Bueno, pues ha llegado el momento de dar por terminada esta convocatoria. Espero que les haya gustado. Yo por mi parte he disfrutado muchísimo viendo la variedad de historias y de temas que ha desencadenado una canción, sensualidad, amor, humor. Ha sido todo un placer conducirles en este jueves y espero que nos podamos ver en los próximos.
Ahora paso el testigo a Ame, que a lo largo del día publicará su convocatoria.
Repito, muchas gracias y nos vemos en las letras.
Besos y abrazos.
24 febrero 2019
20 febrero 2019
Participantes: je t'aime moi non plus
Ya empiezan a llegar las primeras colaboraciones. Muchas gracias.

1.- Buscador
2.- Dorotea
3.- Campirela
4.- Albada Dos
5.- Carmen Andújar
6.- Ginebra Blonde
7.- Molí del Canyer
8.- Yessykan
9.- Juan Carlos
10.- Mujer Virtual
11.- Mirella
12.- Tracy
13.- Alfredo
14.- Demiurgo
15.- Juliano El Apóstata
16.- Maite Sánchez
17.- Magade Qamar
18.- Neogéminis
19.- Pepe

1.- Buscador
2.- Dorotea
3.- Campirela
4.- Albada Dos
5.- Carmen Andújar
6.- Ginebra Blonde
7.- Molí del Canyer
8.- Yessykan
9.- Juan Carlos
10.- Mujer Virtual
11.- Mirella
12.- Tracy
13.- Alfredo
14.- Demiurgo
15.- Juliano El Apóstata
16.- Maite Sánchez
17.- Magade Qamar
18.- Neogéminis
19.- Pepe
18 febrero 2019
Convocatoria para el día 21 de febrero
En primer lugar he de pedirles disculpas por el retraso en la convocatoria. Pero en cualquier caso ahí va.
En estos días hemos celebrado el día de San Valentín, los almendros están en flor y a estos lares está llegando la primavera. Y, precisamente se cumplen 50 años de la publicación de este pedazo de tema cuyo título y enlace les pongo al final. La historia es muy curiosa porque estuvo vetado en medio mundo y luego se ha convertido en una de las más famosas y versionadas del planeta.
Pero aparte de eso, la historia del autor Serge Gainsbourg es de lo más curiosa, al igual que la de Jane Birkin, hasta el punto de que esta última inspiró un bolso de Hermés que lleva su nombre.
Y sobre eso va la convocatoria de esta semana. De lo que les inspire esta canción, ese París que aparece en las imágenes y que también era el de Cortázar y García Márquez y Sartre y de Marguerite Duras, y de la pareja formada por Gainsbourg y Birkin...Deseo que les guste y ¡¡Les espero!! Con los tiempos y las normas de siempre...
Je t'aime... moi non plus
01 febrero 2019
Este Jueves Relato: Cocinillas
En la convocatoria de esta semana nos invita Mar a hablar de lo "cocinillas" que somos. Reconozco que me salto un poco el tema de la convocatoria con la historia que relato. Espero sepan perdonarme. También porque publico el viernes y casi no llego...En fin, ahí va. ¡Buen provecho!
El
mundo de ahí fuera es un sitio hostil. No aquí en mi cocina. No cuando hago
esas maravillosas magdalenas que llenan de un olor dulzón y dorado toda la casa.
¡Y tan esponjosas! Muchas veces cuando las termino, las arrimo y las estrujo
contra mi cara cuando aún están calientes. Me como alguna y el resto las tiro.
Con el pan hago lo mismo. Me acabo de comprar una panificadora en la web del
Lidl. Y lo hago de todo tipo, integral, de espelta, sobado. He aprendido a
hacer pastelitos de Belém, todo tipo de cremas pasteleras y dulces. Masas
brisa, y con todo tipo de galletas y mantequillas. Roscones de Reyes. Al
principio me salían duros y había que tirarlos, pero a base de insistir.
Con
el resto de la comida me ha pasado lo mismo. Hago las más espectaculares recetas
y los más tradicionales guisos. Ya he logrado que el cocido me salga como el de
mi abuela, las gachas y las judías con chorizo como las de mi madre. Ahora he
encargado por internet un sifón de nitrógeno para las espumas y una pequeña
televisión para tenerla como acompañamiento mientras cocino. Cuando estoy muy cansada,
bajo el volumen al tres, apoyo la cabeza en el frutero y me quedo dormida.
Por
las mañanas hago los platos más complicados porque estoy llena de energía y para
la noche dejo que vayan pochando a fuego lento las legumbres y carnes más
jugosas. Las quito al amanecer, al rato de despertar y justo antes de que
llegue el pedido que hago a diario al supermercado del barrio. El chico ya me
conoce y lo suele traer a las diez. A esa hora muchos días ya le tengo
preparados unos túpers para que coman él y su madre. La puerta de casa está
junto a la cocina y, hasta ahí puedo salir. Como al baño que también está en la
planta baja. A veces el gato se mete conmigo y estamos juntos. Otras veces
cuando estoy durmiendo se mete en la cocina al olor de la comida, aunque lo
tiene prohibido.
05 enero 2019
Este Jueves, Relato: El futuro en números
Comenzamos año, así que, desde aquí, lo primero es felicitarnos y felicitarles por ello. Espero que los hados les sean propicios en todos los sentidos.
Y para empezar el año nos invita Cass a jugar con el futuro y con los números, con todo el significado y todo lo que implica eso. Pues bien, ahí va mi primera aportación del año. Espero que sean muchas más, a ver lo que da de sí el caletre. ¡Salud!
Fue al ver cómo una mariposa se
colaba por una ventana de una de esas casas señoriales de la capital, cuando supe
que mi destino estaba fuera de este lugar. Con el semáforo en rojo, conté desde
el coche: era la tercera ventana de la izquierda, del número 3 de la Calle
Serrano.
De camino a casa, iba en
silencio. Pensaba en la mariposa. Seguramente entraría por un amplio salón. Se
posaría dulce sobre una lámpara de araña que la señora habría comprado en un
anticuario. Sus brazos serían su cobijo leve durante unos segundos. Si en uno
de esos vuelos la viera la chica de la limpieza, abriría de par en par los
ventanales para echarla de la casa. Pero si por un casual, la vieran los niños,
tendría que volar por el largo pasillo, quizá colarse en la cocina o en alguno
de los dormitorios o en la biblioteca, donde en sus altas estanterías no la
alcanzarían los chicos. El chico querría cazarla para investigarla. No así la
niña, que le diría a mamá que la cogiera para dejarla volar libre. La imaginaba,
con sus vuelos cortos buscando un lugar que fuera definitivo para quedarse.
Anochecía cuando llegamos a
casa. Estábamos cansados y nos tiramos en el sofá. No había nada en la
televisión y Ana iba saltando los canales de tres en tres. Vayámonos, le dije. Haz
una maleta y cojamos el primer vuelo que salga lejos, muy lejos. Tres de la
mañana: Montevideo. Nos vale, ¿no? Sí, me contestó Ana.
Compramos los billetes, cogimos
todo rápido, con la urgencia casi animal que dan los augurios por cumplir. Nos sonreímos
mientras volaban por la habitación las prendas que nos íbamos a llevar. Cerramos
rápido la puerta y notamos la corriente tibia de lo que dejábamos atrás.
Era medio día cuando llegamos a
Uruguay. Era primavera. Habíamos cogido desde Madrid un Airbnb en el Bulevar
Aparicio Saravia para los primeros días. Luego ya buscaríamos todo, diríamos
todo, en pequeños vuelos de tres segundos, como las mariposas.
06 octubre 2018
Este Jueves Relato: Ritos iniciáticos
Este jueves nos invitaba Juan Carlos a hablar sobre ritos iniciáticos. Y aunque sea sábado y no sé si llego a tiempo...ahí va mi participación.
Mamá
decía que la tía Carmen nunca había andado muy cristiana de la cabeza y que
solo a ella se le ocurría salir a andar por los bosques a por grelos y berzas
durante la semana santa. Y claro que traía grelos y berzas para los guisos.
Pero también otras yerbas que escondía en el bolso de mimbre y nunca nadie
veía. Y en viernes santo, salía y ya no regresaba en todo el santo día. Yo la
esperaba despierta y, cuando se acercaba a mi cama a darme un beso, le
preguntaba. Cuando seas mayor, mi niña, que tú tienes el don, me decía.
Y
es que con el tiempo me dejó que la fuese acompañando a las visitas. No paraba
de hablar durante el trayecto y me contaba que las oraciones se enseñan en
viernes santo porque en otro momento no funcionan. Y las visitas han de hacerse
en viernes santo para que hagan efecto. Y cada día yo me pasaba por su
habitación. Tenía miles de frascos de muchos colores y yerbas. Algunos tenían
nombre de santo: cruz de San Andrés para que no se yerme la madre, me
explicaba; de San Gil para reponer virgos, bálsamo de Santa Quiteria, ungüento de
Santa Marina…más santas que santos, me decía, para que te acuerdes bien de lo
que te espera, niña, que las santas somos nosotras. Y me daba un pellizco. Para
que despiertes.
Aun
recuerdo el dolor de los pellizcos en el brazo y que cada vez que pasábamos por
un cruceiro se escupía en la mano y tocaba su base. Yo lo sigo haciendo, y me
santiguo. Ya se sabe, por eso de las ánimas, que también me enseñó.
A
las ánimas benditas no te pese hacer el bien, que dios sabe si mañana serás
ánima tú también…y seguíamos el camino.
28 septiembre 2018
Este Jueves, Relato: Línea 20
Esta semana, nos invita Mag a un juego literario. Coger una página al azar de un libro e incluir en nuestro relato la frase que figure en la línea 20...si lo he entendido bien.
Yo estoy leyendo ahora el libro de Ana María Matute "Algunos Muchachos y otros Cuentos" Biblioteca Básica Salvat, colección RTV.
Pues bien, en la página 112 y dentro del cuento La Ronda, es donde el azar me ha encontrado. Subrayo la frase que aparece en ese lugar dentro de mi relato. Espero que os guste.
Yo estoy leyendo ahora el libro de Ana María Matute "Algunos Muchachos y otros Cuentos" Biblioteca Básica Salvat, colección RTV.
Pues bien, en la página 112 y dentro del cuento La Ronda, es donde el azar me ha encontrado. Subrayo la frase que aparece en ese lugar dentro de mi relato. Espero que os guste.
¡Si
supieras, si supieras ya como me están envenenando tus palabras! Creo que nunca
quise escucharte.
Y tus palabras saltaban a mi boca, se podían masticar y tenían un sabor amargo.
Eran como besar algo muerto y créeme, recuerdo bien ese sabor. Yo quería
también hablar pero tu mano encima me lo impedía. Y sentía como temblaba todo. El
armario, la cómoda blanca del fondo de la habitación y la lámpara del techo, se
movían y se hacían borrosas. Se filtraba una luz que cortaba a través de la
persiana bajada. Chirriaba la cama a nuestro compás. Tus palabras eran ya
apenas unos gruñidos pero seguían salpicándome, y manchaban, y dolían. Me iba
faltando el oxígeno y cerré los ojos. Tú no callabas pero estaba dejando de
escucharte, estabas cada vez más lejos y llena de tu veneno, me llegó. Y suspiré. Y sonreí.
23 septiembre 2018
Sed
Aquella mañana estaba la niña jugando con una muñeca de trapo y barro, como muchas otras en las que no iba al colegio y se dedicaba a ayudar a madre con el baldeo de la puerta o a intentar echar las moscas de la casa, lavar la ropa de los más pequeños o ir a por agua.
El pozo estaba a unos cuatro kilómetros, cerca de la cantina y del colegio. Muchas mañanas, dejaba los cubos con agua en la puerta y pasaba a alguna clase. Se estaba un rato repitiendo las lecciones y, cuando los niños iniciaban el rezo antes de salir al recreo, marchaba corriendo para llegar a casa antes que él o para no cruzarse con él por el camino. Si la veía, la llamaría y tendría que acompañarlo baboso y borracho hasta casa. Y se demorarían un poco en el bosque, junto a los heliotropos, a pesar de que su madre le tuviera dicho que no tardara y que no se entretuviera con nada ni con nadie. Aunque ella pensaba que mamá se refería solo a desconocidos. Pensaba que mamá no la regañaría si, al final, no derramaba el agua y llegaban los baldes casi llenos.
Él llegó borracho y mojado. Fuera caía aquella lluvia fina que iba poco a poco desgastando las almas hasta convertirlas en regueros de muerte lenta. Se tambaleó y se echó encima de la niña. La agarró de la muñeca derecha y tiró de ella hacia la puerta del chamizo. La niña soltó un pequeño quejido. La madre se interpuso entre ellos y la salida. Él le escupió toda su desgracia y, de un puñetazo en la nariz, la apartó. Al caer el pelele, una luz blanca lo cubrió todo por un segundo.
Y salieron. Y seguro recorrerían la senda embarrada de vuelta a a la cantina. Y allí estaría D. José, que miraría los enormes ojos negros de la niña, muy abiertos, como de muy saber. La cogería de las manitas y lo invitaría a él a un trago como anticipo. Don José era bueno, eso le había dicho siempre su padre. Y eso le decía él a la niña.
Él se acodaría en la barra, como muchas mañanas en las que salía de casa muy temprano y llegaba muy tarde. Y de vuelta, oiría los rezos de los niños en el colegio, cada vez más lejanos, antes de que salieran al recreo. Sudaba y seguía teniendo sed.
25 mayo 2018
Este Jueves, Relato: El premio
Nos invita Juan Carlos esta semana desde su blog a hablar de "premios". Propone el famoso juego de un relato inacabado de Chejov, pero como yo ya tenía hecho ese ejercicio, he cambiado mi participación y aquí la dejo. Si ustedes gustan.
Estoy
en la última fase para conseguir el gran premio. Había ido superando una prueba
tras otra de la mejor manera posible. Destrozar algo del mobiliario público de
la ciudad donde vives. Relativamente fácil. Me cargué el cristal de una marquesina
de una parada de autobús. Selfie. El cris, cris de los cristales en millones de
pedazos me pareció un espectáculo bellísimo. Aunque me hice un corte. Nada grave.
De aquella noche, recuerdo el sabor ferroso de la sangre de la herida y un
pájaro nocturno que de rama en rama me fue acompañando hasta casa.
El
siguiente sobre con instrucciones apareció puntual en el buzón al lunes
siguiente. Segunda prueba. Una semana de plazo. Misma mecánica. Tras hacerla
había que subir una prueba en una página de la organización. Elemento
purificador: el fuego. Quemar. Bueno, habría que esperar a un sábado por la
noche y bien un coche o una de las naves del polígono arderían con facilidad. Así
fue. Un coche. En pleno centro. Y el amarillo fatuo que iluminó la noche por un
momento. Selfie. Red. Un tic verde en la página web, marcaba mis progresos.
Tercera
prueba. Llegó también en un sobre lacrado. Se llamaba el dominio de la carne,
el poder de la carne o algo así y decía literalmente que para superarla había
que cargarse a alguien. Esta era un poco más complicada. Creo que buscaría un
edificio con ascensor y esperaría a alguien dentro de la cabina. Arma blanca y
al abrirse las puertas culminaría con lo exigido por el concurso. De noche.
Alguien que llegue del turno de noche, sin ganas de resistirse o tan hastiado
de la vida como para dejarse hacer y que yo pueda ganar. Ganar. ¡Qué palabra
tan bonita! ¡Cuánto poder! Y luego la parte burocrática: selfie, prueba y a
esperar el premio si soy el ganador. Espero serlo, estoy ilusionado.
23 marzo 2018
Este Jueves, Relato: Juegos y Juguetes
Esta semana nos invita Dorotea a jugar en su convocatoria, así que ahí va mi participación...
Dicen que una persona se hace
mayor cuando deja de jugar, pues bien, yo creo que he alcanzado ese punto. Ya
no me gusta jugar. Me aburre jugar ya. Me hago mayor. Ley de vida, dicen
también. Puede ser. Todo puede ser.

Al final todos acaban
rompiéndose. A uno que se le sale un brazo. A otro que se le rompe una pierna. Se
les ensucia la cara y se le enmarañan los pelos hasta parecer estropajos. Y termino
aburriéndome de jugar con ellos.
Al principio era divertido, por
la novedad, supongo. Y porque hay algunos muy bonitos, como nuevos, apenas sin
usar. Además antes duraban más. Eran mejores, ahora apenas hay alguno que balbucea
un poco, o que llora o echa salivita por la boca que luego hay que limpiarle. Y
darles de comer y beber. Todo un incordio.
Luego está dónde los guardas
cuando ya no te sirven o están totalmente rotos. Cuando tienes una casa grande,
vale, pero cuando no, ¿qué haces con ellos?
25 febrero 2018
Este Jueves, Relato: Cuaresma. Cierre de Convocatoria
Pues ha llegado el domingo de cierre. Nada más me queda agradecer a los jueveros participantes y lectores, su generosidad al haber aceptado el reto de participar con un tema que, quizás, era complicado. Pero bueno, somos escritores, ¿verdad? Ha sido un placer coordinar este jueves. Ahora paso los trastos a Ainoa Bravo Rodríguez para el próximo jueves.
¡Nos vemos en las letras!
Este Jueves, Relato: Cuaresma
Pues con esto de ser coordinador, me permito una pequeña licencia y es la de colgar mi colaboración la última y un poco tarde, pero es que he andado bastante escaso de tiempo. Espero sepan disculparme. Ahí va.
Por eso nos vinimos a la ciudad, con sus ruidos y sus coches, y sus humos, sus tiendas, sus neones, cafeterías bares y casas de apuestas, cines y todo lo demás. Por eso mamá no nos deja salir tampoco aquí. Al regresar del colegio por la tarde, ya no salimos salvo para ir a misa a la parroquia del barrio. Todos los días. Hacemos todo lo mismo como cuando estábamos en M. A veces me acuerdo y pienso que algo del pueblo nos debimos traer pegado a la ropa, el olor quizás. O alguna parte de ese viento seco, mefítico y amarillo que recorría las calles por la noche. Lo oíamos desde la cama golpear las contraventanas.
Ahora en la ciudad casi no se oye nada. Si acaso un ruido sordo y continuo de tráfico, alguna sirena. Aquí también está todo muy muerto, quizás maldito, pero de otra manera
Me llamo Cuaresma. Debo mi nombre a la religiosidad de mis padres.
Debí nacer en esa época antes de la Semana Santa. No estoy bautizado porque en
M. durante la cuaresma no se hacían ceremonias. No había bodas ni bautizos.
Entierros supongo que sí. Solo había una misa al día. La de las ocho de
la tarde y no la anunciaba la campana de la iglesia, sino que pasaba por las
calles una comitiva de ancianas de luto con una carraca y a su paso, iban
saliendo los vecinos y se unían a este fúnebre cortejo. Desde la ventana de la
sala, apagábamos la luz y mirábamos por la ventana alumbrados solo por el cabo
de una vela detrás del visillo. Los niños no podíamos salir desde que caía el
sol, hasta la mañana siguiente en que íbamos al colegio. Y así durante cuarenta
días, aunque en realidad se podría decir que todos los días eran así, porque
como saben M. es un pueblo maldito.
Por eso nos vinimos a la ciudad, con sus ruidos y sus coches, y sus humos, sus tiendas, sus neones, cafeterías bares y casas de apuestas, cines y todo lo demás. Por eso mamá no nos deja salir tampoco aquí. Al regresar del colegio por la tarde, ya no salimos salvo para ir a misa a la parroquia del barrio. Todos los días. Hacemos todo lo mismo como cuando estábamos en M. A veces me acuerdo y pienso que algo del pueblo nos debimos traer pegado a la ropa, el olor quizás. O alguna parte de ese viento seco, mefítico y amarillo que recorría las calles por la noche. Lo oíamos desde la cama golpear las contraventanas.
Ahora en la ciudad casi no se oye nada. Si acaso un ruido sordo y continuo de tráfico, alguna sirena. Aquí también está todo muy muerto, quizás maldito, pero de otra manera
22 febrero 2018
18 febrero 2018
Este Jueves: Relato. Convocatoria
Para bien o para mal, en nuestro mundo occidental vivimos inmersos en la cultura cristiana y el pasado miércoles día 14 (también día de los enamorados) comenzó para los cristianos la Cuaresma con el llamado miércoles de Ceniza.
Si ponemos Cuaresma en San Google, esto es lo que nos sale:
"Período de cuarenta y seis días, desde el miércoles de ceniza hasta la víspera del domingo de Resurrección, en el cual algunas iglesias cristianas preceptúan ciertos días de ayuno y penitencia en memoria de los cuarenta que ayunó Jesús en el desierto."
Pues bien, sobre eso va la convocatoria de esta semana, sobre la Cuaresma, historias de Cuaresma, que tengan que ver con la Cuaresma, cuarenta días. Da igual a los efectos jueveros si son cristianos o no, creyentes o no, porque la historia de Cuaresma, se puede contar desde dentro de la cultura cristiana o desde fuera de ella. Vale cualquier aspecto, de la Cuaresma. Les espero a partir del miércoles y hasta el sábado. Que los hados, las musas o los dioses les sean propicios. Pueden utilizar la imagen que prefieran para ilustrar su relato y, por supuesto, no olviden las normas generales.
20 enero 2018
Este Jueves, Relato: Detrás de la máscara
Esta semana es Roxana la que nos invita a su blog para que escribamos sobre máscaras...¡Ahí va mi participación.
¿Cómo
la describiría? No sé. Tiene el pelo castaño nº 5 de Loreal. Soy peluquero aquí
al lado, por eso lo sé. Y cardado de manera que le va tapando los huecos que se
le ven. Es muy mayor y lleva la mandíbula abierta. Repetía con un movimiento
involuntario de la boca las conversaciones que va oyendo por la calle. Es como
si absorbiera palabras de otros. Llevaba un abrigo marrón, largo, elegante, de
grandes botones también marrones pero claros. Los zapatos, la verdad es que no
se los miré, pero a esas edades, seguro que uno cómodo de polipiel y de medio
tacón. Llevaba gafas, sí. Un poco cuadradas.
La
vi por la calle que va al ambulatorio empujando la silla de su marido.
Resoplaba, sí, resoplaba. Supuse que iría al médico a alguna revisión o a por
las recetas para los medicamentos. Muchos días también los veo a los dos que
van por esa calle, pero para el otro lado, camino a la estación. Aparca a su
marido al pie de la vía y ella se sienta en el banco de piedra. Al sol dorado
de la tarde. Están adorables. Ella es adorable. Él no tanto. Ya no pasa nada
más que el regional dos veces al día, pero por la zona va mucha gente a correr
y personas a andar. ¿De verdad piensa que…? ¿Ella? No. No me lo creo…
05 enero 2018
Este Jueves: Relato. Un giro inesperado
En la primera convocatoria del año, nos invita Pepe a escribir un relato con giro inesperado. Pues ahí va mi aportación y, desde el diario del bufón mis mejores deseos para este año que comienza...que los hados nos sean favorables.
¿Seguro
que es por aquí, papá?
Seguro.
Tranquilos, que papá sabe por dónde va.
Pero
es que este camino cada vez se aleja más de la playa. Cada vez el mar se ve más
lejos y nos estamos asando en el coche.
Sí.
Hace mucho calor.
Tranquilos,
chicos que ahora tiene que salir por aquí un camino a la derecha que nos
llevará derechitos a la playa, ¿veis?
La
mirada de mamá que sabía que estábamos perdidos. El camino que salía a la
derecha que era un auténtico pedregal. Las ruedas del coche que dejan de tocar
el suelo. Los gritos. Las manos que se agarran donde pueden. Muecas petrificadas.
El
silencio. Una cigarra que retoma su canto seco de verano.
01 diciembre 2017
Este Jueves Relato: Fantasía Oscura
Esta semana nos invita Manifestkan a escribir sobre fantasías oscuras...no sé si habré cumplido, pero ahí va mi relato...
Día 3.
La pierna ha empezado a picarme.
Tengo una ligera hinchazón a la altura del gemelo. Me he aplicado la pomada que
hay en el botiquín para estos casos. A ver si así se me pasa.
Día 4.
He amanecido con el gemelo
totalmente rojo y no recuerdo de por qué ha podido ser…La pomada no ha funcionado y empiezo a notar una descamación de
la piel. Poco a poco se va poniendo blanca. Y ese olor amarillo. Empiezo a no
soportarme. Fuera de la base sigue nevando. Tengo hambre. Mucha hambre a todas
horas. Los compañeros que han salido a hacer los experimentos aún no han
vuelto.
23:00 horas GMT: empiezo a tener
fiebre y veo borroso. Tomo más pastillas del botiquín y agua y latas. No tengo
ganas de recogerlas y ahora desde la litera las veo esparcidas por el suelo. Sigo
teniendo mucha hambre. Me duele la piel. La pomada se ha agotado…
Día 6. Sigo solo. No sé dónde
se han metido los compañeros. No recuerdo que llegaran pero veo sus mochilas
apiladas junto a la puerta. Hoy tengo más fuerza. La descamación se ha
extendido por todo el cuerpo. Me asomo al ventanuco y siguen el viento y la
nieve. Empiezo a temer que hayan muerto y no traigan las muestras. No soporto
mi olor. Huele a carne y me da hambre. Hay también un ferroso olor a sangre que
me hace salivar.
Día 8. El cuerpo sigue rojo y
descamado. Nada funciona. Tengo calor. Tengo hambre. Siento que no soy yo. La radio
no funciona por culpa de la tormenta. En el suelo además de las latas, ahora
también están esparcidas las muestras y los experimentos con los que estábamos
ocupados. Hay líquidos que no reconozco. Y ese olor ferroso, empiezo a odiarlo, aunque me abre el apetito. Tengo hambre, mucha hambre a todas horas. ¿Estarán
intentando contactar desde el exterior? Mejor que no venga nadie ahora, mejor…
29 septiembre 2017
Este Jueves, Relato: Música Maestro
Este jueves nos invita Roxana a escribir un relato con "elemento" musical...pues ahí va el mío...
Ave María Purísima
Sin pecado concebida
Dime hijo, ¿cuáles son tus
pecados?
Pues verá, padre,
¿Padre López?
Sí. Soy yo. Lo he vuelto a
hacer. Y lo peor es que a estas alturas no sé si puedo parar.
El párroco de San Miguel, salió
del confesionario e indicó al padre López que lo acompañase. Cogidos del brazo
recorrieron la nave central de la iglesia. Sonaba bajito un kyrie y dos beatas
bisbiseaban. Se quedaron los dos un buen rato mirando a San Miguel Arcángel, espada en
alto y con el mal vencido a sus pies. El viejo párroco le dio su bendición y el
padre López, salió de la parroquia confesado y perdonado, como cada miércoles.
Se arrebujó en el abrigo y
salió para casa. Por la mañana temprano tenía un encargo.
Ese jueves amaneció frío. Se
puso el chándal y debajo la camiseta térmica. Apenas había salido el sol,
cuando el padre López estaba ya apostado en la terraza con el arma montada.
Respiró profundamente y se sopló las manos. Se colocó los auriculares inalámbricos
y seleccionó el Requiem de Mozart en el Iphone. La música lo ayudaba a
concentrarse y evitaba que oyera el silbido de la bala. La primera vez, se
había puesto la versión de Carusso que cantó Pavarotti, pero lo ponía muy
triste. Con esa canción lloraba después de cada disparo. Así que no la volvió
a utilizar.
El objetivo puso un pie en la
acera justo cuando comenzaba el Dies Irae. Un suave toque con el dedo índice y
listo. Bajó la cabeza y suspiró. Ya no lloraba. La justicia divina es lo que
tiene.
Al bajar a la calle ya se había
formado el típico revuelo de siempre en estos casos, pero nadie había visto ni
oído nada. Era muy temprano. El padre López, se santiguó al pasar por la acera
de enfrente y continuó camino de casa. Terminaba de sonar en sus auriculares, el Confutatis del Requiem. Repitió mentalmente sus versos, mientras preparaba el desayuno
antes de comenzar, ahora sí, con otras cosas.
08 septiembre 2017
Este Jueves, Relato: Héroes, Heroínas y similares
Esta semana nos propone nuestro compañero Ibso que hablemos sobre héroes y demás. Allí podréis encontrar más participaciones. Aquí os dejo la mía.
Limpiar el polvo de la casa. Ir
a la compra porque hacen falta bebidas para la barbacoa del fin de semana.
Después ir a por los niños al colegio. Comida y actividades extraescolares:
baloncesto la niña y música el niño. Ya después los recoge Jennifer.
No está mal para un miércoles cualquiera,
pensó Bruce. Esa fue la última lista de tareas del día que apuntó en su libreta
antes del holocausto final que vendría después.
Desde hacía unos diez años,
Bruce, Bruce Wayne, se levantaba por las mañanas, preparaba el desayuno para
Jennifer y los niños y los despedía en la puerta cuando cogían el autobús para
el colegio y el coche para ir a trabajar. Jennifer trabajaba de fiscal en la
Corte Superior de Gotham, tenía un buen sueldo con el que podía mantener a su
familia. Una vez eliminado Joker, El Pingüino, Espantapájaros, Blackmask y
todos los demás, acordaron que Bruce se quedaría en casa. Si alguna vez lo llamaban
de la alcaldía, podría continuar con las actividades que había estado
realizando. No hizo falta: la guerra con Corea, con Siria, las revueltas
africanas y la invasión rusa de China, tenían entretenidos a los villanos.
Aunque salía a correr y hacía
pesas, había cogido unos kilitos y perdido agilidad. No era el de antes, los
cuarenta se notaban en todo. Jennifer era comprensiva y no hablaban mucho sobre
el tema, pero…
Así que cuando aquel último villano,
salido de no se sabía dónde, se dispuso a destruir Gotham y después el resto de
Estados Unidos para gobernar el mundo libre, Bruce no pudo hacer nada en
absoluto para evitar el desastre. Todo lo demás que ocurrió desde entonces es
de sobra conocido.
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Jueveros,
Relato,
Septiembre 2.017
07 julio 2017
Este Jueves, Relato: Juegos y Juguetes
Este jueves-viernes nos invita Molí del Canyer a jugar (en el enlace están los participantes). Así que, después de mucho tiempo sin participar, me animo y les iré comentando según pueda...además me he pasado un poco de palabras, espero sepan disculparme...
Las dos niñas de la casa del
final de la calle nunca jugaban con nosotros. Nunca o casi nunca salían. Perico
que era el que sabía de todo esto, decía que eran deformes y por eso su madre
no las sacaba por el pueblo, que las tenía vestidas de negro y que llevaban una
de esas cosas para la columna que te estiran el cuello como una jirafa.
No nos gustaba acercarnos a la
portada de madera de la casa ni a la puerta en la que el único movimiento era
el de una cortinilla de macarrones que tenían para que no entrasen las moscas. Cuando
jugábamos al fútbol y se nos escapaba la pelota íbamos a recogerla y volvíamos
corriendo por si acaso. Yo creo que alguna vez las vi asomadas a las ventanas
del piso de arriba, largas y delgadas. Estarían
tristes, pensábamos, sin poder jugar, todo el día en su casa, rezando y
comiendo y durmiendo. Porque tampoco iban al colegio. Ni siquiera a misa. Don
Severiano, el maestro, siempre decía que sentía pena por aquellas criaturas y
que ellas no tenían culpa.
Nosotros no sabíamos. Quizás nuestros
padres supieran, porque nos decían que no jugáramos al final de la calle. Así
que nosotros, más por miedo que por otra cosa, apenas nos acercábamos. Bueno,
menos Perico y Juan que a veces nos decían que las habían visto detrás de los
cristales oscuros y que tenían los ojos negros. Y se acercaban y movían la
cortina de macarrones o tocaban en la puerta y salían corriendo. Aparecía entonces
una vieja, muy vieja para ser madre, y nos gritaba que los dejásemos en paz.
Perico y Juan volvían muertos de la risa o del miedo. Y las dos niñas arriba, mirando
muertas, de envidia o de rencor como el resto del mundo jugaba y corría. Y
ellas llevando su cruz negra. O morada, como la que una mañana apareció enorme
pintada en su fachada blanca, apenas un juego macabro.
Quizás salieron de madrugada. Nada
oímos. Apenas el ruido de un motor que chisporroteaba alejándose. Los balonazos
siguieron sonando en el callejón. Perico y Juan tocando la puerta. Pero nada. Silencio solo roto por el balanceo plástico de la cortina
seca. Y arriba quizás (solo quizás) la mirada negra de las dos criaturas tras
los cristales.
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