28 septiembre 2018

Este Jueves, Relato: Línea 20

Esta semana, nos invita Mag a un juego literario. Coger una página al azar de un libro e incluir en nuestro relato la frase que figure en la línea 20...si lo he entendido bien.

Yo estoy leyendo ahora el libro de Ana María Matute "Algunos Muchachos y otros Cuentos" Biblioteca Básica Salvat, colección RTV.

Pues bien, en la página 112 y dentro del cuento La Ronda, es donde el azar me ha encontrado. Subrayo la frase que aparece en ese lugar dentro de mi relato. Espero que os guste.


¡Si supieras, si supieras ya como me están envenenando tus palabras! Creo que nunca quise escucharte. Y tus palabras saltaban a mi boca, se podían masticar y tenían un sabor amargo. Eran como besar algo muerto y créeme, recuerdo bien ese sabor. Yo quería también hablar pero tu mano encima me lo impedía. Y sentía como temblaba todo. El armario, la cómoda blanca del fondo de la habitación y la lámpara del techo, se movían y se hacían borrosas. Se filtraba una luz que cortaba a través de la persiana bajada. Chirriaba la cama a nuestro compás. Tus palabras eran ya apenas unos gruñidos pero seguían salpicándome, y manchaban, y dolían. Me iba faltando el oxígeno y cerré los ojos. Tú no callabas pero estaba dejando de escucharte, estabas cada vez más lejos y llena de tu veneno, me llegó. Y suspiré. Y sonreí.  




23 septiembre 2018

Sed

Aquella mañana estaba la niña jugando con una muñeca de trapo y barro, como muchas otras en las que no iba al colegio y se dedicaba a ayudar a madre con el baldeo de la puerta o a intentar echar las moscas de la casa, lavar la ropa de los más pequeños o ir a por agua. 

El pozo estaba a unos cuatro kilómetros, cerca de la cantina y del colegio. Muchas mañanas, dejaba los cubos con agua en la puerta y pasaba a alguna clase. Se estaba un rato repitiendo las lecciones y, cuando los niños iniciaban el rezo antes de salir al recreo, marchaba corriendo para llegar a casa antes que él o para no cruzarse con él por el camino. Si la veía, la llamaría y tendría que acompañarlo baboso y borracho hasta casa. Y se demorarían un poco en el bosque, junto a los heliotropos, a pesar de que su madre le tuviera dicho que no tardara y que no se entretuviera con nada ni con nadie. Aunque ella pensaba que mamá se refería solo a desconocidos. Pensaba que mamá no la regañaría si, al final, no derramaba el agua y llegaban los baldes casi llenos. 

Él llegó borracho y mojado. Fuera caía aquella lluvia fina que iba poco a poco desgastando las almas hasta convertirlas en regueros de muerte lenta. Se tambaleó y se echó encima de la niña. La agarró de la muñeca derecha y tiró de ella hacia la puerta del chamizo. La niña soltó un pequeño quejido. La madre se interpuso entre ellos y la salida. Él le escupió toda su desgracia y, de un puñetazo en la nariz, la apartó. Al caer el pelele, una luz blanca lo cubrió todo por un segundo. 

Y salieron. Y seguro recorrerían la senda embarrada de vuelta a a la cantina. Y allí estaría D. José, que miraría los enormes ojos negros de la niña, muy abiertos, como de muy saber. La cogería de las manitas y lo invitaría a él a un trago como anticipo. Don José era bueno, eso le había dicho siempre su padre. Y eso le decía él a la niña. 

Él se acodaría en la barra, como muchas mañanas en las que salía de casa muy temprano y llegaba muy tarde. Y de vuelta, oiría los rezos de los niños en el colegio, cada vez más lejanos, antes de que salieran al recreo. Sudaba y seguía teniendo sed. 



25 mayo 2018

Este Jueves, Relato: El premio

Nos invita Juan Carlos esta semana desde su blog a hablar de "premios". Propone el famoso juego de un relato inacabado de Chejov, pero como yo ya tenía hecho ese ejercicio, he cambiado mi participación y aquí la dejo. Si ustedes gustan.


Estoy en la última fase para conseguir el gran premio. Había ido superando una prueba tras otra de la mejor manera posible. Destrozar algo del mobiliario público de la ciudad donde vives. Relativamente fácil. Me cargué el cristal de una marquesina de una parada de autobús. Selfie. El cris, cris de los cristales en millones de pedazos me pareció un espectáculo bellísimo. Aunque me hice un corte. Nada grave. De aquella noche, recuerdo el sabor ferroso de la sangre de la herida y un pájaro nocturno que de rama en rama me fue acompañando hasta casa.

El siguiente sobre con instrucciones apareció puntual en el buzón al lunes siguiente. Segunda prueba. Una semana de plazo. Misma mecánica. Tras hacerla había que subir una prueba en una página de la organización. Elemento purificador: el fuego. Quemar. Bueno, habría que esperar a un sábado por la noche y bien un coche o una de las naves del polígono arderían con facilidad. Así fue. Un coche. En pleno centro. Y el amarillo fatuo que iluminó la noche por un momento. Selfie. Red. Un tic verde en la página web, marcaba mis progresos.  

Tercera prueba. Llegó también en un sobre lacrado. Se llamaba el dominio de la carne, el poder de la carne o algo así y decía literalmente que para superarla había que cargarse a alguien. Esta era un poco más complicada. Creo que buscaría un edificio con ascensor y esperaría a alguien dentro de la cabina. Arma blanca y al abrirse las puertas culminaría con lo exigido por el concurso. De noche. Alguien que llegue del turno de noche, sin ganas de resistirse o tan hastiado de la vida como para dejarse hacer y que yo pueda ganar. Ganar. ¡Qué palabra tan bonita! ¡Cuánto poder! Y luego la parte burocrática: selfie, prueba y a esperar el premio si soy el ganador. Espero serlo, estoy ilusionado.  


23 marzo 2018

Este Jueves, Relato: Juegos y Juguetes

Esta semana nos invita Dorotea a jugar en su convocatoria, así que ahí va mi participación...






Al final todos acaban rompiéndose. A uno que se le sale un brazo. A otro que se le rompe una pierna. Se les ensucia la cara y se le enmarañan los pelos hasta parecer estropajos. Y termino aburriéndome de jugar con ellos.

Al principio era divertido, por la novedad, supongo. Y porque hay algunos muy bonitos, como nuevos, apenas sin usar. Además antes duraban más. Eran mejores, ahora apenas hay alguno que balbucea un poco, o que llora o echa salivita por la boca que luego hay que limpiarle. Y darles de comer y beber. Todo un incordio.

Luego está dónde los guardas cuando ya no te sirven o están totalmente rotos. Cuando tienes una casa grande, vale, pero cuando no, ¿qué haces con ellos?

Dicen que una persona se hace mayor cuando deja de jugar, pues bien, yo creo que he alcanzado ese punto. Ya no me gusta jugar. Me aburre jugar ya. Me hago mayor. Ley de vida, dicen también. Puede ser. Todo puede ser.

25 febrero 2018

Este Jueves, Relato: Cuaresma. Cierre de Convocatoria

Pues ha llegado el domingo de cierre. Nada más me queda agradecer a los jueveros participantes y lectores, su generosidad al haber aceptado el reto de participar con un tema que, quizás, era complicado. Pero bueno, somos escritores, ¿verdad? Ha sido un placer coordinar este jueves. Ahora paso los trastos a Ainoa Bravo Rodríguez para el próximo jueves. 
¡Nos vemos en las letras!

Este Jueves, Relato: Cuaresma

Pues con esto de ser coordinador, me permito una pequeña licencia y es la de colgar mi colaboración la última y un poco tarde, pero es que he andado bastante escaso de tiempo. Espero sepan disculparme. Ahí va.

Me llamo Cuaresma. Debo mi nombre a la religiosidad de mis padres. Debí nacer en esa época antes de la Semana Santa. No estoy bautizado porque en M. durante la cuaresma no se hacían ceremonias. No había bodas ni bautizos. Entierros supongo que sí. Solo había una misa al día. La de las ocho de la tarde y no la anunciaba la campana de la iglesia, sino que pasaba por las calles una comitiva de ancianas de luto con una carraca y a su paso, iban saliendo los vecinos y se unían a este fúnebre cortejo. Desde la ventana de la sala, apagábamos la luz y mirábamos por la ventana alumbrados solo por el cabo de una vela detrás del visillo. Los niños no podíamos salir desde que caía el sol, hasta la mañana siguiente en que íbamos al colegio. Y así durante cuarenta días, aunque en realidad se podría decir que todos los días eran así, porque como saben M. es un pueblo maldito.

Por eso nos vinimos a la ciudad, con sus ruidos y sus coches, y sus humos, sus tiendas, sus neones, cafeterías bares y casas de apuestas, cines y todo lo demás. Por eso mamá no nos deja salir tampoco aquí. Al regresar del colegio por la tarde, ya no salimos salvo para ir a misa a la parroquia del barrio. Todos los días. Hacemos todo lo mismo como cuando estábamos en M. A veces me acuerdo y pienso que algo del pueblo nos debimos traer pegado a la ropa, el olor quizás. O alguna parte de ese viento seco, mefítico y amarillo que recorría las calles por la noche. Lo oíamos desde la cama golpear las contraventanas. 

Ahora en la ciudad casi no se oye nada. Si acaso un ruido sordo y continuo de tráfico, alguna sirena. Aquí también está todo muy muerto, quizás maldito, pero de otra manera

18 febrero 2018

Este Jueves: Relato. Convocatoria


Resultado de imagen de Cuaresma


Para bien o para mal, en nuestro mundo occidental vivimos inmersos en la cultura cristiana y el pasado miércoles día 14 (también día de los enamorados) comenzó para los cristianos la Cuaresma con el llamado miércoles de Ceniza. 
Si ponemos Cuaresma en San Google, esto es lo que nos sale: 

"Período de cuarenta y seis días, desde el miércoles de ceniza hasta la víspera del domingo de Resurrección, en el cual algunas iglesias cristianas preceptúan ciertos días de ayuno y penitencia en memoria de los cuarenta que ayunó Jesús en el desierto."

Pues bien, sobre eso va la convocatoria de esta semana, sobre la Cuaresma, historias de Cuaresma, que tengan que ver con la Cuaresma, cuarenta días. Da igual a los efectos jueveros si son cristianos o no, creyentes o no, porque la historia de Cuaresma, se puede contar desde dentro de la cultura cristiana o desde fuera de ella. Vale cualquier aspecto, de la Cuaresma. Les espero a partir del miércoles y hasta el sábado. Que los hados, las musas o los dioses les sean propicios. Pueden utilizar la imagen que prefieran para ilustrar su relato y, por supuesto, no olviden las normas generales

20 enero 2018

Este Jueves, Relato: Detrás de la máscara

Esta semana es Roxana la que nos invita a su blog para que escribamos sobre máscaras...¡Ahí va mi participación.

¿Cómo la describiría? No sé. Tiene el pelo castaño nº 5 de Loreal. Soy peluquero aquí al lado, por eso lo sé. Y cardado de manera que le va tapando los huecos que se le ven. Es muy mayor y lleva la mandíbula abierta. Repetía con un movimiento involuntario de la boca las conversaciones que va oyendo por la calle. Es como si absorbiera palabras de otros. Llevaba un abrigo marrón, largo, elegante, de grandes botones también marrones pero claros. Los zapatos, la verdad es que no se los miré, pero a esas edades, seguro que uno cómodo de polipiel y de medio tacón. Llevaba gafas, sí. Un poco cuadradas.

La vi por la calle que va al ambulatorio empujando la silla de su marido. Resoplaba, sí, resoplaba. Supuse que iría al médico a alguna revisión o a por las recetas para los medicamentos. Muchos días también los veo a los dos que van por esa calle, pero para el otro lado, camino a la estación. Aparca a su marido al pie de la vía y ella se sienta en el banco de piedra. Al sol dorado de la tarde. Están adorables. Ella es adorable. Él no tanto. Ya no pasa nada más que el regional dos veces al día, pero por la zona va mucha gente a correr y personas a andar. ¿De verdad piensa que…? ¿Ella? No. No me lo creo…   

05 enero 2018

Este Jueves: Relato. Un giro inesperado

En la primera convocatoria del año, nos invita Pepe a escribir un relato con giro inesperado. Pues ahí va mi aportación y, desde el diario del bufón mis mejores deseos para este año que comienza...que los hados nos sean favorables.

¿Seguro que es por aquí, papá?

Seguro. Tranquilos, que papá sabe por dónde va.

Pero es que este camino cada vez se aleja más de la playa. Cada vez el mar se ve más lejos y nos estamos asando en el coche.

Sí. Hace mucho calor.

Tranquilos, chicos que ahora tiene que salir por aquí un camino a la derecha que nos llevará derechitos a la playa, ¿veis?

La mirada de mamá que sabía que estábamos perdidos. El camino que salía a la derecha que era un auténtico pedregal. Las ruedas del coche que dejan de tocar el suelo. Los gritos. Las manos que se agarran donde pueden. Muecas petrificadas.


El silencio. Una cigarra que retoma su canto seco de verano.

01 diciembre 2017

Este Jueves Relato: Fantasía Oscura

Esta semana nos invita Manifestkan a escribir sobre fantasías oscuras...no sé si habré cumplido, pero ahí va mi relato...

Día 3.

La pierna ha empezado a picarme. Tengo una ligera hinchazón a la altura del gemelo. Me he aplicado la pomada que hay en el botiquín para estos casos. A ver si así se me pasa.
Día 4.

He amanecido con el gemelo totalmente rojo y no recuerdo de por qué ha podido ser…La pomada no ha funcionado y empiezo a notar una descamación de la piel. Poco a poco se va poniendo blanca. Y ese olor amarillo. Empiezo a no soportarme. Fuera de la base sigue nevando. Tengo hambre. Mucha hambre a todas horas. Los compañeros que han salido a hacer los experimentos aún no han vuelto.

23:00 horas GMT: empiezo a tener fiebre y veo borroso. Tomo más pastillas del botiquín y agua y latas. No tengo ganas de recogerlas y ahora desde la litera las veo esparcidas por el suelo. Sigo teniendo mucha hambre. Me duele la piel. La pomada se ha agotado…

Día 6. Sigo solo. No sé dónde se han metido los compañeros. No recuerdo que llegaran pero veo sus mochilas apiladas junto a la puerta. Hoy tengo más fuerza. La descamación se ha extendido por todo el cuerpo. Me asomo al ventanuco y siguen el viento y la nieve. Empiezo a temer que hayan muerto y no traigan las muestras. No soporto mi olor. Huele a carne y me da hambre. Hay también un ferroso olor a sangre que me hace salivar.

Día 8. El cuerpo sigue rojo y descamado. Nada funciona. Tengo calor. Tengo hambre. Siento que no soy yo. La radio no funciona por culpa de la tormenta. En el suelo además de las latas, ahora también están esparcidas las muestras y los experimentos con los que estábamos ocupados. Hay líquidos que no reconozco. Y ese olor ferroso, empiezo a odiarlo, aunque me abre el apetito. Tengo hambre, mucha hambre a todas horas. ¿Estarán intentando contactar desde el exterior? Mejor que no venga nadie ahora, mejor…


29 septiembre 2017

Este Jueves, Relato: Música Maestro

Este jueves nos invita Roxana a escribir un relato con "elemento" musical...pues ahí va el mío...


Ave María Purísima

Sin pecado concebida

Dime hijo, ¿cuáles son tus pecados?

Pues verá, padre,

¿Padre López?

Sí. Soy yo. Lo he vuelto a hacer. Y lo peor es que a estas alturas no sé si puedo parar.

El párroco de San Miguel, salió del confesionario e indicó al padre López que lo acompañase. Cogidos del brazo recorrieron la nave central de la iglesia. Sonaba bajito un kyrie y dos beatas bisbiseaban. Se quedaron los dos un buen rato mirando a San Miguel Arcángel, espada en alto y con el mal vencido a sus pies. El viejo párroco le dio su bendición y el padre López, salió de la parroquia confesado y perdonado, como cada miércoles.  
Se arrebujó en el abrigo y salió para casa. Por la mañana temprano tenía un encargo.  
Ese jueves amaneció frío. Se puso el chándal y debajo la camiseta térmica. Apenas había salido el sol, cuando el padre López estaba ya apostado en la terraza con el arma montada. Respiró profundamente y se sopló las manos. Se colocó los auriculares inalámbricos y seleccionó el Requiem de Mozart en el Iphone. La música lo ayudaba a concentrarse y evitaba que oyera el silbido de la bala. La primera vez, se había puesto la versión de Carusso que cantó Pavarotti, pero lo ponía muy triste. Con esa canción lloraba después de cada disparo. Así que no la volvió a utilizar.
El objetivo puso un pie en la acera justo cuando comenzaba el Dies Irae. Un suave toque con el dedo índice y listo. Bajó la cabeza y suspiró. Ya no lloraba. La justicia divina es lo que tiene.
Al bajar a la calle ya se había formado el típico revuelo de siempre en estos casos, pero nadie había visto ni oído nada. Era muy temprano. El padre López, se santiguó al pasar por la acera de enfrente y continuó camino de casa. Terminaba de sonar en sus auriculares, el Confutatis del Requiem. Repitió mentalmente sus versos, mientras preparaba el desayuno antes de comenzar, ahora sí, con otras cosas.  


08 septiembre 2017

Este Jueves, Relato: Héroes, Heroínas y similares

Esta semana nos propone nuestro compañero Ibso que hablemos sobre héroes y demás. Allí podréis encontrar más participaciones. Aquí os dejo la mía.

Limpiar el polvo de la casa. Ir a la compra porque hacen falta bebidas para la barbacoa del fin de semana. Después ir a por los niños al colegio. Comida y actividades extraescolares: baloncesto la niña y música el niño. Ya después los recoge Jennifer.

No está mal para un miércoles cualquiera, pensó Bruce. Esa fue la última lista de tareas del día que apuntó en su libreta antes del holocausto final que vendría después.

Desde hacía unos diez años, Bruce, Bruce Wayne, se levantaba por las mañanas, preparaba el desayuno para Jennifer y los niños y los despedía en la puerta cuando cogían el autobús para el colegio y el coche para ir a trabajar. Jennifer trabajaba de fiscal en la Corte Superior de Gotham, tenía un buen sueldo con el que podía mantener a su familia. Una vez eliminado Joker, El Pingüino, Espantapájaros, Blackmask y todos los demás, acordaron que Bruce se quedaría en casa. Si alguna vez lo llamaban de la alcaldía, podría continuar con las actividades que había estado realizando. No hizo falta: la guerra con Corea, con Siria, las revueltas africanas y la invasión rusa de China, tenían entretenidos a los villanos.

Aunque salía a correr y hacía pesas, había cogido unos kilitos y perdido agilidad. No era el de antes, los cuarenta se notaban en todo. Jennifer era comprensiva y no hablaban mucho sobre el tema, pero…

Así que cuando aquel último villano, salido de no se sabía dónde, se dispuso a destruir Gotham y después el resto de Estados Unidos para gobernar el mundo libre, Bruce no pudo hacer nada en absoluto para evitar el desastre. Todo lo demás que ocurrió desde entonces es de sobra conocido.

07 julio 2017

Este Jueves, Relato: Juegos y Juguetes

Este jueves-viernes nos invita Molí del Canyer a jugar (en el enlace están los participantes). Así que, después de mucho tiempo sin participar, me animo y les iré comentando según pueda...además me he pasado un poco de palabras, espero sepan disculparme...

Las dos niñas de la casa del final de la calle nunca jugaban con nosotros. Nunca o casi nunca salían. Perico que era el que sabía de todo esto, decía que eran deformes y por eso su madre no las sacaba por el pueblo, que las tenía vestidas de negro y que llevaban una de esas cosas para la columna que te estiran el cuello como una jirafa.
No nos gustaba acercarnos a la portada de madera de la casa ni a la puerta en la que el único movimiento era el de una cortinilla de macarrones que tenían para que no entrasen las moscas. Cuando jugábamos al fútbol y se nos escapaba la pelota íbamos a recogerla y volvíamos corriendo por si acaso. Yo creo que alguna vez las vi asomadas a las ventanas del piso de arriba, largas y delgadas.  Estarían tristes, pensábamos, sin poder jugar, todo el día en su casa, rezando y comiendo y durmiendo. Porque tampoco iban al colegio. Ni siquiera a misa. Don Severiano, el maestro, siempre decía que sentía pena por aquellas criaturas y que ellas no tenían culpa.
Nosotros no sabíamos. Quizás nuestros padres supieran, porque nos decían que no jugáramos al final de la calle. Así que nosotros, más por miedo que por otra cosa, apenas nos acercábamos. Bueno, menos Perico y Juan que a veces nos decían que las habían visto detrás de los cristales oscuros y que tenían los ojos negros. Y se acercaban y movían la cortina de macarrones o tocaban en la puerta y salían corriendo. Aparecía entonces una vieja, muy vieja para ser madre, y nos gritaba que los dejásemos en paz. Perico y Juan volvían muertos de la risa o del miedo. Y las dos niñas arriba, mirando muertas, de envidia o de rencor como el resto del mundo jugaba y corría. Y ellas llevando su cruz negra. O morada, como la que una mañana apareció enorme pintada en su fachada blanca, apenas un juego macabro.
Quizás salieron de madrugada. Nada oímos. Apenas el ruido de un motor que chisporroteaba alejándose. Los balonazos siguieron sonando en el callejón. Perico y Juan tocando la puerta. Pero nada. Silencio solo roto por el balanceo plástico de la cortina seca. Y arriba quizás (solo quizás) la mirada negra de las dos criaturas tras los cristales.


25 junio 2017

Cumpleblog

Se me caen las letras en este blog desde hace ya mucho tiempo. Doce años en concreto en los que ha habido de todo un poco, como en botica.
Espero poder celebrar muchos más y que este pueda seguir siendo mi pequeño laboratorio de ideas. Así que gracias a todos por estar ahí, por seguirme, por criticar. Este cumpleaños es tan suyo como mío.
Y particularmente quiero agradecer a mis amigos jueveros, su acogida, convocatorias y palabras, letras y ánimos porque, aun con falta de tiempo para participar en los últimos tiempos, han dado a este blog un nuevo impulso.
Brindo por ustedes y me voy con los cascabeles a otro lado...de momento...
Suyo siempre...
El ´último bufón...

24 febrero 2017

Este Jueves Relato: Historias de una escalera

Este jueves nos invita Charo a escribir sobre historias de una escalera. Ahí va mi participación.



Han clausurado la escalera que no lleva a ningún sitio. Era el segundo monumento más visitado, detrás de la colegiata del pueblo. Bueno y del castillo y la muralla. En realidad, pues, el tercero más visitado.

Esta fue otra de las muchas ideas que tuvo el alcalde C. Ontalba para situar al pueblo en el mapa. Porque, desde que se abandonó la explotación masiva de la colza, el pueblo había ido dando bandazos y lo único que quedaba a los viejos era saber cuándo se iban a morir y cuánto tiempo después de su muerte, aguantaría el pueblo. Quizá lo que tardasen en caer las piedras de la muralla o del castillo.

De alguna de esas piedras de mampostería se hicieron los escalones. De acero una cordada para evitar que alguien pudiera caerse a los lados. Y, al coronar el último escalón, nada. Solo el paisaje infinito de la meseta. Se veía allá abajo, el mapa con las fronteras entre fincas, el viejo palomar, el silo y más lejos otro pueblo maldito.

Así que, cuando llegabas arriba, podías quedarte mirando extasiantes atardeceres o tirarte, lo mismo daba. A muchos chicos del pueblo les gustaba quedarse horas sentados comiendo pipas con los pies colgando. O dando pequeños besos a sus novias.

Los de fuera, tras visitar la colegiata y el castillo, subían por la escalera a ver a qué misterioso lugar los llevaba, y eso que con el tiempo se puso una plaquita con información “Escalera que no lleva a ningún sitio” (año de construcción y autor-artista). Pero la gente seguía subiendo quizá para confirmar la anomalía o no.

La escalera se hizo famosa en la comarca y en la región. En algún momento incluso había cierta cola para visitarla. Aunque lo que ha determinado su clausura ha sido, sin duda, el que adolescentes y no tan adolescentes adoptaran la costumbre de venir a suicidarse a la escalera. Ese supremo acto romántico quedaba mucho mejor en un atardecer del mes de septiembre desde la escalera. Aún fue peor con la crisis. Así que por decreto y por la noche, se tapió y así seguirá hasta nueva orden o hasta que se hunda, como el castillo o la muralla.


14 enero 2017

Este Jueves Relato: ¿Juegas Conmigo?

Soy el mejor portero del barrio. Soy el mejor portero del barrio, no paraba de decir y repetir a todo el mundo con el que me cruzaba. Padres y madres de mis amigos me miraban extrañados. Llevaba medio cuerpo y cara amarillos de la tierra de albero con la que estaba cubierto el jardín, las rodillas medio desolladas, pero aquella tarde había hecho paradas antológicas, estiradas increíbles (esto lo decían mucho por la radio) y había mantenido mi meta a cero, a pesar de que el equipo del Pigüi era mucho mejor que el nuestro.

Pigüi era un chico desgarbado que vivía en unos pisos de militares que había cerca de nuestro edificio. Siempre que bajaba a jugar lo hacía con su camiseta de Arconada. Parecía un pajarillo (creo que era por su nariz picuda) y había elegido ser portero, el más ingrato de los trabajos de un equipo. Sería el mejor del barrio. Hasta aquella tarde.

Dos a cero y la sensación de ser imbatible, el mejor portero del mundo. Sobre todo cuando el Pigüi se acercó y me dijo que ahora sí que podía ir diciendo por el barrio que yo era el número uno.

Ese duelo con el sol de verano cayendo con lentitud sobre la ciudad hizo que en todos los partidos que hubo después, todos los equipos del barrio quisieran ficharme para jugar con ellos. Yo no quise, fui en todos con mis amigos, todas las demás tardes, todos los demás días de ese verano, porque el mundo era ese lugar redondo como la pelota oficial con la que pasábamos las horas. No existía nada más, bueno sí, el hambre con la que luego subíamos a casa a cenar el bocadillo.


Más en donde Censuras

10 enero 2017

Reseña

Charo Cortés Sánchez y yo fuimos compañeros del taller de cuento de la Universidad Popular de Aranjuez. Pues bien, he tenido la suerte de que haga una reseña de mi libro de relatos en su blog. No puedo sino agradecerle la atención y, por supuesto, las palabras que dedica al libro y a mí personalmente. Desde aquí se lo quiero agradecer públicamente. Me alegro mucho de que le haya gustado. Da gusto recibir semejantes halagos de una escritora enorme como ella es. 
Os dejo el enlace a su reseña. Lo dicho, un placer.

¿Quieres que te cuente?

Por cierto se puede adquirir en:

Diego Marín

Amazon

09 diciembre 2016

Este Jueves, Relato: Perdidos

Esta semana nos convoca nuestra amiga Charo a que hablemos de Perdidos. Ahí va mi participación


Yo nada más que salí a dar un paseo. Pensé que me vendría bien un poco de aire fresco en la cara. Así que, cuando llegaste por la tarde cargada con bolsas de El Corte Inglés, te di un beso en la mejilla, te dije que el nene estaba arriba en su habitación haciendo los deberes y salí. No me llevé llaves porque no pensaba volver muy tarde. Cogí el pequeño tarjetero con algunas monedas por si me apetecía comprar tabaco y echar un pitillo.

Sin darme cuenta había llegado hasta la estación de autobuses que, como sabes, está a las afueras. Estaba sentado en un banco junto al andén 6 cuando llegó el autobús que va para Madrid. Bajaron dos viejos y subieron unos cuantos jóvenes, supongo que estudiantes hacia la capital. Decidí cogerlo.

En la estación de Méndez Álvaro decidí que cogería el autobús que llegara al andén 14. Me bajé en un pueblo perdido de la provincia de León, no recuerdo su nombre. Anduve unos días por la provincia. Y cogí, creo, dos o tres autobuses más. Veía pasar los carteles verdes de cambio de provincia casi con la ilusión de un niño pirata aventurero. A veces me acordaba del fru-fru de las bolsas con las que entraste aquella tarde en casa y un leve cosquilleo en los labios me recordaba aquel beso fugaz y casi embustero que nos dimos en la mejilla.

De eso hace ya tres años. Y sigo sentándome en los andenes a elegir un número y esperar el autobús que salga. A tomar un café a toda prisa para no perder el coche. A mirar las caras de la gente cuando ya estoy en mi asiento. Gentes pobres como yo, como lo éramos nosotros.


Creo que con cada autobús que cojo dejo atrás un poco de tristeza y desidia, como jirones de niebla gris y húmeda. También he dejado de fumar. Dejó de gustarme ese sabor agrio y seco de los Lucky Strike. No sé, ¿qué más?

28 octubre 2016

Este Jueves Relato: Atraviesa la puerta y empieza tu historia

Llevo mucho tiempo sin participar y no sé si podré comentar a todos...lo intentaré...pero siempre me gusta participar de las primeras convocatorias de los compañeros, así que ahí va mi participación. Gracias. Más puertas en lo de Pedro Pablo


Todo cambió aquella mañana que el abuelo se dejó las llaves dentro de casa y se le cerró la puerta por una ráfaga de viento. Y eso que la puerta pesaba lo suyo con su madera vieja y sus clavos. Tendría cien o doscientos años. Como los que puede tener el abuelo ahora.

Entonces tenía por costumbre salir a leer el periódico al calorcito del sol en la puerta. Y a ver pasar a la gente que iba para el mercado o para el centro del pueblo. Nunca se salía con las llaves. Tampoco aquella mañana, porque la abuela solía estar dentro en la cocina. Llamó pero hacía tiempo que no había nadie para abrirle la puerta. Dentro el silencio solo era roto de vez en cuando por el timbrazo del teléfono.

Al principio se preocupó e intentó buscar alguna solución al tema. Al principio, algún vecino le preguntaba e intentaba ayudar, pero por poco tiempo. Con el paso de las horas y los días, el abuelo se sentó a esperar, quizá otra ráfaga de viento pudiera abrir la puerta o los chicos pasaran a echarle un ojo al ver que no contestaba al teléfono. Pero nada. Seguía esperando pacientemente (el abuelo siempre ha tenido una paciencia infinita, incluso cuando lo de la abuela).

Hasta que un día se le ocurrió si no sería capaz de entrar otra vez en la casa por las bravas. Se levantó de su silla baja de anea, la apartó. Cogió toda la carrerilla de que era capaz con tanta edad y le dio un empujón enorme a la puerta. Esta no se movió ni un milímetro. Pero él se encontró dentro, en el recibidor de la casa. ¡Toma! Y sin las llaves. Todo podría volver a ser como antes. Volvería a encontrar a su Sole en la cocina haciendo sus cosas y, él volvería a retomar sus viejas costumbres. Aunque lento, ahora podría entrar y salir de casa a tomar el sol sin tener que preocuparse por las llaves.