¡Le Roi est mort! ¡Le
Roi est mort! Ocho días después aún resonaban en mi cabeza los ecos de la gente
gritando aquella frase por las calles de París. Aún era temprano cuando aquel
soldado barbilampiño golpeó mi puerta y me indicó que mi presencia era
requerida de modo inmediato en la corte. Debía hacer la autopsia al Rey Sol y
eviscerar como ordenaba la tradición. La mañana era buena y la marcha fue
incluso agradable. Ahora hacíamos el camino contrario de Versalles a
Saint-Denis. El cortejo iba lento y la gente salía al paso de los carruajes. En
el centro, la gran carroza real totalmente cubierta, portaba el cuerpo vacío
del monarca. El silencio era negro como el humo de los hachones que portaba la guardia
real. De cuando en cuando el graznido de algún cuervo entrometido rompía la
quietud. Detrás, más soldados y el resto de carruajes. En uno iba yo portando
todas las entrañas de aquel hombre semidivino. ¡Le roi est mort! Volvía a sonar
en mi cabeza, gritado por las gentes. Y justo a mi lado, el cofre de plata y
oro en el que portaba corazón y demás órganos. No eran distintos de los demás,
ni más grandes, ni más pequeños, ni menos rojos, casi azules ya. ¡Le roi est
mort! Y la terrible certeza de esa frase me helaba la sangre. Sí. Está muerto,
he aquí su corazón y sus entrañas a bordo de este humano carruaje. Camino de
Notre Dame y de San Luís-San Pablo. Le roi est mort, vive le roi, pensaba yo
también según nos acercamos a París…
22 enero 2016
Este Jueves, relato. Sucedió a bordo de....Le Roi est mort
Esta semana nos invita Pepe a contar alguna historia que haya ocurrido a bordo de...pues ahí va la mía (creo que dentro del tema), que ya era hora y llevaba mucho tiempo sin participar. Por cierto, felices letras y año 2016, que no había dicho nada.
30 octubre 2015
Este Jueves, Relato: Los Olores
Esta semana nos invita Dorotea a hablar de la magia de los olores. Después de unas cuantas semanas sin participar y, aunque no me gusta el relato que he hecho, he considerado mejor participar. Ahí va mi aportación

Nunca podría dejarte. Creo
que no podría empezar con nadie que oliera de manera diferente a como tú lo
haces. No podría acostumbrarme a otro olor que no fuera el tuyo. Ese olor
blanco de Pôeme que aparece en tu cuello todas las mañanas. O el olor azul de
tus ojos silenciosos y profundos.
Tampoco creo que me
acostumbrara a un olor que no fuera el de nuestra casa. Un poco especiado y
cálido. Naranja. O a otro aroma distinto al del café que trajimos de Oporto y
que recorre una por una todas las estancias por las mañanas.
Al de nuestro sofá cuando
estamos tumbados y tapados con nuestra manta de cuadros escoceses y lo único
que se oye de fondo es el sonido de tu
respiración sobre el telón de la noche.
No. No podría dejarte. Me
daría una pereza enorme tener que comenzar de nuevo, oler otras cosas, otras
casas, otras personas. Quizás otros niños pequeños. Tener que oler legajos rancios
de abogados, olfatear discusiones y negras soledades.
No. Prefiero guardar en
pequeños segundos nuestras esencias para poder rescatarlas si llega el día en que, de tanto amor, pierdo
el olfato.
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Relato
18 septiembre 2015
Este Jueves, Relato: Un retrato
Este jueves nos invita Juan Carlos a que "nos retratemos" o que retratemos o que describamos. En definitiva que pintemos, que es a lo que nos dedicamos, pero con las letras. Ahí va mi minúscula pintura.
No, mamá, indicaron todos al
unísono.
Tic, tac. J. se levantó y paró el péndulo. Dio un beso a todos, uno por uno y se marchó. Sus pasos retumbaron por el pasillo porque la casa estaba un poco más vacía.
Después de un rato en el que
nadie hablaba, J. rasgó el silencio y preguntó por el retrato de papá. Todos se
miraron. Tic, tac. El reloj de péndulo colgado en la pared seguía haciendo su
trabajo a pesar de todo. Era cierto, no se encontraba en la pared. En su lugar
una cuadrada mancha blanca, más clara la pintura en ese trozo.
A papá le hacía mucha ilusión
ese retrato porque lo había pintado la abuela.
No sé, dijo T., alguien se lo habrá llevado.
¿Para qué querría nadie
llevarse un retrato? ¿Es que estamos como en el pueblo en el que hay que
guardar las cosas de valor para que no se las lleven las vecinas que venían al
velatorio?
Pues no está y punto, terció
V.
Tic, tac.
Pues papá me decía que sería
para mi, insistió J. Yo de pequeño me quedaba como un niño tonto mirándolo
durante mucho rato. No se parecía a papá, ni por los rasgos, ni por los colores.
La abuela había pintado otra cosa, otra cara, pero creo que todos sabíamos que
era papá.
O de verlo tanto tiempo ahí,
todos pensamos que era papá, sollozó C.
Pues lo quería, lo quería, me
encantaba y era para mí. Y ahora no está, y alguien se lo ha llevado. Lo
quiero, si alguno de vosotros lo tiene que me lo de, por favor. Quiero mirarlo…ya
le tenía un sitio reservado en casa, su rincón favorito.
Todos se miraron. Tic, tac…
Ayer a estas horas…, empezó
C.
Todos chistaron a la vez e
interrumpieron a C. Tic, tac. El sol se estaba yendo y, de nuevo haría largas
las sombras de los edificios sobre la gran avenida. Tic, tac.
¿Queréis cenar algo?
Tic, tac. J. se levantó y paró el péndulo. Dio un beso a todos, uno por uno y se marchó. Sus pasos retumbaron por el pasillo porque la casa estaba un poco más vacía.
04 septiembre 2015
Este Jueves, Relato: Leyendas de mi tierra
Este jueves nos invita Perla Gris a escribir sobre leyendas de mi tierra. He de decir que me he encontrado no con un inconveniente sino con varios, tantos como los sitios a los que me siento ligado. Soy de Murcia, vivo en Ocaña (Toledo), paso mucho tiempo en Aranjuez y siento un apego muy grande por Mota del Cuervo, por razones de peso. Así que he tenido difícil, lo de elegir leyenda. Me he decantado por algo que oí o me contaron de aquí donde vivo...ruego me disculpen porque me he pasado un poco de palabras pero era complicado resumir la historia y la persona que lo contó era prolija en detalles...

Para montar un negocio, lo primero que hay que tener es una buena idea. Y luego que no haya factores o circunstancias externos que hagan que el negocio pueda no funcionar. Pues bien, en el bajo que se encuentra en el bulevar junto al Casino y que hace esquina, ningún negocio prospera. Y eso que el bajo es amplio y se encuentra muy bien situado cerca de la Plaza Mayor.
Con anterioridad no sé lo que
habría. Pero desde que vivo aquí, han fracasado un bar, con lo que es un bar en
este país y una entidad bancaria. Ni más ni menos. En la oficina de la entidad bancaria
conocía yo al director. Tomábamos café algunas mañanas. En la inauguración, me
enseñó las instalaciones. En la planta baja, la oficina propiamente dicha. En la
primera planta, un par de despachos. Y en la última, en una antigua vivienda,
los archivos.
Al principio todo era normal. Pero con el tiempo, las cajas y
papeles se acumulaban en la planta baja. Los empleados no querían subir al archivo.
Decían que se oían ruidos extraños, bufidos de bestia, gruñidos. Alguna caja
había aparecido como mordida. Un becario dijo una vez que había visto una
gárgola, pero real, enorme y verde. Se le había quedado mirando con sus
pequeños ojos rojos. Parecida a la que desaguaba la lluvia del tejado. Lo
cierto es que yo siempre vi a la gárgola bien colocada en la esquina. Aunque
también lo es que no volví a ver al becario.
La mañana en que estaban
desmontando la oficina, tomamos café en el Casino el director y yo. Coincidimos
con P. R. que nos contó algo sobre una maldición echada sobre el edificio por
una antigua dueña que murió sola y a la que encontraron al tiempo como petrificada. Unos
dicen que se reencarnó en el bicho y que, de cuando en cuando, exige un pequeño
sacrificio. Que a veces de ese tejado, aparte de agua, puede caer algo de
sangre. Otros hablan del mismo diablo que habita en esas estancias. Sea como
fuere, lo cierto es que no hay negocio que prospere en ese bajo y que alguna
vieja se persigna al pasar por esa esquina…esté o no la gárgola.
27 agosto 2015
Este Jueves, Relato: Fanfictions, etc...
Tras un periodo sin publicar por falta de infraestructura, me uno a esta convocatoria que nos hace el Demiurgo de Hurlingham en su blog. Yo he elegido cambiar un poquito un cuento. No se si cumplo exactamente con la convocatoria pero ahí va.

Con aquel portazo tras de sí,
Caperucita Roja cerraba el capítulo más oscuro de su vida. Aquella mañana
también llevaba la cestita con todo lo que su madre le había preparado para la
abuela. El cuartillo de vino del tónel, el pan del cercano horno y todo el
cóctel de medicinas que tomaba la abuela para sus distintas dolencias y que
Caperucita había sacado de la farmacia la tarde anterior. Los nervios se le
habían bajado al estómago que se removía amenazante, pero el bosque de hormigón
urbanita no le pareció siniestro esa mañana. El verde tenía otro tono. El camino,
otra veces pesado, le pareció más corto. Hasta empezó a gustarle el barrio alto
donde vivía la abuela.
Al llegar a la casa, lo
primero que hizo fue zafarse de esa horrible caperuza roja. Abuela, vengo para
quedarme. La abuela le tocó la cara justo en el sitio morado junto al ojo. Como
quieras mi niña. No dejaremos que el lobo te vuelva a tocar. Seguro que
intentaría subir y hacer que volviera, de todos es sabido que a los lobos les
gusta la carne bien fresca. Pero en eso ahora no pensaba. Ex Caperucita Roja,
estaba acurrucada en el regazo de su abuela, viendo el show de Oprah y la
resolución de esa imponente negra, junto al calor del sofá, le dieron una
sensación de seguridad que no había tenido nunca hasta entonces.
Tal y como pensaban, fueron
muchos los intentos de su madre para que volviera con ella a casa. Lloraba delante
de la puerta, gritaba, gemía, amenazaba para implorar perdón a los pocos
segundos. Todo hasta aquel día en que, yendo más allá, intentó reventar la
puerta de una patada y, al abrir, lo único que vio enfrente fueron los cañones
de una recortada. Nada más. El resto fue el sonido de un tiro muy cerca. El lobo
cayó como un pelele de feria. La abuela soltó la escopeta aún humeante y buscó
con la mirada a Caperucita Roja. La vio detrás en un rincón, junto al teléfono.
De fondo ya, el sonido de las sirenas tardías de la policía.
06 agosto 2015
Este Jueves Relato: Relatos del frío

Nos propone Dorotea esta semana que hablemos del frío. Y dado el tiempo que estamos padeciendo, vamos a refrescarnos un poco. Ahí va mi aportación.
Esta mañana el diario
comentaba la noticia de que el tren que va al norte, hacia la montaña sagrada,
había tenido que parar dos estaciones antes de lo que era habitual debido a la
nieve. De haber seguido no habría podido llegar al templo de Tstasumoto, al pie
de la montaña. La gente estaba molesta porque tampoco sabía si por la estrecha
carretera que recorre toda la región de sur a norte iban a poder alcanzar su
destino. Y justo en el festival de otoño, cuando más gente visita el templo
sagrado. Pero esta vez parece que los dioses vuelven a jugar y han adelantado
una tremenda nevada…
Los habitantes de la zona
están ya más que acostumbrados al tono violeta que tiene la nieve en el norte. Ahora
estarán preparando todo para el ceremonial del te. También sacando las mantas y
los aperos de cara a la nueva estación. Estarán los arces ya desprendiéndose de
la hoja y las zonas, antes boscosas, comenzarán a parecerse a los brazos de los
viejos, y serán azotadas por el viento, y sonarán sus ramas como las tablillas
litúrgicas en los santuarios.
Comenzarán por aquí y por
allá a aparecer los humos de las
chimeneas señalando dónde están las aldeas con sus casas y las casas con sus
gentes. Y todo se hará más difícil en este país de nieve. Y silente se llegará
el invierno que hace mínimas todas las cosas. Todo se para, se hace más lento. Se
helarán las conversaciones que, desde este momento, vagarán enganchándose a las
ramas de los matorrales como girones blancos de niebla y quedarán pendientes hasta la primavera.
Quedará el templo vacío, con
sus monjes. Y la montaña sagrada, mostrará durante un tiempo sus más puras
formas blancas, dominando como los dioses el destino de todos nosotros.
25 julio 2015
Este Jueves, relato. Viaje a un lugar imaginario. Cierre de convocatoria
Esta semana proponía un viaje, una pequeña escapada a cualquier lugar que pudiéramos o quisiéramos visitar o sobre el que nos apeteciera contar algo. Y lo cierto es que mis expectativas se han visto superadas con creces porque hemos viajado mucho. Hemos visto puentes, islas, ínsulas, bajado a los mismos infiernos, costas irlandesas, hemos asistido a batallas míticas, descubierto instrumentos; hemos estado en el lejano oeste y en una Verona más que cercana, utopías más que dudosas, países de nunca jamás y hemos percibido la desolación en más de uno...han sido todos, relatos fantásticos en todos los sentidos, refrescantes. Son ustedes unos auténticos genios creadores.
Muchas gracias a todos por vuestra participación e imaginación. Ha sido una experiencia más que grata esta coordinación. Espero que les haya gustado y si algún fallo ha habido perdón pido él.
Y ahora pasamos el testigo a Maribel, que nos convocará para este próximo jueves. Gracias. Nos vemos en las letras.
24 julio 2015
Este Jueves, relato: Historias, Personajes en un lugar imaginario
Y casi a última hora. Aquí dejo mi aportación al tema de esta convocatoria.
De la foto que cuelga en el
salón de la asociación de cazadores de Luvina, no queda nadie. Ni siquiera los
que entonces, cuando fue tomada, éramos niños. Fue en el patio de la casa de D.
Gumersindo que tenía aquellas columnas de madera y aquel suelo empedrado que se
te clavaba en el culo cuando estabas sentado. Los mayores aparecían con sus
flamantes Winchester, mientras que los niños llevámos unas Benjamin Sheridan.
Todas las tenía D. Gumersindo en su armero y las había cedido para la
asociación. Él ya no tiraba a nada y en Luvina una plaga de coyotes, se decía,
estaba acabando con lo poco que había para llevarse a la boca. Era raro el día
en que no aparecían gallinas muertas o algún burro o los perros que, con sus
ladridos, tendrían que haber avisado que los coyotes andaban merodeando.
Desde que se creó la
asociación, los hombres en vez de estar en el bar, organizaban batidas
nocturnas en busca de alimañas. A pocos pasos de las afueras de Luvina, ya
podían adivinarse sus diabólicos ojos brillantes y percibirse sus terribles
aullidos, solo parecidos a los del viento que siempre sopla por acá.
Esas batidas fueron el fin de
la asociación, porque por esa época ocurrió lo de aquellos niños. Antonio
Parreño, aseguró que no era coyote sino demonio lo que vio y disparó todo el
cargador sobre aquella oscura sombra. Algo parecido le ocurrió a José Somoza
que, al final de sus días, aún no sabe contra qué disparó. Y así a muchos más,
aunque no contaran lo que habían visto o no.
Lo cierto es que jamás se vio
un coyote muerto en Luvina. Luego llegaron las venganzas y sus balaceras. Y
después un tiempo de silencio, únicamente roto por el ulular del viento entre
el follaje seco que todo lo abarca.
Y más tarde, volvieron los
aullidos a las noches, aún más fuertes, más humanos. Y volvieron a verse por
los alrededores de Luvina, aquellos ojos brillantes, acechadores a los que siguieron
las sombras y el viento y el polvo, como
un mal sueño.
23 julio 2015
Este Jueves, relato: Viaje, historias, personajes en un lugar imaginario. Lista de participantes
Empiezan a llegar los primeros relatos de esta convocatoria (si tengo algún despiste, avísenme y se corrige o pone o enmienda...que todo puede ser):
- Leonor
- Molí del Canyer
- Alfredo
- Cass
- Carmen Andújar
- Montserrat Sala
- Charo
- Mirella
- Dorotea
- Pikxi
- La trastienda del pecado
- Maribel
- Pepe
- H...(Perla Gris)
- Alma Baires
- El Demiurgo de Hurlingham
- Eduardo
- Carmen Magia
- Neogeminis
- Max Estrella
- Tracy
21 julio 2015
Imágenes
(Nota: todas las imágenes son de internet. Si alguna tuviera derechos de autor, póngase en contacto con el administrador del blog y será inmediatamente retirada)
19 julio 2015
Este Jueves, Relato: Propuesta
Llevo participando unas cuantas convocatorias en estos jueves literarios y he pensado que podía ser buen momento para lanzarme a coordinar uno. Para ello he estado dándole vueltas a muchos temas que se me ocurrían sobre los que escribir. Y como suele suceder en estos casos, uno se queda con el más raro, original si quieren o estrambótico (pueden calificarlo como gusten).
Ahora que por estos lares y otros muchos estamos pensando en coger vacaciones o buscar un lugar en el que pasarlas...o que todos tenemos en la mente un lugar fantástico en el que nos gustaría vivir o por lo menos visitar, mi propuesta es esa. Que sitúen la historia en un lugar fantástico, irreal, imaginario y que en el mismo se desarrolle. Que ustedes o el personaje de que se trate, viva o pase o visite el lugar imaginario. Les propongo unos cuantos y lo dejo abierto por si a alguien se le ocurre algún otro:
- La ínsula Barataria que aparece en el Quijote.
- Luvina, extraído de los textos de Juan Rulfo.
- Macondo, que creara Gabriel García Márquez.
- Antíbula, que aparece en las novelas de Fernando Aramburu.
- El País de las Maravillas, en el que Alicia también se perdió.
- Un lugar de la Mancha del que Cervantes no se quiso acordar.
- El País de Nunca Jamás de Peter Pan.
- Liliput o Balnibarbi de los Viajes de Gulliver.
- ...cualquier otro que conozcan o se les ocurra...eso sí, con cita para poder situarnos por si queremos el resto visitarlo...
Espero sus propuestas a partir de el miércoles. Y recuerden las normas de Tésalo en cuanto a extensión y demás reglas para la participación. Pido de antemano disculpas por si hubiere cualquier fallo y deseo que les guste la propuesta.
09 julio 2015
Este Jueves, relato: Sucedió en un tren
Debíamos continuar la historia donde Alfredo la dejaba, así que allí vamos.
Su voz era como un susurro, hablaba y hablaba sin escatimar en
detalles. A esas horas de la noche, los pormenores sobre la historia de nuestra
familia me adormecían sin poder evitarlo. El abuelo repetía una y otra vez la
aventura de aquel viaje en el que una vez en el tren los rociaron con un
líquido apestoso que no sabían lo que era. El vagón estaba lleno, tanto, que no
cabían nada más que de pie. Nos contaba cómo él había recorrido esos mismos
parajes la primavera anterior y, entre los escombros de la guerra aún pudo ver
cómo la hierba seguía creciendo y las florecillas acudían fieles a su cita con
la estación tierna.
Al fondo estaría la montaña por la que intentó huir sin éxito. Quizá
hiciera el mismo frío que esta noche. Poco a poco la voz del abuelo se fue
alejando. Solo algún traqueteo del tren lograba despertarme un poco. Tenía una
pesadilla. Ladraban perros feroces, había luces fuertes e indeterminadas que
marcaban grises caminos. El vaho de los judios se mezclaba con la saliva de los
soldados y el calor de los canes…De repente me desperté.
El tren estaba parado. Salzburg. Todos habían bajado a por un café y un
cigarrillo. Él también fumó. Y fue al baño. Fue allí donde decidió que no
quería seguir ese viaje nostálgico al dolor. Con todo el ajetreo nadie se daría
cuenta. Esperó un poco y salió justo en el momento en que el tren abandonaba la
estación…
03 julio 2015
Este Jueves, Relato: Un día en la vida
Esta semana nos propone Juan Carlos, que escribamos sobre un día en la vida. La verdad es que he de reconocer que se me ha hecho difícil y que me he pasado un poco con las palabras, pero creo que era mejor publicarlo que dejarlo en el tintero, no quería faltar. Espero sepan disculparme y que les guste mi aportación.
María pensó que aquella era
la primera mañana del otoño, a pesar de encontrarse a mitad de junio. Soplaba una
brisa que hacía apetecible tomar el café en la terraza. El sol todavía no había
terminado de despuntar y el único ruido que había era el de los pájaros
piadores y perezosos aún en esas primeras horas del día.
María puso y tendió una
lavadora. Justo cuando ponía la última pinza oyó como empezaba a borbotear el
café en la cocina. Lo dejó que terminase de chisporrotear y, se sirvió una taza
que cortó con un poco de leche. Miró la hora en el reloj de la cocina, las
ocho. A esa hora, su niño, porque a pesar de tener ya treinta años, nunca
dejaría de ser su niño, debería estar llegando. De un momento a otro tendría
que llamar.
Salió a la terraza y con el
semanal del domingo anterior sorbió poco a poco la tranquilidad de la hora. El sol
seguía su riguroso camino y secaría la ropa en un momento. Un artículo de
Javier Marías, otro del pedante de Manuel Rivas, el de Almudena Grandes, y la
sensación de bienestar que aumentaba con el calorcito del estómago lleno.
Terminó y se acercó de nuevo
a la cocina. La recogió, mirando de reojo el reloj. Debería haber llegado ya y,
debería haber llamado. Pero no. En fin, no quería ser de esas madres pesadas.
Ya llamará.
Hizo el resto de cosas de la
casa, la comida. Comió oyendo de fondo las noticias por entretenerse. El
tic-tac del reloj de la cocina, comenzaba a hacérsele insoportable. No, me
niego a estar al lado del teléfono esperando una llamada que no se si se
producirá.
Transcurría la tarde y, ya
buscaba cualquier excusa para acercarse a la cocina a mirar la hora. Terminó llamando
al móvil. Aparecía desconectado. Se sentó en el sillón y esperó junto al
inalámbrico.
Cayó la noche y siguió esperando,
sentada, rígida. Nunca pensó que ese sillón pudiera ser incómodo. Pero lo es si
de lo que se trata es de esperar una llamada. Tampoco el sonido del reloj de la
cocina le había parecido odioso. Pero también lo es, cuando se espera en un día
cualquiera.
25 junio 2015
Este Jueves, Relato: Rostros de la Polio
Nos propone José Vicente este tema para esta semana y ahí va mi aportación...
Se ha muerto “La Polio”. Me lo ha contado esta mañana
mi madre cuando la llamé para ver cómo iban las cosas por el pueblo y cómo le
habían salido los últimos análisis que se había hecho. Tenía un poco alta el
azúcar pero le dice el médico que con las pastillas que toma ahora se le ha
controlado. Son las dos únicas novedades que se han producido importantes. Lo
del azúcar era casi esperado. Pero lo de la muerte de “La Polio” o la señora Maria, es parecido a un viento que se lleva
para siempre un pedacito de infancia. La llamaban así por una cuestión física
obvia. Había padecido esta enfermedad de niña, justo después de nuestra guerra.
La recuerdo siempre detrás
del mostrador de su tienda de chuches, sentada en su silla de anea y siempre
con el pelo blanco, como si hubiera nacido ya mayor. Los niños decíamos que no
tenía piernas y ella de broma nos medio amenazaba con una de sus muletas. Eso
era en invierno, porque en verano, siempre estaba con sus piernas cortas juntas
y su gran zapato en uno de sus pies, sentada en la misma silla. Las muletas
apoyadas en la pared. En el estío, su tienda de casi todo, era como un
autoservicio. Ni se levantaba para atendernos. Nosotros nos servíamos y al
salir, le dábamos el importe exacto de lo que nos llevábamos. Menos una
temporada en que a Pepe, le dio por llevarse flash de quince pesetas y decía
que eran de cinco. Nosotros niños medio tontos, creíamos que no se daba cuenta.
Lo que ocurría es que luego hablaba con nuestras madres y les tenía la cuenta
preparada. Hasta que se cansaba. Si sigues mangando así, Pepe, llegarás por lo
menos a alcalde. Y nos poníamos todos colorados y tardábamos unos días en
volver a comprar. Pero siempre terminábamos volviendo a ese recuncho, dulce
como un recuerdo.
Y ya de mayores pasábamos a
saludar y a comprar alguna chocolatina o gominola a recuperar un trozo
inmutable de los niños que, en el fondo, todavía seguimos siendo.
23 junio 2015
X
X, podría ser la casilla de la renta a marcar para fines sociales. O la señal indicativa de un cruce en una carretera o en unas vías del tren. O una incógnita sin resolver. Pero no es el caso. El caso es que, X, también es DIEZ en números romanos. Y DIEZ son los años que cumple este blog en un par de días. Y es que desde el año 2005, llevamos dejando notas, soltando papeles, ideas...haciendo algo tan anticuado y tan moderno como es escribir, compartir letras. Y, a pesar de todas las redes sociales y todo lo que ha evolucionado el medio web en los últimos tiempos hacia mayor concreción y superficialidad (quizás), creo que los blogs han conseguido mantener un pequeño rincón de resistencia en el que poder expresarse. Han cambiado las formas pero no los fondos. Y es que, en el fondo, todo son letras.
Y no queda más que dar las gracias, a todos los que durante estos años, nos han seguido, han comentado o criticado lo que aquí hay.
Y gracias al grupo de Jueveros que me han acogido de una manera formidable y han dado nuevo impulso a este blog para que aguante, como mínimo, otros diez años.
Gracias y, como digo, nos vemos en las letras, en esta que es su casa.
11 junio 2015
Este Jueves: Relato. Siete Pecados Capitales
Nos propone Charo que esta semana hablemos de los siete pecados capitales. Bueno, ahí va mi aportación. No he podido elegir un pecado y me quedo con los siete.
Al contrario de lo que dicen
yo no soy un ángel caído. Jamás intenté encabezar rebelión alguna contra nadie,
ni siquiera contra dios. No tuve un juicio justo. Ni siquiera una oportunidad
de defenderme. Funcionaba y, supongo que seguirá funcionando el ordeno y mando.
Las disposiciones divinas no se discuten, se acatan, son infalibles. Pero hemos
visto que no es así, porque luego va dios y crea al hombre. A su imagen y
semejanza dicen. ¡Pero si es absolutamente imperfecto! O no es infalible porque
ha creado una criatura tan endeble y pequeñita. O el hombre no está creado a su
imagen y semejanza. O alguien no está engañando a todos, todo el tiempo.
Eso pudo ser lo que se
dijera. Por eso se cuenta que fui expulsado al averno para ser su rey. Pero tampoco
es cierto. Yo soy el ángel más bello de la existencia y no soy el rey de los
infiernos ni estoy en ellos. De hecho, cuando fui expulsado a este mundo (sí,
este de ustedes y mío ahora), seguía siendo la cosa más bella de toda la
creación y seguía teniendo todas las características de un ángel. Intactas mi
bondad, serenidad, plenitud. Luego llegaron los hombres y pude conocer el
asesinato, la maldad, la lujuria, la ira, la pereza, la envidia, la gula y la
soberbia, la avaricia. Y me gustaron, y las practiqué todas. Y por esa práctica
perfecta me salieron cuernos. Y me salió rabo. Y ahora todas esas virtudes
adornan mi cabeza. Pero no fui yo, príncipe de este mundo el que las traía consigo,
ni el que las mostró a los hombres. Fueron ellos, los que me las inocularon,
los que me las mostraron. Y dejé de ser la criatura más bella de la existencia.
Pero soy mucho más feliz y ahora, apartado del mundo, vago escondido por el
tiempo y contemplo divertido como bisbisean los hombres oraciones de vergüenza
a un dios que quizás esté equivocado.
15 mayo 2015
Este Jueves Relato: Enigma Musical
Propone el Demiurgo este jueves-viernes, un juego que consiste en hacer un relato con el título de las canciones de nuestro grupo favorito. Yo lo hago con el de uno de ellos, que me ha costado elegir. El mío es este.
No mires atrás con ira, le
dijo. Lo que quiera que hiciera nuestro padre ahora no tiene importancia. El
viento traía un intenso olor a humo y muerte junto con diminutas gotas de
lluvia que golpeaban al príncipe y a su hermana en la cara. Detrás, casi podía
percibirse una a una la respiración de los soldados. Delante, únicamente una inmensa llanura que en
pocos minutos estaría llena de gritos, heridas, sangre, soldados en busca de
una supervivencia imposible y monstruos. Porque el príncipe enemigo, Afanjul, su
hermano, atacaría sobre los hombros de gigantes. Ya se vislumbraban sus cabezas
a lo lejos, tras el vasto campo de batalla y una mota cubierta de cereal. El
príncipe miró a su hermana y recordó las largas tardes de juegos, las escapadas
al río a bañarse en los cálidos días del verano, las inspiradoras lecturas de
cuentos de caballeros y princesas. No era justo. En ellos el príncipe bueno
nunca moría, ni perdía territorio o posesiones. Tampoco la princesa que, en un
último momento era salvada por un mágico encantamiento o hechizo. Los monstruos
y enemigos caían a los pies de los príncipes y princesas de buen corazón. Pero
eso era en los cuentos. Gracias por los buenos momentos, le dijo. Pase lo que
pase, quédate a mi lado. El gran portón del castillo soltó un alarido de viejo
y de muerte y el príncipe y la princesa lanzaron sus caballos a la batalla.
El grupo es Oasis
Don´t look back in anger
Whatever
Standing on the shoulder of giants
Thank you for the good times
Stand by me
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Mayo 2.015,
Relato; Jueveros
08 mayo 2015
Este Jueves, Relato: Desenvolviendo regalos anónimos
Este jueves, la convocatoria me ha parecido espectacular y muy original porque The Daily Planet´s Blogger nos invita a escribir sobre la base de un regalo anónimo que hayamos recibido. En su blog, los encontraréis todos. El mío era Memorias de África. Y este es.
“Yo tenía una granja en África…” Siempre me ha parecido un
maravilloso comienzo para un libro. Nunca he visto entera la película. Suelen ponerla
los sábados o domingos después de comer. Y, en esas horas, a mi me entra un
sopor que termina por dejarme dormida delante de la tele. De fondo sonando al
cinco de volúmen, la maravillosa banda sonora o el motor del avión sobrevolando
la estepa africana. He visto gran parte,
pero cuando me hablan de ella es como si hubiera perdido trozos de mi vida que
no se dónde han ido a parar.
Como ahora, que me ha
despertado un agudo pitido. Al mirar hacia afuera, junto a la ventana del tren, aparece un cartel amarillo
que reza Spor 1. Vía uno, andén uno. Aún no controlo bien el danés. De un salto
bajo y veo cómo se aleja el convoy. Un silencio húmedo toma todo el apeadero.
Huele a café y bollos de mantequilla, pero en la estación no hay ninguna cafetería. Habrá que seguir ese aroma y
desayunar algo. Ya en el café, intento adivinar algún dato que me indique que
estoy en el lugar en que debía bajar. Al fondo un póster del equipo local de
fútbol me sitúa correctamente en el mapa. Arreo un bocado a un espectacular y
blando pan de mantequilla y saco de la mochila la edición de bolsillo del libro
Memorias de África. Se lo muestro al camarero que, en un perfecto inglés, me
indica cómo llegar a la granja de Karen Blixen. Se encuentra a unos dos
kilómetros siguiendo una carreterilla pegada a la costa.
El libro me lo regalaste la
primera vez que vinimos a Dinamarca y nos perdimos buscando esa granja. Ahora
descubro que era más fácil llegar de lo que entonces nos pareció. Quizá todo
sea más fácil.
Según tú, con los cuarenta
recién cumplidos, los dos deberíamos estar sobrevolando África, como en la
película. Yo, de momento rezo un padrenuestro frente a la tumba de Blixen. Por algo
se empieza.
23 abril 2015
Este Jueves Relato: La despedida
Propone Pepe como tema de esta convocatoria la despedida. En su casa, podéis encontrar los participantes. Mi aportación es la que sigue:
La chica despedida pertenecía
al sector siete de la cadena de montaje. Mejor la mujer despedida. Sí, es mejor
referirse a Carmen como la mujer despedida. Pues bien, la mujer despedida se
llama Carmen y se dedicaba desde hacía unos veinte años al montaje y ajuste de
una pequeña tuerca de las que sujetan la parte de atrás de las placas de los
hornos. Y este mismo viernes ha sido despedida. Ya se sabe, con la crisis caen
las ventas y el consumo, el cuadro macroeconómico es volátil y, aunque ya se
percibe en los mercados internacionales cierta recuperación, no tiene el
suficiente empuje como para evitar los ajustes en el organigrama de la empresa.
Fue la primera vez que Carmen oyó hablar de deslocalización. Que se lo digan a
mi artritis de muñeca y el amartillamiento del dedo que tengo. Vamos, que
alguien en Alemania había tomado una decisión por ella.
Esa tarde, salió tranquila y
fue a casa dando un rodeo por el jardín que desde siempre tanto le gustaba y
que, ahora veía con otros ojos. Ojos de parada, de mujer libre. Le alivió la
idea de no aguantar más al gilipollas de su jefe de sección; no depender de
horarios; pensó en pasar las tardes con su nieto recién nacido; ayudar a su
hijo a buscar trabajo y colaborar con su nuera en las pequeños arreglos de ropa
que hacía para subsistir; estar más tiempo en casa, sola.
Pero con el paro quizá no
diera para la hipoteca y los gastos. Intentarían apañarse. Fuera maquillaje y
gastos supérfluos. Pensaba en el alemán o americano o chino o español que
hubiera tomado la decisión. A este no le importaba su artritis, ni cómo
mantendría a la familia ahora que no había sueldo alguno en casa. Pensaba en la
recuperación de la economía española y lo que menos le apetecía era hacer
patria, como se suele decir.
Pensó en no dar explicaciones pero, al
final habría una nota apoyada en el taquillón, emborronada, con esa caligrafía
simple que tienen las madres. Su familía aún era joven y, seguramente, tendría
ganas de luchar. Ella, ya no.
10 abril 2015
Este Jueves Relato: El Jardín
Otro final de marzo. Una ligera
brisa retoca los ramajes de los árboles y dejan caer los cerezos sakura algunas
flores blancas que alfombran ligeramente el suelo. Yo he vuelto a recorrer la
distancia que separa Osaka de Tokio para encontrarte. Tu marido ha quedado
ocupado en los siempre graves asuntos de la oficina. Mi mujer estará en este
momento arreglando y limpiando la casa.
Esa misma brisa que susurra a
los pétalos, mueve tu moreno pelo negro. Nada tiene que envidiar tu piel a la
pureza de las flores blancas de los árboles del jardín imperial. Yo, por el
contrario, llevo un ramo de rosas rojas que me señalan al fondo del camino. Me esperas
con las manos juntas. Los remolinos de pétalos juegan casi a hacerte
desaparecer. Tus perfectas simetrías se alzan rebeldes frente a las del parque
en el que todos los años nos encontramos. Tú, eres toda primavera. Mi estado de
ánimo es blanco como este jardín ahora.
Llego hasta ti. Beso tus
labios y me sonríen tus ojos. Me abrazas como si fuera la última vez, como
todas las primeras. Beso tu cuello y un lunar justo al comienzo de la infinita
espalda. Suspiras un segundo y nuestro aire se hace perfume, tu perfume; ese
que añoro de primavera en primavera, en este jardín.
Recorremos, cogidos de la
mano, los senderos del parque. Jugará nuestra piel a que se ama, como viejos
enamorados, como cuando estábamos casados.
Y al atardecer, cuando las
sombras de los edificios se alarguen con el sol esquivo y tardón,volveremos al
jardín, donde nuestro tiempo se detuvo y eclosiona blanco año tras año. Nos despediremos
y yo cogeré el gris tren de las nueve hacia Osaka.
Y en las noches, sopla entre las ramas un fresco viento de primavera, que susurra a las bellas flores de su jardín, las
nuevas historias de amor.
Más historias donde Alfredo
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