21 julio 2015

Imágenes

 Por si no encontráis imágenes con las que iluminar, más si cabe, vuestros textos, aquí os dejo algunas...












(Nota: todas las imágenes son de internet. Si alguna tuviera derechos de autor, póngase en contacto con el administrador del blog y será inmediatamente retirada)

19 julio 2015

Este Jueves, Relato: Propuesta



Llevo participando unas cuantas convocatorias en estos jueves literarios y he pensado que podía ser buen momento para lanzarme a coordinar uno. Para ello he estado dándole vueltas a muchos temas que se me ocurrían sobre los que escribir. Y como suele suceder en estos casos, uno se queda con el más raro, original si quieren o estrambótico (pueden calificarlo como gusten). 

Ahora que por estos lares y otros muchos estamos pensando en coger vacaciones o buscar un lugar en el que pasarlas...o que todos tenemos en la mente un lugar fantástico en el que nos gustaría vivir o por lo menos visitar, mi propuesta es esa. Que sitúen la historia en un lugar fantástico, irreal, imaginario y que en el mismo se desarrolle. Que ustedes o el personaje de que se trate, viva o pase o visite el lugar imaginario. Les propongo unos cuantos y lo dejo abierto por si a alguien se le ocurre algún otro: 
  • La ínsula Barataria que aparece en el Quijote.
  • Luvina, extraído de los textos de Juan Rulfo.
  • Macondo, que creara Gabriel García Márquez.
  • Antíbula, que aparece en las novelas de Fernando Aramburu.
  • El País de las Maravillas, en el que Alicia también se perdió. 
  • Un lugar de la Mancha del que Cervantes no se quiso acordar. 
  • El País de Nunca Jamás de Peter Pan.
  • Liliput o Balnibarbi de los Viajes de Gulliver.
  • ...cualquier otro que conozcan o se les ocurra...eso sí, con cita para poder situarnos por si queremos el resto visitarlo...
Espero sus propuestas a partir de el miércoles. Y recuerden las normas de Tésalo en cuanto a extensión y demás reglas para la participación. Pido de antemano disculpas por si hubiere cualquier fallo y deseo que les guste la propuesta. 

09 julio 2015

Este Jueves, relato: Sucedió en un tren

Debíamos continuar la historia donde Alfredo la dejaba, así que allí vamos.

Su voz era como un susurro, hablaba y hablaba sin escatimar en detalles. A esas horas de la noche, los pormenores sobre la historia de nuestra familia me adormecían sin poder evitarlo. El abuelo repetía una y otra vez la aventura de aquel viaje en el que una vez en el tren los rociaron con un líquido apestoso que no sabían lo que era. El vagón estaba lleno, tanto, que no cabían nada más que de pie. Nos contaba cómo él había recorrido esos mismos parajes la primavera anterior y, entre los escombros de la guerra aún pudo ver cómo la hierba seguía creciendo y las florecillas acudían fieles a su cita con la estación tierna.

Al fondo estaría la montaña por la que intentó huir sin éxito. Quizá hiciera el mismo frío que esta noche. Poco a poco la voz del abuelo se fue alejando. Solo algún traqueteo del tren lograba despertarme un poco. Tenía una pesadilla. Ladraban perros feroces, había luces fuertes e indeterminadas que marcaban grises caminos. El vaho de los judios se mezclaba con la saliva de los soldados y el calor de los canes…De repente me desperté.

El tren estaba parado. Salzburg. Todos habían bajado a por un café y un cigarrillo. Él también fumó. Y fue al baño. Fue allí donde decidió que no quería seguir ese viaje nostálgico al dolor. Con todo el ajetreo nadie se daría cuenta. Esperó un poco y salió justo en el momento en que el tren abandonaba la estación…


03 julio 2015

Este Jueves, Relato: Un día en la vida

Esta semana nos propone Juan Carlos, que escribamos sobre un día en la vida. La verdad es que he de reconocer que se me ha hecho difícil y que me he pasado un poco con las palabras, pero creo que era mejor publicarlo que dejarlo en el tintero, no quería faltar. Espero sepan disculparme y que les guste mi aportación.

María pensó que aquella era la primera mañana del otoño, a pesar de encontrarse a mitad de junio. Soplaba una brisa que hacía apetecible tomar el café en la terraza. El sol todavía no había terminado de despuntar y el único ruido que había era el de los pájaros piadores y perezosos aún en esas primeras horas del día.

María puso y tendió una lavadora. Justo cuando ponía la última pinza oyó como empezaba a borbotear el café en la cocina. Lo dejó que terminase de chisporrotear y, se sirvió una taza que cortó con un poco de leche. Miró la hora en el reloj de la cocina, las ocho. A esa hora, su niño, porque a pesar de tener ya treinta años, nunca dejaría de ser su niño, debería estar llegando. De un momento a otro tendría que llamar.

Salió a la terraza y con el semanal del domingo anterior sorbió poco a poco la tranquilidad de la hora. El sol seguía su riguroso camino y secaría la ropa en un momento. Un artículo de Javier Marías, otro del pedante de Manuel Rivas, el de Almudena Grandes, y la sensación de bienestar que aumentaba con el calorcito del estómago lleno.

Terminó y se acercó de nuevo a la cocina. La recogió, mirando de reojo el reloj. Debería haber llegado ya y, debería haber llamado. Pero no. En fin, no quería ser de esas madres pesadas. Ya llamará.

Hizo el resto de cosas de la casa, la comida. Comió oyendo de fondo las noticias por entretenerse. El tic-tac del reloj de la cocina, comenzaba a hacérsele insoportable. No, me niego a estar al lado del teléfono esperando una llamada que no se si se producirá.

Transcurría la tarde y, ya buscaba cualquier excusa para acercarse a la cocina a mirar la hora. Terminó llamando al móvil. Aparecía desconectado. Se sentó en el sillón y esperó junto al inalámbrico.

Cayó la noche y siguió esperando, sentada, rígida. Nunca pensó que ese sillón pudiera ser incómodo. Pero lo es si de lo que se trata es de esperar una llamada. Tampoco el sonido del reloj de la cocina le había parecido odioso. Pero también lo es, cuando se espera en un día cualquiera. 

25 junio 2015

Este Jueves, Relato: Rostros de la Polio

Nos propone José Vicente este tema para esta semana y ahí va mi aportación...

Se ha muerto “La Polio”. Me lo ha contado esta mañana mi madre cuando la llamé para ver cómo iban las cosas por el pueblo y cómo le habían salido los últimos análisis que se había hecho. Tenía un poco alta el azúcar pero le dice el médico que con las pastillas que toma ahora se le ha controlado. Son las dos únicas novedades que se han producido importantes. Lo del azúcar era casi esperado. Pero lo de la muerte de “La Polio” o la señora Maria, es parecido a un viento que se lleva para siempre un pedacito de infancia. La llamaban así por una cuestión física obvia. Había padecido esta enfermedad de niña, justo después de nuestra guerra.

La recuerdo siempre detrás del mostrador de su tienda de chuches, sentada en su silla de anea y siempre con el pelo blanco, como si hubiera nacido ya mayor. Los niños decíamos que no tenía piernas y ella de broma nos medio amenazaba con una de sus muletas. Eso era en invierno, porque en verano, siempre estaba con sus piernas cortas juntas y su gran zapato en uno de sus pies, sentada en la misma silla. Las muletas apoyadas en la pared. En el estío, su tienda de casi todo, era como un autoservicio. Ni se levantaba para atendernos. Nosotros nos servíamos y al salir, le dábamos el importe exacto de lo que nos llevábamos. Menos una temporada en que a Pepe, le dio por llevarse flash de quince pesetas y decía que eran de cinco. Nosotros niños medio tontos, creíamos que no se daba cuenta. Lo que ocurría es que luego hablaba con nuestras madres y les tenía la cuenta preparada. Hasta que se cansaba. Si sigues mangando así, Pepe, llegarás por lo menos a alcalde. Y nos poníamos todos colorados y tardábamos unos días en volver a comprar. Pero siempre terminábamos volviendo a ese recuncho, dulce como un recuerdo.


Y ya de mayores pasábamos a saludar y a comprar alguna chocolatina o gominola a recuperar un trozo inmutable de los niños que, en el fondo, todavía seguimos siendo. 

23 junio 2015

X

X, podría ser la casilla de la renta a marcar para fines sociales. O la señal indicativa de un cruce en una carretera o en unas vías del tren. O una incógnita sin resolver. Pero no es el caso. El caso es que, X, también es DIEZ en números romanos. Y DIEZ son los años que cumple este blog en un par de días. Y es que desde el año 2005, llevamos dejando notas, soltando papeles, ideas...haciendo algo tan anticuado y tan moderno como es escribir, compartir letras. Y, a pesar de todas las redes sociales y todo lo que ha evolucionado el medio web en los últimos tiempos hacia mayor concreción y superficialidad (quizás), creo que los blogs han conseguido mantener un pequeño rincón de resistencia en el que poder expresarse. Han cambiado las formas pero no los fondos. Y es que, en el fondo, todo son letras. 
Y no queda más que dar las gracias, a todos los que durante estos años, nos han seguido, han comentado o criticado lo que aquí hay. 
Y gracias al grupo de Jueveros que me han acogido de una manera formidable y han dado nuevo impulso a este blog para que aguante, como mínimo, otros diez años. 
Gracias y, como digo, nos vemos en las letras, en esta que es su casa. 

11 junio 2015

Este Jueves: Relato. Siete Pecados Capitales

Nos propone Charo que esta semana hablemos de los siete pecados capitales. Bueno, ahí va mi aportación. No he podido elegir un pecado y me quedo con los siete. 

Al contrario de lo que dicen yo no soy un ángel caído. Jamás intenté encabezar rebelión alguna contra nadie, ni siquiera contra dios. No tuve un juicio justo. Ni siquiera una oportunidad de defenderme. Funcionaba y, supongo que seguirá funcionando el ordeno y mando. Las disposiciones divinas no se discuten, se acatan, son infalibles. Pero hemos visto que no es así, porque luego va dios y crea al hombre. A su imagen y semejanza dicen. ¡Pero si es absolutamente imperfecto! O no es infalible porque ha creado una criatura tan endeble y pequeñita. O el hombre no está creado a su imagen y semejanza. O alguien no está engañando a todos, todo el tiempo.


Eso pudo ser lo que se dijera. Por eso se cuenta que fui expulsado al averno para ser su rey. Pero tampoco es cierto. Yo soy el ángel más bello de la existencia y no soy el rey de los infiernos ni estoy en ellos. De hecho, cuando fui expulsado a este mundo (sí, este de ustedes y mío ahora), seguía siendo la cosa más bella de toda la creación y seguía teniendo todas las características de un ángel. Intactas mi bondad, serenidad, plenitud. Luego llegaron los hombres y pude conocer el asesinato, la maldad, la lujuria, la ira, la pereza, la envidia, la gula y la soberbia, la avaricia. Y me gustaron, y las practiqué todas. Y por esa práctica perfecta me salieron cuernos. Y me salió rabo. Y ahora todas esas virtudes adornan mi cabeza. Pero no fui yo, príncipe de este mundo el que las traía consigo, ni el que las mostró a los hombres. Fueron ellos, los que me las inocularon, los que me las mostraron. Y dejé de ser la criatura más bella de la existencia. Pero soy mucho más feliz y ahora, apartado del mundo, vago escondido por el tiempo y contemplo divertido como bisbisean los hombres oraciones de vergüenza a un dios que quizás esté equivocado. 

15 mayo 2015

Este Jueves Relato: Enigma Musical

Propone el Demiurgo este jueves-viernes, un juego que consiste en hacer un relato con el título de las canciones de nuestro grupo favorito. Yo lo hago con el de uno de ellos, que me ha costado elegir. El mío es este.

No mires atrás con ira, le dijo. Lo que quiera que hiciera nuestro padre ahora no tiene importancia. El viento traía un intenso olor a humo y muerte junto con diminutas gotas de lluvia que golpeaban al príncipe y a su hermana en la cara. Detrás, casi podía percibirse una a una la respiración de los soldados.  Delante, únicamente una inmensa llanura que en pocos minutos estaría llena de gritos, heridas, sangre, soldados en busca de una supervivencia imposible y monstruos. Porque el príncipe enemigo, Afanjul, su hermano, atacaría sobre los hombros de gigantes. Ya se vislumbraban sus cabezas a lo lejos, tras el vasto campo de batalla y una mota cubierta de cereal. El príncipe miró a su hermana y recordó las largas tardes de juegos, las escapadas al río a bañarse en los cálidos días del verano, las inspiradoras lecturas de cuentos de caballeros y princesas. No era justo. En ellos el príncipe bueno nunca moría, ni perdía territorio o posesiones. Tampoco la princesa que, en un último momento era salvada por un mágico encantamiento o hechizo. Los monstruos y enemigos caían a los pies de los príncipes y princesas de buen corazón. Pero eso era en los cuentos. Gracias por los buenos momentos, le dijo. Pase lo que pase, quédate a mi lado. El gran portón del castillo soltó un alarido de viejo y de muerte y el príncipe y la princesa lanzaron sus caballos a la batalla. 






El grupo es Oasis
Don´t look back in anger
Whatever
Standing on the shoulder of giants
Thank you for the good times
Stand by me

08 mayo 2015

Este Jueves, Relato: Desenvolviendo regalos anónimos

Este jueves, la convocatoria me ha parecido espectacular y muy original porque The Daily Planet´s Blogger nos invita a escribir sobre la base de un regalo anónimo que hayamos recibido. En su blog, los encontraréis todos. El mío era Memorias de África. Y este es.

Yo tenía una granja en África…” Siempre me ha parecido un maravilloso comienzo para un libro. Nunca he visto entera la película. Suelen ponerla los sábados o domingos después de comer. Y, en esas horas, a mi me entra un sopor que termina por dejarme dormida delante de la tele. De fondo sonando al cinco de volúmen, la maravillosa banda sonora o el motor del avión sobrevolando la estepa africana.  He visto gran parte, pero cuando me hablan de ella es como si hubiera perdido trozos de mi vida que no se dónde han ido a parar.

Como ahora, que me ha despertado un agudo pitido. Al mirar hacia afuera,  junto a la ventana del tren, aparece un cartel amarillo que reza Spor 1. Vía uno, andén uno. Aún no controlo bien el danés. De un salto bajo y veo cómo se aleja el convoy. Un silencio húmedo toma todo el apeadero. Huele a café y bollos de mantequilla, pero en la estación no hay ninguna cafetería. Habrá que seguir ese aroma y desayunar algo. Ya en el café, intento adivinar algún dato que me indique que estoy en el lugar en que debía bajar. Al fondo un póster del equipo local de fútbol me sitúa correctamente en el mapa. Arreo un bocado a un espectacular y blando pan de mantequilla y saco de la mochila la edición de bolsillo del libro Memorias de África. Se lo muestro al camarero que, en un perfecto inglés, me indica cómo llegar a la granja de Karen Blixen. Se encuentra a unos dos kilómetros siguiendo una carreterilla pegada a la costa.

El libro me lo regalaste la primera vez que vinimos a Dinamarca y nos perdimos buscando esa granja. Ahora descubro que era más fácil llegar de lo que entonces nos pareció. Quizá todo sea más fácil.


Según tú, con los cuarenta recién cumplidos, los dos deberíamos estar sobrevolando África, como en la película. Yo, de momento rezo un padrenuestro frente a la tumba de Blixen. Por algo se empieza. 

23 abril 2015

Este Jueves Relato: La despedida

Propone Pepe como tema de esta convocatoria la despedida. En su casa, podéis encontrar los participantes. Mi aportación es la que sigue:

La chica despedida pertenecía al sector siete de la cadena de montaje. Mejor la mujer despedida. Sí, es mejor referirse a Carmen como la mujer despedida. Pues bien, la mujer despedida se llama Carmen y se dedicaba desde hacía unos veinte años al montaje y ajuste de una pequeña tuerca de las que sujetan la parte de atrás de las placas de los hornos. Y este mismo viernes ha sido despedida. Ya se sabe, con la crisis caen las ventas y el consumo, el cuadro macroeconómico es volátil y, aunque ya se percibe en los mercados internacionales cierta recuperación, no tiene el suficiente empuje como para evitar los ajustes en el organigrama de la empresa. Fue la primera vez que Carmen oyó hablar de deslocalización. Que se lo digan a mi artritis de muñeca y el amartillamiento del dedo que tengo. Vamos, que alguien en Alemania había tomado una decisión por ella.

Esa tarde, salió tranquila y fue a casa dando un rodeo por el jardín que desde siempre tanto le gustaba y que, ahora veía con otros ojos. Ojos de parada, de mujer libre. Le alivió la idea de no aguantar más al gilipollas de su jefe de sección; no depender de horarios; pensó en pasar las tardes con su nieto recién nacido; ayudar a su hijo a buscar trabajo y colaborar con su nuera en las pequeños arreglos de ropa que hacía para subsistir; estar más tiempo en casa, sola.

Pero con el paro quizá no diera para la hipoteca y los gastos. Intentarían apañarse. Fuera maquillaje y gastos supérfluos. Pensaba en el alemán o americano o chino o español que hubiera tomado la decisión. A este no le importaba su artritis, ni cómo mantendría a la familia ahora que no había sueldo alguno en casa. Pensaba en la recuperación de la economía española y lo que menos le apetecía era hacer patria, como se suele decir.


Pensó en no dar explicaciones pero, al final habría una nota apoyada en el taquillón, emborronada, con esa caligrafía simple que tienen las madres. Su familía aún era joven y, seguramente, tendría ganas de luchar. Ella, ya no.

10 abril 2015

Este Jueves Relato: El Jardín

Otro final de marzo. Una ligera brisa retoca los ramajes de los árboles y dejan caer los cerezos sakura algunas flores blancas que alfombran ligeramente el suelo. Yo he vuelto a recorrer la distancia que separa Osaka de Tokio para encontrarte. Tu marido ha quedado ocupado en los siempre graves asuntos de la oficina. Mi mujer estará en este momento arreglando y limpiando la casa.
Esa misma brisa que susurra a los pétalos, mueve tu moreno pelo negro. Nada tiene que envidiar tu piel a la pureza de las flores blancas de los árboles del jardín imperial. Yo, por el contrario, llevo un ramo de rosas rojas que me señalan al fondo del camino. Me esperas con las manos juntas. Los remolinos de pétalos juegan casi a hacerte desaparecer. Tus perfectas simetrías se alzan rebeldes frente a las del parque en el que todos los años nos encontramos. Tú, eres toda primavera. Mi estado de ánimo es blanco como este jardín ahora.  
Llego hasta ti. Beso tus labios y me sonríen tus ojos. Me abrazas como si fuera la última vez, como todas las primeras. Beso tu cuello y un lunar justo al comienzo de la infinita espalda. Suspiras un segundo y nuestro aire se hace perfume, tu perfume; ese que añoro de primavera en primavera, en este jardín.  
Recorremos, cogidos de la mano, los senderos del parque. Jugará nuestra piel a que se ama, como viejos enamorados, como cuando estábamos casados.
Y al atardecer, cuando las sombras de los edificios se alarguen con el sol esquivo y tardón,volveremos al jardín, donde nuestro tiempo se detuvo y eclosiona blanco año tras año. Nos despediremos y yo cogeré el gris tren de las nueve hacia Osaka.

Y en las noches, sopla entre las ramas un fresco viento de primavera, que susurra a las bellas flores de su jardín, las nuevas historias de amor.    

Más historias donde Alfredo

02 abril 2015

Este Jueves Relato: Un mundo de sensaciones

Esta semana propone Cass que escribamos un relato sobre sensaciones, olores, onomatopeyas y colores...Bueno, pues ahí van los míos...

Era viernes y serían sobre las diez de la noche más o menos. Recuerdo que estábamos todos celebrando una fiesta del mojito en el piso de estudiante de Arturo. El piso era como todos los que se alquilan a estudiantes, estrecho y con muebles viejos de diversas procedencias. Y Arturo era ese amigo tuyo que decía que estudiaba enfermería. Yo estaba sentado en una silla en la cocina mientras veía el trajín que os llevábais con la hierbabuena, el ron, el azúcar moreno y el agua de seltz. El aroma de la hierbabuena lo impregnaba todo y se oía el tintineo de cucharillas y vasos de cristal. Entre risas y comentarios, los mojitos salían de la cocina como de una cadena de producción y se iban al salón donde el resto de la gente, bebía y bailaba.
Recuerdo que me miraste.
Te ha cambiado el gesto. ¿Te pasa algo? Estaba un poco pálido y ni el mojito que bebía, sirvió para hacer volver los colores a mi cara.
Nada, que acabo de ver mi propia muerte.
¿Cómo? No te reiste de la ocurrencia porque mi cara debía ser un poema o porque tú sabías que con otras pequeñas cosas había acertado y te dio un vuelco el alma.
Sí. Acabo de ver como al salir de aquí, cerca de la confluencia del Paseo Zorrilla con Juan de Austria, cuando íbamos a cruzar, un coche grande y marrón que va muy rápido me atropella y me lanza por los aires. Creo haber visto que caigo fulminado al instante.

Te asustaste pero me dijiste que seguro que eso no podía ser. Creo que estuviste toda la noche pendiente de mi. Y no pasó nada esa noche. Y no paso nada ni el sábado ni el domingo. Y nos volvimos a Madrid. Y no vuelve a salir el tema, hasta que planteamos las vacaciones. Podemos hacer cualquier cosa, ir a cualquier sitio menos visitar Valladolid. De momento está vedado, hasta  nueva orden o nueva premonición. 

20 marzo 2015

Este Jueves Relato: A través de la ventana

Esta semana Gaby nos invita a asomarnos a una ventana. Ahí va mi mirada...

Abril florecía frente a mi ventana…la verdad es que no sé por que me ha venido a la cabeza este verso de Soledades. Quizá porque son ya tres primaveras las que llevo encerrado aquí un poco contra mi voluntad. Seguro que es porque vivo en la calle Antonio Machado. Pegando la nariz al cristal y mirando hacia la derecha, se ve en la esquina el cartel azul con el nombre del poeta. Qué calle más fea le han dedicado los del ayuntamiento. Hasta ahora no me lo había planteado pero, es estrecha y, a poco que tengas una ventana grande como la de mi habitación puedes ver la vida que se desarrolla justo en la casa de enfrente. También es cierto que es la única que queda habitada. Dos o tres más de esta misma calle ya son viejas cuadras con arados oxidados y yerbas de todo tipo creciendo, helándose y quemándose al sol según la estación; vestigios de adobe derruidos de otras vidas que pasaron. Casi como yo aquí. La del tío Genaro en el número dos; la de la Isa la de Panfi, en el siete que aún resiste casi entera. Alguna de ellas ha sido tomada por los gatos. Estoy seguro que allí tienen comida, o alguien les pone. Los veo entrar y salir con la tranquilidad que da la soledad de lo que se ha desmoronado.

Hay uno que viene a visitarme a esa hora del mediodía en que no pasa nada en el mundo. Lo veo desde mi cubículo, en las tejas de enfrente paseando orgulloso y mirándome. Estoy seguro que me mira y se asoma a mi ventana, a mi pequeño universo de cristal y se tumba al calor y piensa que qué raro que debe ser ese animal que se limita a observarlo desde un cuadrado del segundo piso de la acera de enfrente. 

20 febrero 2015

Este Jueves, Relato: Argumentos Oníricos

Propone el Demiurgo de Hurlingham que escojamos de entre sus propuestas la que más nos apetezca para hacer un relato. Yo he escogido la número 13: Una herencia lleva al protagonista a una mansión, donde vivirá. Una herencia maldita porque estará rodeado de seres extraños que obedecerán. Pero serán peligrosos para cualquiera que se acerque. Como parte de una maldición ancestral, no podrá salir, salvo que…

Estaba cansado de todo el viaje en avión y luego un trabajoso traslado hasta el cottage. Así que le pareció la primera buena noticia del día que la verja de entrada se abriese como por arte de magia al paso del vehículo. Sus hermanos le estaban esperando desde por la mañana. Tras los papeleos, todo estaba dispuesto para la apertura del testamento. Llegó a la enorme biblioteca de la casa y apenas conoció a su hermana pequeña, ni a su hermana mayor, ni a la mediana. Habían cambiado mucho, su mirada era torva, urbanita, desconfiada. Sin embargo, lo primero que le dijo la pequeña es que había hablado con los demás y le obedecerían en todo porque siempre les pareció el miembro más lógico de la familia. Con todo, no era eso lo que decían sus miradas. En el aire flotaba ese ambiente secreto y conspiratorio de las grandes ocasiones, todos parecían conocer algo de lo que no podían o no querían hablar.
Esa misma tarde el notario de la localidad abrió y leyó todas las adjudicaciones. En el fondo, ninguno quedó contento, aunque tampoco parecían disgustados.
Fueron los muchos días juntos, los que volvieron opresivo el ambiente. No tenía temas en común con sus hermanos, eran unos perfectos desconocidos. Empezó a desear con todas sus fuerzas salir de allí, con las mismas ganas con que uno, en pleno ataque de pánico, se quiere bajar de un avión. Pero siempre había algo que tiraba de él para atrás, un cuchicheo, una puerta que sonaba a deshoras, silencios a su paso, miradas furtivas.

Con ello, el reloj del salón, empezó a marcar impasible los pasos del destino de aquellos tres extraños que habitaban el cottage. Igual que el abuelo hizo con la abuela cuando, por lo que parece, está descubrió algo, así haría él con sus hermanos. Pero únicamente para escapar de ese lugar. La herencia, la sangre y el mismo cottage, le apretaban la garganta como un mal nudo de corbata. Necesitaba salir, aunque para ello tuviera que dar cuenta con la maldita tradición de su familia…

Más relatos donde El Demiurgo

29 enero 2015

Este Jueves, Relato: Caso Nisman

Si en este momento está usted leyendo es porque, seguramente, yo andaré ya muerto. Así que usted, amable lector, ándese también con cuidado y no dé a conocer, de momento, ni el contenido de esta carta, ni el del cd que le acompaño con todas las pruebas de la investigación que he ido reuniendo a lo largo de los últimos meses. Todas apuntan hacía la señora X, o señora Rosada, si estuviéramos en un film de Tarantino. Ya sabe que esta señora y sus perros de presa del servicio de inteligencia no son muy dados a dejar que nadie cuente nada, así que de saberse todo, ya le andarán buscando. No crea, no confíe. En todo caso, cierta tranquilidad le puede dar saber que he remitido copias a algunos colegas suyos también y a alguna organización internacional para que sepan, investiguen y juzguen a todos los culpables. Si me voy, lo haré con la conciencia tranquila y pudiendo dormir por las noches, algo que no creo que puedan decir los que me habrán asesinado. También se acabarán el mirar todos los días debajo del coche y andar con mil ojos por la calle, darle un beso a mi hija sabiendo que puede ser el último que le haya de dar, las despedidas de mi esposa todas las mañanas entre lágrimas ante un futuro negro. Lo siento por ellas y por el país. Solo un ruego, cuide el material y que el miedo no le impida sacarlo. Elija usted el momento.
Sin más, me despido. Salud y Justicia.
Nisman. 


Más donde Gustavo




16 enero 2015

Este Jueves un Relato: Escritura Creativa

Eva había decidido dejar Berlín por unos días y desplazarse hasta Munich para visitar a su hermana Ilse. Llevaban mucho tiempo sin hablarse. Exactamente nueve años, desde el intento de suicidio. Eva no había perdonado nunca la soberbia de su hermana y esa mirada de superioridad que desde entonces tenía. Ilse no había perdonado a Eva ese afán desmedido por el poder, por subir en el escalafón social, como si los sudores de los padres no hubieran sido lo suficientemente importantes para sacarlas a las tres adelante. Ilse culpaba a Eva de muchos de los males de la humanidad y quizá, consideraba en secreto una ofensa que Eva hubiese siempre preferido la compañía de Margarethe, su hermana menor, en lugar de la suya. No obstante, aquella tarde estaba dispuesta a olvidarlo todo. La mesita estaba decorosamente vestida para el té. La guerra se adivina con solo echar una ojeada tras los visillos, pero han cesado los bombardeos y por un momento, como todos los años en abril, el sol elonga los días y se vislumbra la primavera. Hacía mucho tiempo que los días eran grises y esa tarde, por fin, el sol salía de detrás de los escombros.

Eva habló y habló sin parar, recordaron, rieron y lloraron, porque al despedirse, Ilse supo que jamás volvería a ver a su hermana, la primera mártir del siglo veinte. 

Más en casa de María José

02 enero 2015

Este Jueves, Relato: Ese Oscuro Objeto de Deseo

Casi todas las tardes era igual. Sobre las seis, el sol iluminaba profundamente la cocina. Notaba como el corazón le palpitaba más rápido a medida que recorría el pasillo. Al principio, disimulaba la compra diciendo que era para que el niño merendase. Cuando a la segunda tarde Javier dijo que no le gustaba, ya no tuvo que ocultarse más. Cogía la bolsa de tela que estaba colgada tras la puerta de la despensa. Cortaba en dos rebanadas el pan de miga blanca que compraban en la nueva panadería vintage del barrio. Iba hacia el armario de las galletas y allí estaba: el enorme bote rojo. El cuchillo de punta roma recorría primero el fondo y después las paredes para extraer, en una única punción certera, la mayor cantidad de nocilla posible. Untaba primero la parte de abajo del pan. Después con el sobrante la de arriba y volvía el cuchillo a hendir el untuoso elemento para completar aquella ambrosía. Chupaba el cuchillo y, casi limpio, lo dejaba para fregar. El primer bocado del pan sabía a niñez, a barrio sésamo y deberes después; a frustración porque no todas las tardes había para hacer esos bocatas; a tómate primero la leche; a cuando sea mayor me voy a comprar toda la nocilla del mundo. Una especie de predicción que se cumple porque, desde entonces, no falta en su armario de las galletas un bote rojo con el que, medio en secreto, muchas tardes puede dar ejemplo a su hijo sobre lo importante que es merendar bien para suplir las carencias de la infancia. 
Más donde Charo.

11 diciembre 2014

Este Jueves, Relato: Project U.F.O

Dos cosas sorprendieron a la policía portuguesa cuando detuvo a Abelio. Una, fue la enorme cantidad de información que tenía en su cabaña a las afueras de la localidad de Loibos. Abelio guardaba en una libreta anotaciones de todos y cada uno de los transportes que durante años había estado realizando. Todo con sus fechas, destinos y mercancía. Estraperlo siempre de noche, siempre con el vello encrespado y alerta a través de ese incierto y boscoso límite que era la frontera entre España y Portugal.

Y la segunda fue que, en una de esas anotaciones, Abelio contara como una noche se riló cuando en uno de esos viajes vió como un objeto desconocido y muy luminoso descendía del cielo y del mismo salían unos extraños seres verdes que, tras un rato deambulando y olisqueando por la zona, terminaron perdiéndose en la inmensidad del bosque. Él, aterido más por el miedo que por el frío, tras un matorral, pensó que se trataría de algún artefacto volador que estaría probando la guardia civil española para evitar el contrabando. Nunca lo supo porque únicamente fue capaz de hacer dos o tres viajes más. Desde aquel momento siempre tuvo la impresión de que el bosque tenía más ojos de los habituales y que la guardia civil siempre le estaba pisando los talones. Entonces consideró que sería mejor pasar las horas de oscuridad al abrigo de la lumbre en su cabaña, que la noche era para los lobos. 
Mucho más en la casa de Charo
Y muchas gracias a mi gran amigo Goathemala por inspirarme la idea 

06 noviembre 2014

Este Jueves Relato: El ABC de la Dimensión Desconocida

Mi madre siempre tuvo las cosas claras. Las de aquí, del mucho más acá; y las de allá, las de una dimensión desconocida de la que nunca hablaba pero que yo creía intuir por lo que a veces ocurría. Yo siempre he pensado que la puerta a esa dimensión desconocida se encontraba en el armario de abajo junto al frigo. El de las sartenes. Creo que mi madre pasaba por él cuando estaba harta, muy harta de su vida y de la nuestra y decía aquello de me voy a ir y me voy a perder del mapa. Y yo de muy pequeño que me la imaginaba cayéndose Canarias abajo. Pero realmente la perdíamos de vista una o dos horas y ni mi padre ni nosotros sabíamos dónde se metía en este tiempo-espacio. Porque salir, salir, lo que se dice salir por la puerta normal, la de siempre, no lo hacía. Yo creo que quizá abría esa puerta con la excusa de guardar algo y se escabullía entre las sartenes tras una gran luz que la cambiaba de dimensión. Y luego otra gran llamarada dentro del armario nos la devolvía. Lo cierto es que yo, por más que abría y cerraba la puerta de abajo a la izquierda del frigo, no lograba pasar a dimensión otra alguna, ni encontraba luz cegadora ni nada. Bueno, serán cosas de padres, como eso de desayunar café con lo bueno que está el Cola-Cao.

Mucho más en la casa de Yessy Kan

16 octubre 2014

Este Jueves...Relato: Matrimonios Impuestos

Yo me casé de negro. Literalmente. Era lo que había que hacer. No hacía ni seis meses que se había muerto mi madre. Así que a nadie sorprendió el velo y la cola negros cuando se abrió el portón de la pequeña iglesia de Nuestra Señora de los Remedios. Chirriaron los goznes, crujió la madera y sonó el primer campanazo de los doce que me habrían de acompañar hasta el altar. Me pareció que sonaban como cuando lo de mi madre. Una vaharada cargada de incienso se nos llegó y casi me nubla la vista. Noté como una nausea me subía desde lo más profundo del corazón a la garganta; apenas podía aguantarla. Era un sabor acre, muy parecido al olor que le quedaba a él en el pelo, cuando el fijador que usaba llevaba mucho tiempo sobre su cabeza, sobre todo al final del día cuando iba a visitarme. Pensar en su pelo, hacía subir otra arcada. Dimos otro paso. Sonó otro campanazo de mi particular duelo. Pensarlo encima de mí, hizo subir otra. Su viscosa cara de cerdo. Conforme nos acercábamos al altar se podían adivinar su sonrisa, su perfecto bigotillo, su cepillado traje marrón; y también se vislumbraban las lindes de sus nuevas fincas, las nuevas cabezas, la quintería en mitad de la nada, melonares, escopetas, días de cacería y soledad, noches de lágrimas y putas, el brandy, algún que otro golpe que me dará, todo con la sonriente complacencia del sumo hacedor del milagro, mi padre del que ahora voy del brazo. Me lleva casi en volandas para que no me desvanezca. Blanca va la novia, más no radiante. Un último paso y un último campanazo marcan los doce del fin de mi mundo. Y el “estamos aquí reunidos…” del cura, a mi me suena a requiescat in pace. 

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03 octubre 2014

Este Jueves Relato: Idiomas


Bajo la luz roja, únicamente soy capaz de distinguir el blanco de los ojos de mis compañeros. El resto es ruido y frío. El sonido del helicóptero es ensordecedor;  y aunque debería estar ya acostumbrado, esto es como los exámenes de la carrera, por más que uno sepa la materia no se termina de acostumbrar. Por la puerta abierta, retazos de desierto y de dunas. Arena que se ondula al son de nuestras aspas. Uno, dos, tres Tiger. Y no es la canción infantil. Sonrío ante mi propio chiste. Siento un ligero aturdimiento y el chicle que mastico no sirve de nada. No es el mal de altura. Un poco entumecido el brazo donde me pincharon; a la altura del hombro está un poco hinchado. Lo cierto es que, de todo lo que me iban explicando sobre terapias génicas, mapa del genoma humano y demás aclaraciones, solo me quedé con que, desde la puesta en marcha de los efectos de la dosis, comenzaría a olvidar el castellano y a pensar y poder hablar perfectamente en pashto y dari. La sustancia inoculada, intervenía a no se qué nivel cerebral, y no sé cuáles receptores genéticos, y permitía controlar perfectamente un idioma con nada más estudiarlo y escucharlo un par de días. Mi entrenamiento duró una semana. El tiempo de la misión sobre el terreno haría el resto. Podría recordarlo todo pero no expresarlo en castellano nunca más. Después, me las tendría que apañar si quería volver a aprender de nuevo cualquier otro idioma. Únicamente debía transmitir información, para todo lo demás, no era nacional, nadie me conocía ni me iría a rescatar en caso de problemas. Cuando el general médico me preguntó si tenía alguna duda o pregunta, dije que no. Ni las tenía ni creo que me las hubieran podido resolver.
Hemos parado en el aire y el tiempo parece suspendido. Se enciende un piloto verde. Se despliega una cuerda. Me toca pisar el desierto. En un perfecto pastún, me despido de mis compañeros: 
وداعا وداعا

Con tanto idioma no había puesto que hay más historias donde Juan Carlos al que agradezco desde aquí los idiomas de mi blog

26 septiembre 2014

Este Jueves Relato...Habla del silencio...

El silencio y la luz de la casa por la mañana cuando él la abandona semejan mucho a los que se intuyen en un lienzo de Hopper. Tanto tiempo admirando a ese pintor y ahora podía perfectamente ser una de las figuras cabizbajas que habitan en sus cuadros. Que habitan o que deshabitan porque desde anteanoche, su vida es un desierto de palabras que se pierden por los pasillos y recovecos de la casa. Y eso que ella ha intentado seguir con la normalidad, con la feliz rutina rutinaria. Pero la casa le parece muy grande y las horas, mucho más que sesenta minutos; aunque ahora es mejor cuando él no está. A veces le gustaría perder los papeles, desearía poder odiarle, mucho; no haber sentido vergüenza y haberse acercado.

Porque anteanoche no tuvo una reunión hasta tarde, no era hora punta para que se hubiera quedado atrapado en alguna de las muchas venas que desangran esta ciudad cada atardecer. Anteanoche la nada más abisal se le vino encima al contemplar unas sonrisas cómplices, aquellos devaneos, aquella entrada triunfal en la vinoteca. Todo perdió el color alrededor, quedó sorda. Tantas veces había dejado la televisión en silencio viendo escenas parecidas mientras ella hablaba por teléfono que, por un segundo eterno, pensó si aquella escena no podía haber sido escrita por cualquier guionista; después volvería a subir el volúmen de la televisión y la historia de amor continuaría. Pero no. Lo que continuó fue esa escena y el silencio solo lo aportaba la distancia a la que estaba.

El silencio solo lo aportan, ahora, la distancia a la que está, las lágrimas en salada soledad, el miedo a quedar callada, a no saber decir; y la terrible sensación de que el futuro es un edificio viejo al borde del derrumbe y cuyos escombros ella ya tiene en el alma.  
(Más en Matices en la vida )  

05 agosto 2014

Fratercula Arctica (Frailecillo, Atlantic Puffin, Lundis, Pulcinella di Mare...)

Es todo un espectáculo vernos a mis compañeros y a mí dejarnos caer, despeñarnos, arrojarnos desde los acantilados para zambullirnos en el océano y alcanzar el duro objetivo de unos pececillos o unos crustáceos que llevarnos a la boca. Nuestras cortas alas no permiten otra cosa y, aunque el agua está fría, siempre solemos lograr algo, por pequeño que sea. Ahora el tiempo manda que tenemos que marchar a alta mar, que ya en invierno retomaremos las costas, los escarpados acantilados y se nos podrá ver otra vez, con el plumaje renovado, hoyando la roca para proteger nuestras crías frailecillo de las gaviotas, demás depredadores y de las curiosas y masivas miradas de los de SEO Birdlife, que no nos dejan vivir durante los meses costeros. Que el periodo de cría sea fructífero y a la vuelta, podamos vernos todos de nuevo en la colonia o sociedad nidificante como nos llaman algunos…

(Una licencia para dejar descansar la conexión...iré conectando algún día, aunque no se si podré publicar...de momento dejamos un rato el blog en stand by...esperando, que seguro que algo ocurre. Besos)

01 agosto 2014

Este Jueves (Viernes) Relato Él y sus Circunstancias


Recuerdo que el año 1963 fue declarado por el Ministerio de Información y Turismo como “Año Nacional de la Paciencia y la Humildad”. Si Naciones Unidas todos los años declaraba un año internacional de algo, aquí en España no íbamos a ser menos. Con el tiempo he llegado a saber que hasta se publicó un decreto en el Boletín Oficial del Estado con toda una batería de medidas (como ahora pomposamente se dice), subvenciones para actividades y recomendaciones para los ciudadanos: prohibiciones de gritar y enfadarse; cursos de trato correcto a los extranjeros; normas de buena conducta en la carretera y en los bares; y prohibiciones, que siempre las había, de tratar mal a un superior o autoridad, de rechistar ante las diatribas de los jefes o policías, etc…hasta de intentar hablar ante una reprimenda del maestro. Y es que el Régimen era como nuestra casa y Franco como el abuelo de todos, cariñoso y dadivoso cuando íbamos de visita y nos portábamos bien, pero inflexible aunque de un modo generoso, cuando hacíamos alguna trastada. Yo, por todo lo que después pasó, siempre he tenido la impresión de que la trastada que tuvimos que hacer hubo de ser muy gorda y que, muchos de nosotros aún hoy cargamos con la pena de aquello que hicimos.
Recuerdo que ese año, papá y mamá fue en el que menos discutieron y se pelearon. Supongo que porque hacía mucho tiempo que no tenían nada más que echarse en cara o porque, en realidad, nunca habían tenido mucho que decirse. Así que a ninguno nos extrañó no ver los desayunos preparados esa mañana de primavera y a papá corriendo como pollo sin cabeza para ver donde estaba el Cola Cao, el azúcar y las galletas. Mamá marchó con la tía Viru y mi padre se quedó con nosotros y con todo lo demás. Eso sí, cumpliendo las recomendaciones del decreto de humildad y paciencia, sin rechistar, manso como un buey arando, arando…

Mucho más en el blog anfitrión de esta semana The Daily Planet´s Bloggers


24 julio 2014

Este Jueves un Relato: La máquina del Tiempo: Tireless



Y al leer la orden, todo el universo se me vino encima. “Desde la notificación de la presente y por orden del juzgado de instrucción número cinco de la Audiencia Nacional, de conformidad con lo que establecen los artículos 546 y siguientes de la Ley de Enjuiciamiento Criminal se autoriza la entrada y registro en la sede de la empresa Tireless, S.A. y la incautación de cuantos elementos sean relevantes para la causa…”. Y así continuaba una resolución de unos seis folios que me dieron nada más llegar ese lunes a la oficina. Me permitieron quedarme durante el registro e incluso el juez que daba órdenes aquí y allá me hizo alguna pregunta irrelevante. Duró ocho horas más o menos. Y era el fin.
Al igual que las impresoras 3D de alimentos no acabaron con el hambre en África sino que crearon hordas de gordos europeos, nuestra máquina tampoco alcanzó el fin deseado. Y si bien, la concesión exclusiva del gobierno nos permitió al principio el control de los viajes en el tiempo, cuando la concesión caducó y surgieron por doquier máquinas Tireless para uso doméstico, los viajes al pasado (no incluímos la tecnología para viajar al futuro) se convirtieron en un problema de orden público. Gente que dejaba de ir a trabajar, apariciones fantasmagóricas por doquier; y económico porque la gente dejaba de viajar a las playas y montañas para irse uno o dos siglos atrás, o unos años: hoteles y zonas de veraneo vacías como tras un holocausto nuclear. Por suerte tampoco incluíamos la posibilidad de transformar el futuro desde el pasado, con lo que minimizábamos los riesgos. Aún así, los gobiernos y, entre ellos el nuestro, consideraron inasumible que la gente estuviera moviéndose de esa manera, escapando a todo control y decidieron que se acabó. El delito fiscal es solo un pretexto, el procedimiento una farsa.

Con todo y con eso, la tecnología ya está en la calle y al alcance de todos, y será imposible su control aunque yo esté en la cárcel, eso sí si no me largo unos siglos atrás de viaje.

Muchos más relatos en el blog de María José 

16 julio 2014

Convocatoria Juevera: Túneles

Me invita mi amiga y compañera del taller de cuento Charo a participar en las convocatorias que, desde hace un tiempo, llevan a cabo un grupo de blogueros todos los jueves. Intentaremos estar a la altura. Pues ahí va mi historia.

Por un lado rodeándonos, la enorme estación de Munich. Del otro, nuestros pequeños e ininteligibles billetes de la DB Bahn en la mano. Menos mal que habíamos podido encontrar una máquina expendedora que funcionara en español. Andén 6 destino Salzburgo, una excursión cortita para visitar la cuna natal de Mozart.
El traqueteo y el madrugón hicieron que te durmieras a las primeras de cambio. Yo iba mirando por la ventana el bucólico paisaje de los Alpes lleno de florecillas amarillas y verdes praderas hasta donde alcanzaba la vista. Y montañas, altas cumbres que debíamos atravesar o subir para llegar a Salzburgo. Tu respiración acompasada a los saltos de las traviesas y tu cabeza apoyada en mi hombro. Una nube imposible tapó el sol por unos segundos y ante el tono gris que adquirió todo, no pude evitar pensar que, quizá, por estos mismos raíles habían viajado de ida sin vuelta muchos judíos durante la segunda guerra mundial. La vida a veces es en blanco y negro.
No sé el tiempo que llevábamos de viaje cuando, al fondo en la falda de la montaña, apareció la enorme boca de un túnel que se tragó el tren. Al instante las luces del convoy se encendieron despertándote.
El tren seguía avanzando, pero yo ya no era capaz de distinguir si de modo rápido o lento. Al asomarme por la ventana para intentar vislumbrar algo, el cristal me devolvía la imagen sonriente tuya y del resto de pasajeros. El tiempo dentro parecía no tener fin. El túnel tampoco. A mi me parecía que la marcha aminoraba mientras fuera era continúa la oscuridad.   

A nadie parecía preocupar que pudiéramos llevar horas o quizá ya días recorriendo un túnel hacia no se sabe dónde. Yo ya no entendía. Seguía intentando adivinar algo fuera, pero un color muerte lo colmaba todo. Pensé que podíamos estar parados. Que alguien vendría a rescatarnos. O que estaríamos perdidos para siempre en este túnel. O que, o que…tú seguías jugando con un mechón de pelo. Te miré suplicante y sonreíste. Suspiré. Fuera creo que seguía el traqueteo y la inexorable oscuridad. 

25 junio 2014

La Vida en Referente

Tal y como expresaba el gran José Luís Sampedro, la vida ha de ser siempre el referente. Y el tiempo no es oro, el tiempo es vida. Esa debe ser la máxima a aplicar. Y hablando de tiempo y de vida, este blog ya ha cumplido nueve vidas. Nueve años desde que se publicó la primera postal de esta vida en letras que es un blog. Un invento que, al principio era rápido y que, con el tiempo y el avance de las nuevas tecnologías, se ha vuelto un remanso de tranquilidad en el que guardar unas pocas palabras y un rincón en el que poder tomar un descanso un poco más amplio y más lejano de los ya manidos ciento cuarenta caracteres. Letras, letras, letras...me encantan las letras y me encanta que se paseen por aquí. Otro año más gracias por acompañarme durante todo este tiempo, por sus amables comentarios y críticas. Por todo. Amigos, vida, tiempo, letras...eso es un blog...eso es este blog. Gracias y seguiremos...

14 mayo 2014

El parte del tiempo

Hoy, papá, parece uno de esos días primeros de otoño que tanto te gustaban. De esos en los que un cielo encapotado anuncia la cercana llegada del invierno, pero que apenas deja una gotas de lluvia con las que remojar la seca sal que ahora tenemos en la garganta. Hoy, papá, sopla un viento un poco frío que agita las copas de los árboles y nos obliga a sacar del armario la rebeca para el alma que estaba guardada pacientemente.
Hoy, el parte del tiempo va a hablar de brumas matinales, de chubascos débiles, de días soleados por el sur, porque hoy el parte del tiempo va dedicado a ti y porque, en el fondo, hoy el parte del tiempo hablará un poco de todos nosotros.
Hoy, papá, cantamos soledades porque todos te acompañamos y porque tú nos acompañas.

Hoy…con este cielo encapotado, con este viento frío…porque estamos en mayo y es primavera…a pesar de todo.

15 febrero 2014

Spencer Ltd.

Ha muerto J. Spencer, famoso creador americano de puzles, rompecabezas y todo tipo de acertijos. Y resulta que el mito o leyenda del puzle al que siempre le falta una última pieza, es cierta. Lo confiesa el creador del primer puzle moderno en una carta póstuma encontrada entre sus cosas, en la que señala como causa una especie de paradoja sobre la imperfección del mundo. Si este no es perfecto, J. Spencer, consideró que todos los puzles que salieran de su ingenio o caletre lo harían sin solución, en el caso de los acertijos; o sin una  pieza en el caso de los puzles. Las máquinas de sus fábricas estaban concebidas tozudamente por ingenieros para ello, para troquelar una pieza de madera  menos.

Y yo, en la otra punta del mundo, lo he podido comprobar, tras intentar hacer un par de ellos con mi hijo. En la parte de atrás de la caja, siempre aparece el sello de Spencer Ltd. A eso se le llama hacer pingües beneficios de toda una mínima imperfección del terrenal mundo. O jugar un poco a dios, o pasar el rato, qué se yo. Descanse en paz el señor Spencer en cualquier caso.

08 enero 2014

El eco de los patos

La ciudad no me inspira. Las historias urbanitas tienen siempre como componentes o protagonistas a personas que llegan agotadas de sus trabajos, con un botón de la camisa desabrochado y la corbata suelta; o el pelo suelo o el tacón del zapato destrozado o con las punteras grises del roce. Sempiternas luces anaranjadas de eterno extrarradio. 
En la ciudad todo es movimiento; de coches, de personas; gente corriendo por todos sitios: unos haciendo footing porque se aburren en sus casas y no hay nada más sano para no pensar que sentir dolor físico, aunque sea por las agujetas que salen tras el ejercicio. Rotondas siempre atascadas de coches, malhumoradas caras tras los cristales en los semáforos…
Sólo alguna vez se puede ver el atisbo de lo que pueda ser la felicidad cuando encuentras algún personaje entre los plásticos de invierno de alguna terraza, o de los que se encuentran ocultos en bibliotecas o museos…el resto es movimiento, ajetreo, siempre cosas por hacer sin orden ninguno ni sentido… da la impresión de que todo se mueve en círculos, las ciudades se han convertido en un inmenso acelerador de partículas…humanas. 
En la ciudad el tiempo pasa muy rápido y de manera imperceptible; se puede llegar a perder el sentido de la realidad y hasta dejamos de oír el pulso vital que late dentro de nosotros. La gente anda perdida con ojos extraviados en sus pensamientos, y apenas atienden y responden automáticamente a las luces rojas y verdes de los hombrecillos que indican, en los semáforos, cuándo se puede cruzar y cuándo no…
En la ciudad todo se compra y se vende, las mercancías, los servicios, los domingos; están plagados los parabrisas de los coches de publicidad de puticlubs y servicios de señoritas con salidas a hotel y domicilios y todo tipo de facilidades, pago con tarjeta y discreción. En la ciudad todo es grande, hasta las desazones y las soledades, los desengaños…bueno, no todo, en la ciudad las personas son pequeñitas, lo son sus cosas y sus sentimientos, suicidios del tamaño de cajas de cerillas, asesinatos o robos en miniatura…todo un teatrillo de marionetas o un escaparate de tienda de juguetes.
En la ciudad no existe el presente, las cafeterías son vintage; los restaurantes modernísimos, el resto de cosas o muy nuevas, o muy viejas.

En la ciudad la vida se asemeja a un libro pensado por muchos autores, sin orden ni concierto y cuyo único mérito, casi exclusivo es, el haber sido escrito, aunque nadie sepa leer.
En la ciudad, las personas son como el eco de los patos: no se sabe si existe o simplemente es la reverberación de su propio graznido.

30 diciembre 2013

In Memoriam

Siempre suelo ir embebido en mis propios pensamientos e historias, así que cuando te ví en aquel andén de la línea uno o la azul o la marrón, puse la cara de bobo que me viste. Supongo que te alegrarías al ver que estoy un poco calvo y que mi cara ha engordado. Otra pequeña venganza del tipo de ver a uno de tus “ex” al cabo del tiempo y comprobar que está mucho peor que tú.
Yo por mi parte casi te he olvidado por completo. Apenas me acuerdo de los magníficos polvos que echábamos en los lugares más insospechados, por algún portal del barrio viejo en el que nos colábamos; o en algún aseo furtivo cuando salíamos; o aquella vez en que casi nos pillan follando en un ascensor cuando nuestro vecino iba a las cuatro de la mañana a bajar al perro; que digo yo que vaya horas para bajar al perro que tiene la gente.
También se me ha olvidado casi por completo ese lunar que tenías en tu generoso culo y que besaba con fruición abrazado a ti, mientras te prometía amor eterno tras una batalla sexual.
También se me ha olvidado tu perfume goloso de Poême, atrayente como pocos, dulzón y erizador de todos y cada uno de los pelillos de mi cuerpo…
Y ahora cuando llego a casa y veo mi sopa fría y a mis tres hijos, compruebo lo bien que lo hice consiguiendo que me dejaras por un cabronazo que te trataba mal, que te hacía sufrir y llorar, porque lo mío ahora, sí que es felicidad…de otro tipo, pero héteme aquí la mar de contento. Lo nuestro no podía ser. Como hombre busco siempre algo más que follar y follar, y con tu insustancialidad vital era imposible...creo.

A ti por el contrario, te veo bien, pareces cansada pero contenta, veo que te ha sorprendido verme. Supongo que me tenías perdida la pista y no pensabas que pudieras encontrarme aquí. O quizás te habías olvidado casi de mí, como yo de ti…

24 diciembre 2013

Feliz Navidad

¡Ya lo estoy viendo! ¡Ya lo estoy viendo! La mirada incrimitaroria de la abuela porque es la única alegría que se da entre el cóctel de pastillas que ya toma para sus múltiples achaques. La mirada conmiserativa de mamá pensando “si lo he pario yo, qué queréis que os cuente”. Papá no estará, habrá resoplado como un toro antes de embestir y, por no darme un topetazo, se habrá marchado pasillo arriba. El resto de la familia estará entre el estupor y la risa…sobre todo mi hermana pequeña que siempre me ha tenido una envidia…y he aquí que son las seis de la tarde y estoy en el Mercadona de al lado de casa, repelando las existencias que han dejado el resto de los “consumiendos”, para ver si logro sacar algo para cenar esta nochebuena: un poco de jamon de york, unos dátiles, un bote de melocotón en almíbar, vino, eso, vino no puede faltar…y es que solo a mí se me ocurre, traerme en el coche, vivo y sin caja desde el matadero al pavo. Ya, lo sé, pero no encontré cajas en ningún sitio. Además, le puse el cinturón de seguridad por si me paraba la guardia civil. No hizo falta, las primeras rotondas antes de salir a la carretera fueron bien, pero al salir a la general y coger el vehículo velocidad, el bicho abrió los ojos como platos, comenzó a agitar el moco ese rojo que le cuelga de la nariz y a arrearme unos picotazos…mirénme, parezco un ecce hommo…tuve que parar el coche en el arcén para acomodar al bicho en el maletero y fue ahí, cuando al soltar el cinturón, se fajó y salió corriendo campo a través, que no sabía yo que un pavo pudiera correr tanto…tenía frío y cara de bobo viendo al pavo alejarse entre encinares hacia una vida mejor…al final sólo se me ocurrió gritarle…¡Feliz 2014 y no te preocupes por mí que yo ya veré lo que ceno! 

14 noviembre 2013

El minuto del diablo

De todos es sabido que el tiempo que tenemos es prestado. Lo que mucha gente desconoce, algo normal por otro lado, es quién es el prestamista. No obstante si, estamos atentos a los signos, en seguida nos podremos percatar del mismo y de aquello que hace para que nos percatemos de la deuda que tenemos contraída. Puede ser una sombra, una fría o susurrante corriente, puede ser un minuto o algo mucho peor, pero creedme que uno se da cuenta. 
Yo he tenido un primer requerimiento en forma. En la mañana fría del miércoles, como a medio día. El sol radiante jugaba a engañar porque apenas si calentaba unos grados allá en lo alto. Y justo allá en lo alto fue como poco a poco, creció una algarabía gruyendo. Y ya se sabe lo que significa una bandada de grullas en plena emigración. A mi, por el contrario, siempre me había parecido un espectáculo muy bello, hasta aquel minuto de miércoles. Porque justo después de pasar aquella parvada, saltó el diferencial de la luz; quedó sin luz el frigorífico, la campana extractora y demás aparatos eléctricos de la cocina. Eran las 12 y 21 de la mañana tal y como pude ver en el reloj del microondas antes de que se fuera la electricidad. Nunca antes había saltado la luz en casa. Oí entonces un clic seco: el diferencial debió saltar. Dirigí mis pasos hacia la caja de la luz que contiene todos los interruptores y, efectivamente el diferencial estaba bajado, si bien, me percaté de que la caja estaba ligeramente abierta y me pareció oír otro pequeño crujido fuera. Siempre hay algún crujido fuera. Rápidamente abrí la puerta y un viento gélido como la muerte me golpeó la cara. Entré al instante a la cocina y, comprobé que todos los electrodomésticos emprendían de nuevo su marcha. Miré por la ventana y tuve la extraña sensación de que todo estaba parado. Habrían transcurrido un par de minutos. No obstante el reloj del microondas marcaba las 12 y 21 minutos tras volver a encenderse, como el reloj de pared de la cocina. Por un momento dudé, aturdido, si habría transcurrido tiempo alguno o no. !Al diablo! Habrán sido imaginaciones mías. ¿Imaginaciones? Sí, efectivamente, al diablo. 

01 noviembre 2013

No sé si por Halloween

No sé si fue por Halloween cuando comenzó. Lo cierto es que aquella noche la gata, nuestra gata, se había mostrado más inquieta de lo normal; lo mismo ronroneaba que dejaba de hacerlo; se subía encima nuestro mientras veíamos la televisión y se bajaba al instante impulsada por una extraña fuerza, por un invisible soplo que nada más ella era capaz de percibir. 
Fuera, como siempre para la noche de ánimas, el viento ululaba, y movía las hojas. Arriba las estrellas heladas brillaban ya con fuerza de noche de invierno. La gata, nuestra gata, seguía con su incómodo peregrinar por todo el salón. No tenía hambre; no tenía sed y comenzaba a maullar o gemir, aún no lo tengo muy claro. Siempre se ha dicho que los animales son más sensibles para algunas cosas y esa noche parecía que notaba algo. "Será el gato ese que viene a quitarle la comida".  
La persiana estaba a medio bajar. Me asomé y vislumbré sobre la valla que limitaba el patio del resto de los chalets unos terribles ojos amarillos mirándome fijamente. "Ahí está" Pensé. Salí dispuesto a darle un buen sopapo al gato fisgón. Pero para cuando pude alcanzar su altura, no había nada, ni el más mínimo rastro del felino; pero tampoco se percibía nada que hiciera denotar su presencia. 
Hubo otro ruido de hojas y de nuevo pude ver aquellos terribles ojos amarillos mirándome con la fijeza de un demonio. No eran los ojos de un gato, ni siquiera se veía la negrura del cuerpo del minino. Se iban acercando. Ojos amarillos de odio. Parecía que pudieran volar. Se acercaban y desaparecían de nuevo. Comenzaba a tener los pelos encrespados del miedo. Quería dejar de asomarme por la rendija que quedaba entre la persiana y el alfeizar, pero me era del todo imposible. Traté de entretenerme con la televisión y el sofá, pero ya se sabe que el ruido de la televisión es ahora intranscendente. Trataba de evitar dirigir la mirada hacia la ventana, mas cuando lo hice, allí estaban esos dos ojos amarillos demoniacos mirándome fijamente ahora desde el alfeizar de la ventana. Estaban ahí al lado. Di un respingo del sofá y bajé la persiana de un golpe seco. Tenía seca la boca y los ojos más que abiertos. No pudo ser un sueño.
A. no los había visto y no me creyó pero desde aquella noche todas las persianas de casa se bajan a tope por las noches para no dejar pasar nada de luz o ruidos. No obstante, de vez en cuando se oye fuera, en el patio, el ruido de hojas moverse, un hondo gemido o carraspeo del más allá y, yo tengo por seguro que están esos dos terribles ojos amarillos mirándonos desde cualquier atalaya de nuestro propio patio, cerca, muy cerca, cerca, muy cerca...

28 agosto 2013

Ignoto

Ignoto era atildado como ninguno en el barrio y pocos en la ciudad. Todas las mañanas pasaba camino del taller bien temprano, enfundado en su elegante gabardina gris rayón y poliester tamaño enanito de jardín; porque Ignoto era bajito, mucho; y calvo, mucho; apenas una corona de pelusilla circundaba una enorme tonsura redonda que ya quisieran para sí muchas personas mayores que él. Porque Ignoto era joven, bastante, aunque no lo pareciese. 
Al llegar al taller con un grácil gesto dejaba la gabardina en el perchero. Este gesto dejaba al descubierto el color de su camisa para ese día, distinta del anterior y del siguiente; y los tonos pastel de su pajarita, una distinta para cada semana. Pasaba por delante de la mesita de recepción dejando tras de sí un ligero perfume de bergamota que, ninguna de las chicas que estábamos en el taller, supimos nunca identificar correctamente a qué marca de agua de colonia pertenecía. Cogía el batín y la aguja y dedal o el lápiz, dependiendo de los días, y a trabajar. Porque Ignoto era primer oficial de costura en el más afamado taller de una capital de provincias. 
Ignoto llevaba al taller tonos de camisa imposibles, ideas de trajes impensables, pajaritas sublimes en tonos pastel o con estampados severos y, siempre, pantalones y chaquetas con caída perfecta. Porque Ignoto era elegante, mucho, aunque también a su manera. Estas son las tendencias de París, de Milán, decía. ¿Y en Madrid?, ¿qué se lleva en Madrid? preguntábamos. Niñas, Madrid, como España, todavía no pinta nada. Traía al taller revistas de nombres extraños y rimbombantes que no habíamos visto en nuestras vidas y que conseguía como en los tiempos del estraperlo. En ellas aparecían señoras vestidas con trajes y vestidos modernos, con telas como traídas del futuro, colores y tonos inimaginables. Todo esto y muchas cosas más que no os puedo contar, es el futuro y, cuanto antes nos acostumbremos, mejor para nosotros, nos contaba. Nosotros le rogábamos, ¡cuéntanos más Ignoto, por favor! Él se hacía el remolón con tono de comadre cariñosa. ¡Cuéntanos más secretos de lo que va a venir y va a estar de moda, Ignoto, por favor! Tratábamos de sonsacarle. Una peseta un secreto, ¡anda!...¡No lo haría nunca por dinero! Nos decía cogiéndonos las manos entre sus pequeños y regordetes dedos. Pero cogía las pesetas, y hacía confesiones sobre telas y diseños. Cogía las pesetas, nos pedía que cerrásemos puertas y ventanas y hacía como que se iba a bajar los pantalones; aunque al principio sólo mostraba una pequeña parte blanca del lateral del muslo. Había grandes risas en el taller en esas tardes.
Fue así, por una peseta como vimos las preciosas braguitas de perlé que usaba Ignoto; otras más grandes de raso; y otras preciosas de encaje, de un virtuosismo arabesco nunca antes visto e imposible de imitar. Y fue por una peseta como vimos el primer tanga de nuestras vidas, delimitando los femeninos albos glúteos  de Ignoto con un minúsculo hilo por detrás entre los mismos y con apenas un triangulo en la parte de delante, delimitador de todas las imaginaciones posibles.
El futuro era insinuador, sibilante, un pequeño fetiche de ricos y variados telillos; una jugosa manzana del bien y del mal a la que hincar el diente entre telas. 

01 agosto 2013

Celulosa

El fuerte olor a celulosa que impregna el papel con el que me he sonado la nariz, me ha trasladado por un momento a mi Pontevedra natal. Ese era el olor que emanaba del humo de la fábrica papelera que había instalada en su ría; me ha traído a la memoria las grandes chimeneas y esa bruma pegajosa que lo impregnaba todo por las mañanas en las que no sabías si lo que se veía al fondo era la romántica niebla marina o la descorazonadora espesura de la industrialización.  Fue por aquel entonces que dejé de salir a correr por la ría para dar mis paseos por el centro antiguo de la ciudad. Y es ahora que este olor me vuelve a recordar lo lejos que estábamos de todo, el ambiente propio y endogámico en el que se desarrollaban nuestras vidas en Galicia y la necesidad que teníamos a veces de sentirnos comunicados con el resto del mundo...más o menos como aquí...
Ese fuerte olor a celulosa es el mismo que tienen aquí los folios en los que te escribo esas cartas de las que nunca obtengo respuesta (tampoco la espero si he de decir verdad); por un momento imagino que debe ser lo único aséptico aquí en este chamizo que llaman hospital y en el que nos tiramos trabajando veintiséis de las veinticuatro horas que tiene el día. 
Aquí también todo está muy lejos del mapa pero la necesidad de huir es distinta porque lo que tenemos muy cerca es la vida y la muerte: ambas dos están siempre a un segundo de tu mano; de tus dedos encrespados; de una sutura bien hecha con una gasa mil y una vez usada o; de la correcta administración de una dosis de vacuna o la colocación más o menos casual de una mosquitera por las noches...
Cae el sol de nuevo y terminamos otra jornada extenuante de trabajo...allá abajo unos niños juegan al fútbol con un balón que nos regaló Messi en una anterior visita. Levantan una enorme polvareda roja, distinta a la  niebla de mi Pontevedra natal que era blanquecina apenas. Y por un momento, me reconforta pensar que todo en el mundo es igual y que lo único que cambia es el color que tiene la bruma de la amanecida o la puesta del sol.  

11 julio 2013

Fe de letras

Finalmente no se consumó el literaturicidio y nuestro querido amigo Goathemala ha vuelto, con calma, y está retomando, la sana costumbre de su sabio vouyerismo de letras. Para nuestra suerte, continúa asomándose a este mundo en el que todos somos un poco, otros. Gracias y que dure.
Pd. Por no eliminar la anterior postal, añado una nota rectificativa o fe de letras, más que de erratas y listo.