lo sepan.

07 noviembre 2005

Por hoy me doy mus

Por hoy me doy mus,no voy a comentar nada del Estatut, ni de la Infanta Leonor, ni de los temas de actualidad que tanto preocupan a los españolitos de a pie, nada de boicots, ni de los boicots de los boicots. Como digo, me doy mus. Estoy asomado a la ventana de mi casa, perdidos los pensamientos en vagas ensoñaciones, perdida la mirada viendo a lo lejos las luces de uno de los edificios más altos de la ciudad, la Torre Godoy que se divisa desde casi todos los puntos de la ciudad. Pronto dejaré de verlo, la especulación urbanística va a construir justo enfrente en la trayectoria del horizonte un edificio de unas diez plantas donde antes había un concesionario de coches. Ante quedábamos todos en la Renault, era nuestro punto de partida vital para ir a todos sitios. Ahora va a ser hormigón armado y celdillas de colmena para abejas y quizás zánganos.
En fin, caigo de nuevo en la realidad de mi cansancio de lunes; para ser lunes no ha estado mal, por hoy ya basta, me doy mus.

05 noviembre 2005

Collage

Este fin de semana he dejado aparcadas las maletas de Fragel viajero. Me quedo en casita, improductivo. Esta mañana, justo al despertar retomé un capítulo del libro que estoy leyendo y que anoche fue derrotado por el sueño. Después he visto todos los libros que ya empiezan de nuevo a apilarse horizontalmente en mi cuarto, en mi biblioteca. Una botella de vino de reserva de uno de mis últimos viajes por las Españas; y veo el corcho que me compré en mi época de estudiante para recordatorios. Ahora es una amalgama de algunas de las cosas que me han pasado estos últimos tiempos. Forma un extraño conjunto, forma un complejo collage. Hay unas fotos de mi sobrina sonriéndome constantemente, pequeña, preciosa, como es. Unas postales de Estocolmo donde estuve este verano. Un par de ositos de peluche pequeños colgados que me regaló no se quien. También hay un marcapáginas de Van Gogh comprado en el Thyssen y que creo que está allí desde el principio de los tiempos. Un viejo sol azul con hierritos que suenan al abrir la ventana y tratar de atrapar todos los vientos del mundo. Finalmente tengo una foto de un cuadro de Modigliani ( que me encanta) y que tomó Ana sin que yo me percatara en un museo de Copenhague; y dos lazos, uno rojo de solidaridad con los enfermos de sida que luzco cuando puedo y otro negro que me puse el 12-M en la manifestación y que me recuerda todo lo que lloré aquellos días.
He ordenado estos objetos, llevaba tiempo sin caer en la cuenta de que estaban allí. Son como una postal que te recuerdan, cuando paras, donde estás y un poco lo que eres, las influencias que recibes del entorno.
Sábado por la mañana de indolencia.

03 noviembre 2005

Por ser el primero en algo....hoy soy Navidad

Me he levantado ensoñiscado, viendo los viejos árboles de la avenida desnudos de ramas y hojas, fuera hace frío, casi cae agua nieve. Se apresura la gente con las solapas de los abrigos subidas. Se han encendido las luces que adornan el consumismo. Ha ya tiempo que sacaron las castañeras su dulce y tostado manjar asado. Ya se ilusionan los niños y sonríen los cristianos por el nacimiento de su Dios (es bonita la metáfora).
Hoy soy Navidad, aunque quede más de un mes. La celebro y la comparto antes que el Corte Inglés nos diga que ha llegado, antes de que salga el calvo anunciando la lotería y que en los sitios hayan puesto en los escaparates los adornos y dulces de la temporada, en fin, antes de que desaparezca la religiosidad del pensamiento de los humanos y únicamente pensemos en pavos, uvas y engordar con las pantagruélicas pitanzas que tenemos. Empiezo a ponerme nervioso como un niño en la noche de Reyes (por cierto lo de Santa Claus es invento americano y ahora en España de padres separados), porque yo es para lo único que soy monárquico casi, adalid de Los Reyes Magos (una historia preciosa simplemente para regalar y querer a alguien).
Hoy me apetece acercarme a tu chimenea y acurrucarme viendo el fuego al son de dulces melodías de amor y soñar.
Vale.

La Calzada de Oropesa

He estado de escapada por el puente de todos los Santos. Fuí a un pueblo de 634 habitantes que se llama La Calzada de Oropesa. Está en Toledo, cerca del límite con Extremadura. Es encrucijada de caminos porque también queda cerca de Ávila. A todos los efectos es el pueblo de mi amiga Rocío porque en ella tiene ancestros. La casa a la que vamos está decorada con muebles antiguos, con elementos rústicos, suelo de barro, vigas de madera, hay un viejo salón, un viejo piano que ya apenas afina. Tiene un patio empedrado limitado por limoneros. Todo invita al reposo. Le digo a Ana que también ahí me podría retirar para escribir la gran novela que todo escritor merece en su vida.
En el pueblo hay bastantes cosas para visitar, una iglesia que quiso ser colegiata, un convento y casas viejas, con su año marcado en la puerta recordando viejos esplendores.
La verdad es que cada vez respeto más la vida de los pueblos, de sus gentes, sus costumbres y su costumbrismo, su sencillez, transparencia. ¿Estaré dejando de ser urbanita?.
De este largo fin de semana he sacado muchas cosas: un estado normal de tranquilidad, cuatro días sin móvil, el reconocimiento de que no tengo o no conozco una densa historia familiar como puedan serlo otras y haber viajado un poco hacia el pasado de una España vieja, romántica (viejas tarjetas de visita, bordados, maletas, una primera edición del Castán Tobeñas...); he metido un poco la cabeza en el túnel del tiempo. Muchos más pensamientos me rondan por la cabeza, conclusiones que quizás en alguna otra postal cuente.
Una principal, cada día quiero un poquito más a Ana.

28 octubre 2005

Por los santos

Recorro el mercado tradicional de San Pedro donde los comerciantes por Los Santos muestran todo tipo de manjares y pitanzas. Siento que con los huesos de santo nos endulzan la muerte. Es algo propio de españoles, quizás, cantar (o endulzar en este caso) las cosas que no nos gustan. Hay puestos con arrope, miel recien obtenida de miles de flores, romeros, tomillos; hay huesos de santo y otro tipo de dulces, moscatel, pan de higo... En el puesto del fondo se adivinan algunos dulces navideños, queda mes y medio (menos para ese chafa-temporadas que es el Corte Inglés, que todo lo adelanta). Bajan los fríos del norte por fin y la gente empieza a sacar esas prendas en las que se va calentito. Huele también a castañas asadas.
Me gusta la fecha de los Santos y creo que más por lo tradicional que por lo que en sí significa. Lucho contra el Halloween americano; ¡si nosotros ya celebrábamos esto antes de la existencia de los EE.UU.!.
Tiene algo mágico la palabra camposanto, esos blancos de Galicia frente al mar; esos pequeños y perdidos a las afueras de los pueblos castellanos, sobrios; los barrocos mediterráneos...hace poco circunstancia me obligó a pasar por uno...
Tiene algo mágico esa tradición fantasmal de las ánimas, que salen, hacen sonar cadenas, tablillas de San Lázaro y si alguien se topa con la Santa Compaña y toma un cirio entre sus manos queda para siempre atrapado por ella.
Termina el mes de octubre, que es feo, largo y variable, como un mal caracter o un clima tropical; yo lo quitaría del calendario, no tiene nada. También marzo podría o debería correr la misma suerte. ¡Plof! por arte de birlibirloque desaparecidos del calendario. ¿Imaginan?
En fin, recen los que crean, coman huesos de santo y disfruten los que no y, sobre todo recuerden, que es una de las cosas que hace del hombre algo un poco humano.

26 octubre 2005

Tiempo de mercantilismo III y fin (vidas ajenas II)

En noviembre no lo ví, para todos los Santos ya no estaba.
La cosa había sido rápida, casi fulminante.
Pero, por algún sitio debe haber un pequeño engranaje que nos haga humanos, dignos. Sin nadie que se hiciese cargo de él, el expediente de acogimiento para su posterior ingreso en una residencia de ancianos ante los servicios sociales fue un tramite fácil,. Una solicitud, requisitos acreditados, papeles, gestiones burocráticas… han terminado en el más grandioso y sencillo gesto de felicidad al comer ha mediados de noviembre, un consomé.
Viste de chándal, sigue llevando su pelo fosco y de punta que deja traslucir la piel de la cabeza. Su pie se ha visto reducido a un calzado del cuarenta y sus muletas son de aleación de acero…¡¡ligerísimas!!
Todos los días, antes de comer, dicen que reza, alguna vez lo he visto. Un colega suyo dice que bisbisea, a veces, “dignidad, hombre, dignidad".

Tiempo de mercantilismo II (Vidas ajenas II)

Desde la atalaya que le dan sus muletas de madera, ve pasar filosóficamente el mundo, y el tiempo. Sí, yo creo que debe ser filósofo, tiene su silencio y su quietud.
Súbitamente ha retumbado una moneda en la vasija de plástico que sostiene en la mano. A él apenas le dan limosna, además cuando lo hacen suelen ser monedas de esas sucias, de esas de cobre. Una vez vio unas parecidas, eran chelines, las había traído un amigo suyo que había estado trabajando de camarero en Inglaterra; ¿Qué habrá sido de él? No sabe y, es más, al ratito se le ha olvidado hasta que tiene amigos.
El ruido de la moneda al chocar con el plástico le ha despertado de su ensimismamiento. Agradece la consideración del anónimo apresurado con una ligera inclinación de la cabeza, se lleva la mano un poco más abajo de la garganta y fuerza la mueca hasta que todas sus arrugas simulan el esbozo de una sonrisa. Es siempre el mismo ritual cuando cae ese metálico goteo.
Le he dado un euro.
Cuando ha insinuado la sonrisa, le he visto cara de niño, de pillo, de esos que hacían las trastadas en el pueblo, niños de post-guerra, de pantaloncito corto y calcetín al tobillo, de aquellos que tiraban piedras al río, pescaban en él y de aquellos que probaron un filete por primera vez a los diecinueve años. Niño de pillerías, estraperlo y joven de “me gano la vida con lo que puedo, con lo que va saliendo”. Ha sido camarero, ha recogido limones y ha despachado en una tienducha de ultramarinos. Eso, hasta que le toco hacer la mili, en la marina, en El Ferrol del Caudillo, y partió del pueblo, y ya fue todo un continuo deambular.
Ahora vuelve a dejar sus pensamientos. Lo peor de todo es la soledad entre tanta gente, con tanto tiempo. Lo peor es el tiempo para pensar; en la ancianidad sobra el tiempo, sobra pasado y falta presente. Pensar es un mal vicio.
Otra sonrisa de tierno agradecimiento. Veinte céntimos.
Pelea cada céntimo en silencio, sin carteles, sin estampitas de vírgenes o santos de reclamo, sin marketing, él es su circunstancia…¡¡y las pensiones están aseguradas!!
A veces da la impresión de que es él lo único autentico del acontecer de la calle, lo único real entre tanta fachada de cartón piedra, entre tanta gente preocupada por problemas que, en fondo, si lo piensan, no les importan lo mas mínimo. Es como si dijera “señores, yo estoy aquí, porque España es así”.
Alguna vez me he visto o imaginado en mi vejez pidiendo en la calle. Me ha parecido repugnante. “Antes de llegar a viejo y verme en la calle, me pego un tiro”, dicen algunos muy dignos, pero luego no se atreven.
Lo suyo es toda una vida para ahora verse así. De modo parecido piensan algunas beatas.
Otros pasan a su lado y, sencillamente piensan que alguien habrá explotándolo, “por eso no le doy limosna”.
Quizás son simples excusas, la gente pasa, lo mira y no lo ve. Recuerda durante cinco segundos al laringectomizado de una gran vía.
Conserva su silente dignidad, porque cuando joven, pensaba casarse, tener una casita y, quien sabe si, esa bendición de Dios que son los hijos; tenia más o menos planificada su vida…pero las circunstancias, la libertad, el error y…¡¡bah!! esas cosas, la liebre salta donde uno menos lo espera.
Pedir limosna es también un trabajo, de ocho horas, mal remunerado. Como en lo laboral debería estar prohibido pedir con más de sesenta y cinco años.
Y así pasan los días, los meses hasta que algún día pasemos y el laringectomizado se nos quede dormido frente a la caja de ahorros. Es un Ecce Homo.

Tiempo de mercantilismo I (vidas ajenas II)

Era el tiempo del mercantilismo, el tiempo en el que la economía era dirigida por una no tan invisible mano.
Ya se sabe lo que dicen los comunistas “las grandes corporaciones son las que manejan el cotarro”. Ya se sabe lo que dicen los liberales “estos rojos lanzapalos y tragafuegos antiglobalización viven sin principios, si lo hacemos por su bien…laissez faire, laissez passer”.
Era el tiempo en el que ya habían caído varios onces de septiembre; ya lo dice el refrán “torres mas altas han caído”. Llevábamos ganadas o perdidas varias guerras contra el terrorismo y ya había soldados americanos en las tres cuartas partes de los países del globo.
Era el tiempo, en fin, en el que la libertad era tener un Daewoo Kalos azul y dinero para echarle gasolina.
Pongamos que estamos en una ciudad cualquiera, en una gran vía, no tan grande como para merecer ese nombre. Ajetreo, bullicio, murmullos de gente, cláxones de coche… contaminación, asfalto, grises edificios, gente gris, cara de septiembre…mal mes, vuelta al trabajo, quizás rompes con la pareja.
No hay en esta ciudad una isla de quietud, apenas si hay color. Y eso que es una ciudad luminosa.
Y, entre tanto guirigay, ha aparecido enfrente de la fachada de una caja de ahorros, su triste figura. No está justo delante porque es este un sitio muy disputado por dos pordioseros de esos que el sistema deja arrumbados en sus esquinas. Él no está ya para disputas.
Otras veces, se sienta en unos escalones de entrada a otro gran y marmóreo edificio. O delante del centro comercial. En todo caso es una mácula en las aceras del consumismo.
En estos tres sitios aparece, quizás es un quijote moderno, aunque solo sea porque lucha por sobrevivir, en el fondo un poco como todos, ¿no?
Viste una raída rebeca negra, una camisa sacada de alguna bolsa de ropa vieja parroquial y viejo pantalón de algodón. Sea la época que sea, invierno o verano.
Lleva una zapatilla de andar por casa. El otro pie lo calza un zapato negro ortopédico, antiguo, de cuando no había otra solución terapéutica mejor, ni más barata; está desgastado, hinchado, a punto de estallar, guarda un pie roto, viejo…cuando uno es anciano se le junta todo, todo son achaques.
La gente se apresura a su lado en un frenético quehacer, y mira, se horroriza de ver un agujero que le señala la mitad de la garganta, y olvida. Nadie sabe, fue una operación, de cuando joven, tuvo cáncer, en el centro de la laringe. La verdad es que ni los médicos creían que pudiera superarlo, pero se lo extirparon, no se reprodujo y nada más que dejo un perenne silencio. La verdad es que superado eso, uno se cree casi en disposición de retar a Dios.

25 octubre 2005

Sombras Chinescas (vidas ajenas I)

La pueden situar en la España negra de preguerra, en la China Imperial pre-comunista, en la triste cabaña del misionero en África...En la actualidad, hace un año, hace medio siglo...
En cuanto oyó el primer tableteo de ametralladora y la primera explosión, dejó caer una lágrima por la mejilla; sabía que había acabado su sueño de educador, de farandulista, de creador de sueños. Comienza a recordar las caras sucias de los niños pobres, las tiernas sonrisas desdentadas a las que ahora van a negar su infancia y su pureza. Él únicamente se dedicaba a alegrarles la vida un ratito haciendo juegos malabares, bromas y su gran número, las sombras chinescas. Las hacía en la pared y frente a una luz ténue que le daba un pequeño motor de gasoil que llevaba. Había perros que ladraban como los de verdad, gatos y ahora había llegado a conseguir realizar los más maravillosos animales y asombrosas formas...total quizás, para no poder mostrarlos a nadie nunca más...se habían perdido los niños y la inocencia...metió la cara entre sus manos y esperó a que llegaran...
Puede ser un misionero en África, un profesor de las misiones educativas, un viejo maestro chino, cualquier cosa que quiera, a la espera de un público, infantil e inocente, que le haga recuperar su ilusión...

21 octubre 2005

Viernes, otra vez

Leí por ahí (nenufarismos) algo que decía "Inventario, yo soy toda orquesta" y me gustó la idéa del resumen, del mirar hacia dentro, parar y echar la vista atrás. Pues bien, viernes, resumo la semana. Semanas de peces, en las peceras que tenemos ahora por despachos. Trabajo. Cafés. Velocidad y estruendosos ruidos de los atascos, de la gente, es la vida urbanita que fluye a pesar de todo. Lo de fluir me hace gracia, es un término muy suave, calmo, para lo anguloso de la situación a la que se refiere.
Por cierto que ya tenemos las primeras naranjas y limones; esta semana me he empapado del profundo aroma que desprenden, he colocado unas hojas en un bote de cerámica que tengo sobre mi mesa de estudio. Y también he olfateado las primeras castañeras en la ciudad, aunque aquí no "pegue" por la temperatura que aún hace. Las he encontrado y me he comprado un cartucho lleno y las he disfrutado, calientes y jugetonas entre mis dedos, sabrosas desprendidas de su piel tostada.
Idas y vueltas a mi pecera. Escucho música clásica en la calle, un señor que canta como Tracy Chapman y una exposición de cuadros en una de las plazas paseables de la ciudad. La música clásica me ha hecho emocionarme, me rozó el alma por un segundo con sus suaves dedos blancos.
Gente indiferente con cara de lunes aún que habla por el móvil de temas transcendentales para la humanidad y juegan a que les importan los problemas de los demás.
Me parece que más cambia el mundo con el fluir (esta vez sí) de la música del trío de cuerda que llena los aires otoñales de esta ciudad.

20 octubre 2005

Showtime

Al llegar a su casa lo primero que hizo fue tirar la chaqueta encima de una silla de cualquier manera y se deshizo el nudo de la corbata. Se ha dirigido a la cocina para ver qué va a poder cenar. Abre el frigorífico y no aparece nada a primera vista, creo que las moscas podrían patinar dentro de él. Aún a medio desvestir se ha dirigido de nuevo a la sala de estar y ha encendido la televisión. Acabaron las noticias, las tragedias del mundo, los cotilleos políticos del día. Un corte anuncia un nuevo espacio para esas anodinas horas de la cena, se acabó el aburrimiento...Sale un señor encorbatado a la puerta de lo que parece ser una prisión. Él se ha dirigido a la cocina de nuevo a la caza de algo para cenar. Atisba todo lo necesario para hacer una hamburguesa y, sin dejar de mirar la caja tonta, va colocando cuidadosamente cada elemento en su sitio. Lechuga, tomate...Efectivamente se encuentran en un penal. Es una retransmisión en directo, pero, ¿de qué?. Hay cámaras por los pasillos del establecimiento, hay una sala y hay un sacerdote. Una silla. La incredulidad se apodera poco a poco de su ser. Ha metido la hamburguesa rebosante en el microondas. Mira el tiempo del reloj y aquello se ha puesto a girar. Se trata de una ejecución, en directo. La sociedad, suprema jueza y hacedora de todo, condena a un sujeto por asesinar a una pareja en un coche, herir a un policía y a un taquillero de un cine. Dos fornidos guardias se han encargado de ataviar y llevar a cabo el macabro ritual. Tiembla el reo. Está encapuchado. Justo a su lado van a accionar el mecanismo...tres, dos, uno y.....en ese momento suena la campanilla del microondas...corre veloz a la cocina y cuando vuelve ya aparece de nuevo el sujeto encorbatado en la puerta de la prisión.
Sonrie justiciero, mira su hamburguesa humeante y le da un gran bocado...je,je, como a tí (piensa)

17 octubre 2005

Fachadas

Los árboles de la avenida se han despojado de su verde capa, de sus ramas, de todo aquello que les daba la sávia en el verano y nos daba sombra. Los afanados operarios cortaron y podaban las ramas protectoras. El paisaje ya es invierno. Ya se ve toda la avenida. Se vislumbran las fachadas que, ocultas, discretas, muestran ahora todas sus formas, todo su collage de materiales, el ladrillo rojo, la china amarilla, el monocapa beige....
Las veo en el paseo hacia mi rutina, me parecen desnudas sin el follaje que las cubría delante; me parecen indispuestas masas de materiales, colmenas semihabitables. Lo de vivir unos encima de otros es antinatural, esos bloques imposibles, esa "propiedad horizontal", esos vecinos entre cotillas controladores y anónimos personajes de todas las historias imaginables. Antes nada más que había casas bajas, de dos plantas...
Ya sin sombra, me dispongo a subirme el cuello del abrigo para un invierno de viento y frío, espero.

12 octubre 2005

El abuelo tomate

Paseaba en derredor de la laguna dibujando otoños como llevaba haciendo desde hacía ochenta años, va con su bastón de castaño y su mono sucio azul de trabajo.
Él aún no había nacido cuando llegaron de todos los países, Portugal, Castilla La Vieja y Madrid(dice) para realizar la obra del canal por el que se pudiera bajar la madera para transportarla por el río hasta la capital. La verdad es que hacía falta, porque más abajo el río tiene unos tormos por los que es imposible que pasaran los troncos para abajo.
Llegaron los ingenieros con sus elegantes coches, con sus bonitos trajes y sombreros, con sus señoras. La verdad es que el pueblo creció bastante durante aquella época. Y claro, llegados los señoritos, eran tales las fiestas y las juergas que tenían que tuvieron que establecer en el pueblo un cuartel de la guardia civil, de los de tricornio, capa y máuser.
A él se lo contaba su abuelo, dice que tuvo que ser hace más de noventa años, pues era los que él tenía ahora, y el canal ya estaba hecho cuando nació. A su abuelo en el pueblo lo llamaban el "abuelo tomate", por ser ese el color habitual que dibujaba su cara. Recuerda que lo mandaba a la bodega a comprar media de vino, ni un cuartillo, ni nada por el estilo, ¡media de vino!, él no había comprado nunca eso. Se sacaba el dinero de los calzoncillos largos y se lo entregaba al chaval. Después supo que media de vino se correspondía con un litro. Y se lo bebía casi de un trago.
Su abuelo Zacarías, el "abuelo tomate", fue el que inauguró la saga de “los tomates”, se casó con una chica de la capital, muy rica y marchó allí con ella. Siguieron teniendo la casa en el pueblo pero cada vez vinieron menos hasta que al final la malvendieron hará unos diez años.
Todavía sigue habiendo “tomates” en la capital, primos e hijos de aquel primero que llegó a Cuenca hace casi, casi, ¡uy, ya no sé cuánto!, todos se dedicaban a la madera, todos continuaron siendo ricos, menos él que no era “tomate”, que se quedó en el pueblo y que ahora vivía de la pensión que le daba el estado y de pasear otoños al atardecer, como antes con su abuelo.