01 julio 2016

Este Jueves Relato: Reencuentros o Desencuentros

Esta semana nos invita Juan Carlos a contar encuentros, desencuentros o reencuentros...pues ahí va el mío.

Apenas dos minutos después de haber bajado del tren, vio el convoy alejarse. ¡Qué vieja que estás! La estación de El Carmen llevaba casi un siglo sin ser remodelada y las maderas de los tejadillos ya necesitaban una mano de pintura. Algo parecido ocurría con los hierros modernistas que sostenían toda la estructura. El verde de antaño se había perdido. Solo el reloj lo mantenía intacto. Era lo único que parecía nuevo en todo el conjunto.

¡Tú tampoco eres ya un jovenzuelo! Tenía a su lado un pequeño trolley rojo en el que ahora caben todas sus pertenencias. Estaba encorvado y goterones de sudor comenzaban a caerle por todos lados. La tarde tenía ese color amarillo barro que tienen las tardes por aquí en verano. Se sentó en un banco a esperar. Miró los viejos edificios de oficinas y las antiguas casas de los ferroviarios ahora abandonados. Un poco más allá, los nuevos de ladrillo naranja que comenzaban a oscurecerse por los humos. Pensó en su barrio del centro, en las calles estrechas y los pisos amplios en los que ahora en verano uno casi podía colarse en los salones y salitas de estar de los vecinos. Aunque quizás ahora con los aires acondicionados…Se miró los pies hinchados y volvió a mirar pequeños desconchones en la pintura del techo.

No sé. Puede que no estés aún arreglada para que te vea. Prefiero verte como te recordaba. Ya lo sé, yo tampoco estoy como antes, por eso no tenía espejos en casa, para no mirarme.

No había llegado aún su hijo para recogerlo, cuando apareció por el final de las vías el Talgo con destino a Barcelona. Compró un billete y se subió. Con el fresquito del aire acondicionado y los primeros traqueteos, se quedó dormido.


Fuera, la ciudad vieja ardía. Y las palmeras y limoneros comenzaban a difuminarse con la velocidad. 

23 junio 2016

Este Jueves, Relato: Miedos infantiles

Nos invita nuestra anfitriona Charo a que relatemos miedos infantiles...aunque corta, ahí va mi aportación...

A mamá no le voy a contar nada. El otro día me preguntó y cuando se lo conté no me creyó. Estamos solos en casa, no hay nadie más. Pero el señor que anda, existe. Todas las noches lo veo. Viene y se sienta en el sillón blanco. A veces me habla. Otras no, se queda ahí mirando todo el rato con su sombrero y su traje negro. Yo cierro fuerte los ojos. Pero cuando los abro, muchas veces aún está ahí, y se ríe. Me dice que me vaya con él, que me quiere llevar al cielo. Por eso yo, todas las noches, después de rezar el padre nuestro y el ave maría, cierro la ventana. Si está cerrada no me podrá llevar. El señor que anda no es bueno y, cuando se queda mucho rato y me dice que venga que nos vayamos, llamo a mamá para que ella también lo vea y porque yo no me quiero ir… 

17 junio 2016

Este Jueves, Relato: Haz tu campaña

Como estamos en tiempos electorales, Brisa de Venus, nos invita a hacer campaña...bueno, yo no he hecho campaña, o sí...juzguen ustedes.

Ayer a la una de la madrugada aún estaba vivo porque me mandó un wasap: “Ahora a descansar, a reflexionar que el domingo vamos a ganar seguro. Gracias por tu implicación”.

Nos habíamos tomado unas cañas y unos pinchos después del mitin de cierre de campaña y le acompañé hasta el coche.

Hombre, desanimado no. Estaba un poco preocupado porque después de todas las dificultades internas y externas, las encuestas no daban. No conseguía que la gente le entendiera, ni terminaba de atraer a nuevos votantes. Tampoco nosotros hicimos bien nuestro trabajo por lo que se ve. Era un candidato atractivo, con buenas ideas, moderado, centrado, pero no lograba conectar con la gente. No logramos que convenciese a la base del votante medio. En las reuniones y tormentas de ideas que hacíamos, todo iba genial, todo era calculado hasta el más mínimo detalle y las ideas, yo creo que eran las mejores. Luego, dichas fuera, sonaban extrañas, pastosas, densas y, ninguna acción de contención (como las llamamos) podía minimizar eso. Con todo, los mítines no iban mal. Pero los paseos por la calle, las improvisaciones, eran una sangría de votos. Habíamos logrado encauzar las ideas fuerza y evitar bandazos ideológicos. Quizá evitaríamos un importante trasvase de votos.

Yo siempre he considerado que tenía la cabeza muy bien amueblada. Pero se ve que le pudo la presión o la preocupación. Aunque jamás pensé que fuera a acabar así, de una manera tan drástica. Menos mal que no estaba su familia en casa. Por eso de verlo todo en directo, como es la vida ahora, un tuit.

Sí, sí. El entierro es mañana. El partido emitirá un comunicado a medio día y por la tarde, el comité federal elegirá a la sustituta. Con toda seguridad será la número dos por Madrid.

En el comunicado dirá que el mejor homenaje que se le puede hacer es ir a votar el domingo. Como dijo Franco en el discurso de Navidad del setenta y tres, no hay mal que por bien no venga.


Ahora sí que creo que podemos ganar estas elecciones. 

18 marzo 2016

Este Jueves Relato: Slogan: Brown Sugar

Este jueves nos invita Cas  en su recuncho a hablar, escribir y dar vida a las fotos que forman parte de la convocatoria. Llevo tiempo sin escribir y no podía dejar de estar...Gracias. Ahí va lo mío...

Le eché una última mirada antes de torcer a la izquierda y verlo por última vez para siempre. Era lógico. Él se quedaría allí casi tan petrificado como la flor que adornaba las columnas del edificio en el que pedía limosna en la puerta. Yo esa misma tarde, cogería un tren que me llevaría al medio oeste en busca de más fortuna de la que había encontrado en la ciudad del viento. Y es que las ciudades con viento siempre están malditas.

Al pasar a su lado llamó mi atención alabando los zapatos italianos que llevaba. Me hizo gracia y me giré. Rebusqué en el bolsillo y encontré un billete de cinco. Pero te lo has de ganar, le dije. La palabra ganar le sonó rara, hacía mucho tiempo que no ganaba a nada. Cuéntame algo, le insistí. Se puso a pensar. Y me habló de Tammy, aunque él la llamaba Brown Sugar, como la canción de los Rollings. Tammy era una negra exuberante, de grandes ojos, piernas interminables y una amplísima cadera que le gustaba coger cuando, al ritmo de esa canción, cabalgaba sobre él. Trabajaba de azafata para la Panam. Por suerte, nada más que hacía viajes interiores pero eso implicaba también pasar semanas fuera, aunque luego los reencuentros eran grandiosos. Él pasaba el tiempo con algún trabajo de mierda y siempre temporal.

Con Tammy empezó todo y, cuando se fue, terminó todo. Negro y soñador, ¿pero en qué coño estaba pensando? En nada, probablemente en nada, tenía muchos proyectos que no habían salido. Punto. Lo importante es luchar por tus sueños, ¿no? Así podrás aspirar a más. Aquella tarde, Brown Sugar le dejó muy claro que aspiraba a más. Después de ese polvazo, se vistió. Recogió su bolso. Se retocó un poco el rimmel y el brillo de los labios y salió del apartamento con un portazo. Sonaban los Rollings y él se quedó sentado en la cama tal y como ahora lo estaba en la calle. Todos evolucionamos, muchacho, me dijo.

Te los has ganado, saqué diez dólares e, incrédulo como todos, seguí mi camino.  

21 febrero 2016

Este Jueves, relato: Cierre de convocatoria

Ya se han marchado los invitados y queda la mesa con algunos vasos y platos de plástico. El trozo de tarta que ha sobrado ya está guardado en el frigo y los regalos en forma de relatos que han hecho ustedes quedan guardados para siempre en el corazón de uno. También las felicitaciones. Muchas gracias a todos por la participación en esta convocatoria y, cedo el testigo a Inma Blanco en su blog Molí del Canyer. Allí nos vemos el próximo jueves. 

Un saludo y buena vida

19 febrero 2016

Este Jueves, relato: Cumpleaños.

Sin más preámbulos, y casi porque no llego, ahí va mi participación en este jueves cumpleañero.

Quizás no debieron apartarse de aquella carretera, por muy secundaria que fuera. La pista de tierra los había dejado al borde de un mirador espectacular. Abajo el lago Hurón y, más allá, el bosque con todos sus pinos canadienses y arces. La vista se perdía, pero era imposible bajar desde ese punto a coger carretera alguna. ¡Maldito gps! Desde la última curva a la derecha, no dejaba de mostrar el mensaje de “recalculando ruta”. W. había optado por tirarlo por la ventanilla.

El sol comenzaba a caer y, W. y M. salieron de la caravana para ver cómo se perdía mucho más allá de aquel mar de árboles. Aquello del fondo, probablemente fuera Estados Unidos. Solamente regresaron al vehículo cuando el sol se había ocultado por completo. Sonó un whatsapp en el móvil de M. Los chicos que se interesaban por cómo iba la aventura. Pues empezaba a ir mal. No quería cabrearse con su padre, pero apenas había gasolina, nada más que quedaban un par de latas de alubias y jamón enlatado y un siete por ciento de batería en el móvil. Se lo dije, se lo dije, echa los cargadores por si acaso. Es solamente un día, es solamente un día. Quiero celebrar mi cumpleaños pescando en el lago Hurón, no necesitamos los móviles. Ahora ya daba igual, seguramente tampoco habría cobertura en este territorio de abetos y grizzlies. Si viene uno que salga y que se lo coma a él. Quizás acudirían en cuanto olieran la comida.


Terminaron de cenar y se acostaron. M. tenía los ojos abiertos y estaba pendiente a cualquier crujido o gruñido. Podían percibirse desde ese alto todos los sonidos del mundo. W. roncaba a su lado plácidamente. Cariño, felicidades, ya son las doce…ya es tu cumpleaños…y le estampó un suave beso en la mejilla. 

14 febrero 2016

Este Jueves, Relato: Convocatoria





"Feliz, feliz en tu día..." o "cumpleaños feliz, cumpleaños feliz..." Estas son dos de las frases más pronunciadas en diversos idiomas y en diversos tonos en el mundo todos los días. Y como este humilde bufón, cumple años la semana que viene, sobre eso va la convocatoria de esta semana: de cumpleaños, sea feliz o no. Que el relato se desarrolle en un cumpleaños, que nuestro personaje cumpla años o que el cumpleaños se desarrolle o tenga lugar en un acontecimiento histórico o, lo que quiera que sea que se les ocurra. Porque sobre eso de la imaginación son ustedes expertos. 

Espero que el tema les sea propicio y sobre todo no olviden las recomendaciones para participar.  

12 febrero 2016

Este Jueves, Relato: Cuéntame una historia de fantasmas

Este jueves nos invita Charo a contar una historia sobre fantasmas...o compañas...por ahí va la mía...

El viento era tan fuerte esa noche en M. que movió la campana de los Dominicos. Trece lúgubres tañidos que recorrieron el pueblo entero junto al soplo del diablo. Ululuba por las esquinas como las corujas y, de cuando en cuando, parecía que susurraba palabras. A nadie encontró en su camino a pesar de ser temprano, porque las viejas no tardan en esconderse en sus casas y tapar todas y cada una de las rendijas por donde pueda colarse. Sonaba aquí y allá presuroso cerrar de persianas y puertas. Aullaban los perros a su paso. Un reconocible olor a cera quemada llenó la noche y el polvo de las calles comenzó a levantarse.  

De más lejos a más cerca se oía el fúnebre bisbiseo de un rosario.

El niño estaba inquieto esa noche y no podía dormir bien. Muy al contrario que sus padres que, ya siendo jueves, habían caído rendidos en la cama.

Otra vez el sonido negro de los rezos se confundía con el viento. Maulló un gato negro. Y sonó la única persiana en toda la calle que se levantó a esas horas de la madrugada. El niño finalmente se había despertado para ir al baño.

El estruendo de las láminas de plástico despertó a los padres que se encaminaron a la habitación del nene. La cama estaba vacía. También el baño y el resto de la casa.

¡No por dios, D. no vayas! ¿ Por qué te has asomado? ¿No te dijimos que avisaras a papá o mamá? ¡No debías mirar por la ventana, no debías mirar por la ventana, mi niño guapo!


Los sollozos y la vista que solo alcanzaron a ver alejarse la santa comitiva. Cesó de repente el viento y el frío.  Y un vacío nuevo quedó para siempre entre los tabiques de la casa.   

22 enero 2016

Este Jueves, relato. Sucedió a bordo de....Le Roi est mort

Esta semana nos invita Pepe a contar alguna historia que haya ocurrido a bordo de...pues ahí va la mía (creo que dentro del tema), que ya era hora y llevaba mucho tiempo sin participar. Por cierto, felices letras y año 2016, que no había dicho nada.


¡Le Roi est mort! ¡Le Roi est mort! Ocho días después aún resonaban en mi cabeza los ecos de la gente gritando aquella frase por las calles de París. Aún era temprano cuando aquel soldado barbilampiño golpeó mi puerta y me indicó que mi presencia era requerida de modo inmediato en la corte. Debía hacer la autopsia al Rey Sol y eviscerar como ordenaba la tradición. La mañana era buena y la marcha fue incluso agradable. Ahora hacíamos el camino contrario de Versalles a Saint-Denis. El cortejo iba lento y la gente salía al paso de los carruajes. En el centro, la gran carroza real totalmente cubierta, portaba el cuerpo vacío del monarca. El silencio era negro como el humo de los hachones que portaba la guardia real. De cuando en cuando el graznido de algún cuervo entrometido rompía la quietud. Detrás, más soldados y el resto de carruajes. En uno iba yo portando todas las entrañas de aquel hombre semidivino. ¡Le roi est mort! Volvía a sonar en mi cabeza, gritado por las gentes. Y justo a mi lado, el cofre de plata y oro en el que portaba corazón y demás órganos. No eran distintos de los demás, ni más grandes, ni más pequeños, ni menos rojos, casi azules ya. ¡Le roi est mort! Y la terrible certeza de esa frase me helaba la sangre. Sí. Está muerto, he aquí su corazón y sus entrañas a bordo de este humano carruaje. Camino de Notre Dame y de San Luís-San Pablo. Le roi est mort, vive le roi, pensaba yo también según nos acercamos a París…  


30 octubre 2015

Este Jueves, Relato: Los Olores

Esta semana nos invita Dorotea a hablar de la magia de los olores. Después de unas cuantas semanas sin participar y, aunque no me gusta el relato que he hecho, he considerado mejor participar. Ahí va mi aportación 



Nunca podría dejarte. Creo que no podría empezar con nadie que oliera de manera diferente a como tú lo haces. No podría acostumbrarme a otro olor que no fuera el tuyo. Ese olor blanco de Pôeme que aparece en tu cuello todas las mañanas. O el olor azul de tus ojos silenciosos y profundos.

Tampoco creo que me acostumbrara a un olor que no fuera el de nuestra casa. Un poco especiado y cálido. Naranja. O a otro aroma distinto al del café que trajimos de Oporto y que recorre una por una todas las estancias por las mañanas.

Al de nuestro sofá cuando estamos tumbados y tapados con nuestra manta de cuadros escoceses y lo único que  se oye de fondo es el sonido de tu respiración sobre el telón de la noche.

No. No podría dejarte. Me daría una pereza enorme tener que comenzar de nuevo, oler otras cosas, otras casas, otras personas. Quizás otros niños pequeños. Tener que oler legajos rancios de abogados, olfatear discusiones y negras soledades.

No. Prefiero guardar en pequeños segundos nuestras esencias para poder rescatarlas  si llega el día en que, de tanto amor, pierdo el olfato.


18 septiembre 2015

Este Jueves, Relato: Un retrato

Este jueves nos invita Juan Carlos a que "nos retratemos" o que retratemos o que describamos. En definitiva que pintemos, que es a lo que nos dedicamos, pero con las letras. Ahí va mi minúscula pintura.

Después de un rato en el que nadie hablaba, J. rasgó el silencio y preguntó por el retrato de papá. Todos se miraron. Tic, tac. El reloj de péndulo colgado en la pared seguía haciendo su trabajo a pesar de todo. Era cierto, no se encontraba en la pared. En su lugar una cuadrada mancha blanca, más clara la pintura en ese trozo.

A papá le hacía mucha ilusión ese retrato porque lo había pintado la abuela.

No sé, dijo T.,  alguien se lo habrá llevado.

¿Para qué querría nadie llevarse un retrato? ¿Es que estamos como en el pueblo en el que hay que guardar las cosas de valor para que no se las lleven las vecinas que venían al velatorio?

Pues no está y punto, terció V. 

Tic, tac.

Pues papá me decía que sería para mi, insistió J. Yo de pequeño me quedaba como un niño tonto mirándolo durante mucho rato. No se parecía a papá, ni por los rasgos, ni por los colores. La abuela había pintado otra cosa, otra cara, pero creo que todos sabíamos que era papá.

O de verlo tanto tiempo ahí, todos pensamos que era papá, sollozó C.

Pues lo quería, lo quería, me encantaba y era para mí. Y ahora no está, y alguien se lo ha llevado. Lo quiero, si alguno de vosotros lo tiene que me lo de, por favor. Quiero mirarlo…ya le tenía un sitio reservado en casa, su rincón favorito.

Todos se miraron. Tic, tac…

Ayer a estas horas…, empezó C.

Todos chistaron a la vez e interrumpieron a C. Tic, tac. El sol se estaba yendo y, de nuevo haría largas las sombras de los edificios sobre la gran avenida. Tic, tac.

¿Queréis cenar algo?

No, mamá, indicaron todos al unísono. 

Tic, tac. J. se levantó y paró el péndulo. Dio un beso a todos, uno por uno y se marchó. Sus pasos retumbaron por el pasillo porque la casa estaba un poco más vacía.   

04 septiembre 2015

Este Jueves, Relato: Leyendas de mi tierra

Este jueves nos invita Perla Gris  a escribir sobre leyendas de mi tierra. He de decir que me he encontrado no con un inconveniente sino con varios, tantos como los sitios a los que me siento ligado. Soy de Murcia, vivo en Ocaña (Toledo), paso mucho tiempo en Aranjuez y siento un apego muy grande por Mota del Cuervo, por razones de peso. Así que he tenido difícil, lo de elegir leyenda. Me he decantado por algo que oí o me contaron de aquí donde vivo...ruego me disculpen porque me he pasado un poco de palabras pero era complicado resumir la historia y la persona que lo contó era prolija en detalles...




Para montar un negocio, lo primero que hay que tener es una buena idea. Y luego que no haya factores o circunstancias externos que hagan que el negocio pueda no funcionar. Pues bien, en el bajo que se encuentra en el bulevar junto al Casino y que hace esquina, ningún negocio prospera. Y eso que el bajo es amplio y se encuentra muy bien situado cerca de la Plaza Mayor.

Con anterioridad no sé lo que habría. Pero desde que vivo aquí, han fracasado un bar, con lo que es un bar en este país y una entidad bancaria. Ni más ni menos. En la oficina de la entidad bancaria conocía yo al director. Tomábamos café algunas mañanas. En la inauguración, me enseñó las instalaciones. En la planta baja, la oficina propiamente dicha. En la primera planta, un par de despachos. Y en la última, en una antigua vivienda, los archivos. 

Al principio todo era normal. Pero con el tiempo, las cajas y papeles se acumulaban en la planta baja. Los empleados no querían subir al archivo. Decían que se oían ruidos extraños, bufidos de bestia, gruñidos. Alguna caja había aparecido como mordida. Un becario dijo una vez que había visto una gárgola, pero real, enorme y verde. Se le había quedado mirando con sus pequeños ojos rojos. Parecida a la que desaguaba la lluvia del tejado. Lo cierto es que yo siempre vi a la gárgola bien colocada en la esquina. Aunque también lo es que no volví a ver al becario.


La mañana en que estaban desmontando la oficina, tomamos café en el Casino el director y yo. Coincidimos con P. R. que nos contó algo sobre una maldición echada sobre el edificio por una antigua dueña que murió sola y a la que encontraron al tiempo como petrificada. Unos dicen que se reencarnó en el bicho y que, de cuando en cuando, exige un pequeño sacrificio. Que a veces de ese tejado, aparte de agua, puede caer algo de sangre. Otros hablan del mismo diablo que habita en esas estancias. Sea como fuere, lo cierto es que no hay negocio que prospere en ese bajo y que alguna vieja se persigna al pasar por esa esquina…esté o no la gárgola.   

27 agosto 2015

Este Jueves, Relato: Fanfictions, etc...

Tras un periodo sin publicar por falta de infraestructura, me uno a esta convocatoria que nos hace el Demiurgo de Hurlingham en su blog. Yo he elegido cambiar un poquito un cuento. No se si cumplo exactamente con la convocatoria pero ahí va.




Con aquel portazo tras de sí, Caperucita Roja cerraba el capítulo más oscuro de su vida. Aquella mañana también llevaba la cestita con todo lo que su madre le había preparado para la abuela. El cuartillo de vino del tónel, el pan del cercano horno y todo el cóctel de medicinas que tomaba la abuela para sus distintas dolencias y que Caperucita había sacado de la farmacia la tarde anterior. Los nervios se le habían bajado al estómago que se removía amenazante, pero el bosque de hormigón urbanita no le pareció siniestro esa mañana. El verde tenía otro tono. El camino, otra veces pesado, le pareció más corto. Hasta empezó a gustarle el barrio alto donde vivía la abuela.

Al llegar a la casa, lo primero que hizo fue zafarse de esa horrible caperuza roja. Abuela, vengo para quedarme. La abuela le tocó la cara justo en el sitio morado junto al ojo. Como quieras mi niña. No dejaremos que el lobo te vuelva a tocar. Seguro que intentaría subir y hacer que volviera, de todos es sabido que a los lobos les gusta la carne bien fresca. Pero en eso ahora no pensaba. Ex Caperucita Roja, estaba acurrucada en el regazo de su abuela, viendo el show de Oprah y la resolución de esa imponente negra, junto al calor del sofá, le dieron una sensación de seguridad que no había tenido nunca hasta entonces.


Tal y como pensaban, fueron muchos los intentos de su madre para que volviera con ella a casa. Lloraba delante de la puerta, gritaba, gemía, amenazaba para implorar perdón a los pocos segundos. Todo hasta aquel día en que, yendo más allá, intentó reventar la puerta de una patada y, al abrir, lo único que vio enfrente fueron los cañones de una recortada. Nada más. El resto fue el sonido de un tiro muy cerca. El lobo cayó como un pelele de feria. La abuela soltó la escopeta aún humeante y buscó con la mirada a Caperucita Roja. La vio detrás en un rincón, junto al teléfono. De fondo ya, el sonido de las sirenas tardías de la policía. 

06 agosto 2015

Este Jueves Relato: Relatos del frío




Nos propone Dorotea esta semana que hablemos del frío. Y dado el tiempo que estamos padeciendo, vamos a refrescarnos un poco. Ahí va mi aportación.

Esta mañana el diario comentaba la noticia de que el tren que va al norte, hacia la montaña sagrada, había tenido que parar dos estaciones antes de lo que era habitual debido a la nieve. De haber seguido no habría podido llegar al templo de Tstasumoto, al pie de la montaña. La gente estaba molesta porque tampoco sabía si por la estrecha carretera que recorre toda la región de sur a norte iban a poder alcanzar su destino. Y justo en el festival de otoño, cuando más gente visita el templo sagrado. Pero esta vez parece que los dioses vuelven a jugar y han adelantado una tremenda nevada…

Los habitantes de la zona están ya más que acostumbrados al tono violeta que tiene la nieve en el norte. Ahora estarán preparando todo para el ceremonial del te. También sacando las mantas y los aperos de cara a la nueva estación. Estarán los arces ya desprendiéndose de la hoja y las zonas, antes boscosas, comenzarán a parecerse a los brazos de los viejos, y serán azotadas por el viento, y sonarán sus ramas como las tablillas litúrgicas en los santuarios.

Comenzarán por aquí y por allá a aparecer los humos de las chimeneas señalando dónde están las aldeas con sus casas y las casas con sus gentes. Y todo se hará más difícil en este país de nieve. Y silente se llegará el invierno que hace mínimas todas las cosas. Todo se para, se hace más lento. Se helarán las conversaciones que, desde este momento, vagarán enganchándose a las ramas de los matorrales como girones blancos de niebla y quedarán pendientes hasta la primavera.


Quedará el templo vacío, con sus monjes. Y la montaña sagrada, mostrará durante un tiempo sus más puras formas blancas, dominando como los dioses el destino de todos nosotros. 

25 julio 2015

Este Jueves, relato. Viaje a un lugar imaginario. Cierre de convocatoria





Esta semana proponía un viaje, una pequeña escapada a cualquier lugar que pudiéramos o quisiéramos visitar o sobre el que nos apeteciera contar algo. Y lo cierto es que mis expectativas se han visto superadas con creces porque hemos viajado mucho. Hemos visto puentes, islas, ínsulas, bajado a los mismos infiernos, costas irlandesas, hemos asistido a batallas míticas, descubierto instrumentos; hemos estado en el lejano oeste y en una Verona más que cercana, utopías más que dudosas, países de nunca jamás y hemos percibido la desolación en más de uno...han sido todos, relatos fantásticos en todos los sentidos, refrescantes. Son ustedes unos auténticos genios creadores.

Muchas gracias a todos por vuestra participación e imaginación. Ha sido una experiencia más que grata esta coordinación. Espero que les haya gustado y si algún fallo ha habido perdón pido él.

Y ahora pasamos el testigo a Maribel, que nos convocará para este próximo jueves. Gracias. Nos vemos en las letras.  

24 julio 2015

Este Jueves, relato: Historias, Personajes en un lugar imaginario

Y casi a última hora. Aquí dejo mi aportación al tema de esta convocatoria.


De la foto que cuelga en el salón de la asociación de cazadores de Luvina, no queda nadie. Ni siquiera los que entonces, cuando fue tomada, éramos niños. Fue en el patio de la casa de D. Gumersindo que tenía aquellas columnas de madera y aquel suelo empedrado que se te clavaba en el culo cuando estabas sentado. Los mayores aparecían con sus flamantes Winchester, mientras que los niños llevámos unas Benjamin Sheridan. Todas las tenía D. Gumersindo en su armero y las había cedido para la asociación. Él ya no tiraba a nada y en Luvina una plaga de coyotes, se decía, estaba acabando con lo poco que había para llevarse a la boca. Era raro el día en que no aparecían gallinas muertas o algún burro o los perros que, con sus ladridos, tendrían que haber avisado que los coyotes andaban merodeando.


Desde que se creó la asociación, los hombres en vez de estar en el bar, organizaban batidas nocturnas en busca de alimañas. A pocos pasos de las afueras de Luvina, ya podían adivinarse sus diabólicos ojos brillantes y percibirse sus terribles aullidos, solo parecidos a los del viento que siempre sopla por acá.

Esas batidas fueron el fin de la asociación, porque por esa época ocurrió lo de aquellos niños. Antonio Parreño, aseguró que no era coyote sino demonio lo que vio y disparó todo el cargador sobre aquella oscura sombra. Algo parecido le ocurrió a José Somoza que, al final de sus días, aún no sabe contra qué disparó. Y así a muchos más, aunque no contaran lo que habían visto o no.

Lo cierto es que jamás se vio un coyote muerto en Luvina. Luego llegaron las venganzas y sus balaceras. Y después un tiempo de silencio, únicamente roto por el ulular del viento entre el follaje seco que todo lo abarca.

Y más tarde, volvieron los aullidos a las noches, aún más fuertes, más humanos. Y volvieron a verse por los alrededores de Luvina, aquellos ojos brillantes, acechadores a los que siguieron las sombras y el viento y el polvo,  como un mal sueño.


21 julio 2015

Imágenes

 Por si no encontráis imágenes con las que iluminar, más si cabe, vuestros textos, aquí os dejo algunas...












(Nota: todas las imágenes son de internet. Si alguna tuviera derechos de autor, póngase en contacto con el administrador del blog y será inmediatamente retirada)

19 julio 2015

Este Jueves, Relato: Propuesta



Llevo participando unas cuantas convocatorias en estos jueves literarios y he pensado que podía ser buen momento para lanzarme a coordinar uno. Para ello he estado dándole vueltas a muchos temas que se me ocurrían sobre los que escribir. Y como suele suceder en estos casos, uno se queda con el más raro, original si quieren o estrambótico (pueden calificarlo como gusten). 

Ahora que por estos lares y otros muchos estamos pensando en coger vacaciones o buscar un lugar en el que pasarlas...o que todos tenemos en la mente un lugar fantástico en el que nos gustaría vivir o por lo menos visitar, mi propuesta es esa. Que sitúen la historia en un lugar fantástico, irreal, imaginario y que en el mismo se desarrolle. Que ustedes o el personaje de que se trate, viva o pase o visite el lugar imaginario. Les propongo unos cuantos y lo dejo abierto por si a alguien se le ocurre algún otro: 
  • La ínsula Barataria que aparece en el Quijote.
  • Luvina, extraído de los textos de Juan Rulfo.
  • Macondo, que creara Gabriel García Márquez.
  • Antíbula, que aparece en las novelas de Fernando Aramburu.
  • El País de las Maravillas, en el que Alicia también se perdió. 
  • Un lugar de la Mancha del que Cervantes no se quiso acordar. 
  • El País de Nunca Jamás de Peter Pan.
  • Liliput o Balnibarbi de los Viajes de Gulliver.
  • ...cualquier otro que conozcan o se les ocurra...eso sí, con cita para poder situarnos por si queremos el resto visitarlo...
Espero sus propuestas a partir de el miércoles. Y recuerden las normas de Tésalo en cuanto a extensión y demás reglas para la participación. Pido de antemano disculpas por si hubiere cualquier fallo y deseo que les guste la propuesta.