27 junio 2022
17 años y 2 días
23 septiembre 2021
Este jueves, relato: La mentira
Llevo mucho tiempo sin escribir. Por diversas razones, lo he ido dejando, pero no me parece justo abandonar el blog. Creo que de alguna manera me reclama, me interpela para que escriba y no lo haga desaparecer tras dieciséis años acompañándome. También los periodos de sequía se rompen con una primera gota, así que lo intento con esta pequeña participación en la convocatoria de MAG. Gracias por ella.
Llegas a casa. Huele a cocido y está la
televisión encendida. La voz del locutor retumba en toda la cocina. La mesa ya
está puesta, los cubiertos, unos vasos de plástico y los platos con sopa. Has
dejado las llaves sobre la mesa y quitado el volumen. Remueves y mareas un poco
los fideos. No los soplas.
— ¿Qué piensas? — me preguntas.
— En nada— y resoplo un poco sobre la
cuchara cargada.
29 enero 2021
Este Jueves, Relato: Amores imposibles
En la convocatoria de esta semana, nos invita Volarela a hablar de amores imposibles. No sé si llegaré a tiempo, pero ahí algo que se me ha ocurrido.
En el segundo estante hay una foto del
viaje que hicimos a los Pirineos. Agachaba la cabeza y cuando me volvías a
tirar del pelo, veía borrosa la imagen del gorro rojo de mi mujer y su pantalón
negro de la nieve. Yo apoyaba las manos en la pared. Entonces tú me lamías el
cuello y seguías empotrándome. Al correrte me agarraste los pezones y con un
suspiro te dejaste caer sobre mi espalda. Me volviste a recorrer con la lengua.
Te agachaste y te metiste toda mi polla en la boca. Cerré los ojos. No volví a
mirar la foto. Ni una litografía que habíamos comprado en otro viaje familiar a
Amsterdam. Al terminar me temblaban las piernas. Oí correr el agua en el baño y
la hebilla de tu correa golpear contra la madera del marco. Tu macuto estaba
junto a la puerta.
— Me tengo que marchar ya. Mi autobús
sale en media hora.
— Ya.
— No hace falta que me acompañes.
— Da recuerdos a tu mujer y cuida de tus
niños.
— Tú también. Hasta dentro de otros
veinte años — Y sonreíste.
Fuera caía la tarde. Más tarde te
imaginé en el autobús. Mirando por la ventana. A veces, volver puede ser triste.
17 diciembre 2020
Este Jueves, relato: Dulces
Este jueves nos invita María José Moreno en su Lugar de encuentro a hablar de dulces. Ahí dejo lo que he pergeñado.
El
chirrido del muelle del pomo despertó a la madre que dormitaba en la cama
después de la toma. Asomaba un pecho por encima del camisón de puntitos
amarillos. La abuela asomó la cabeza por el hueco de la puerta. Llevaba el pelo
cardado y tintado de peluquería y una bandeja mal envuelta con servilletas. Una
pirámide de pastas a punto de desparramarse asomaba por los huecos del papel.
— Os
he traído unas pastas de almendra caseras. Están recién hechas. —
Apartó
una botella de plástico con agua y las dejó sobre la mesa junto a la cama. El
olor de las pastas se mezcló con el dulzón de las cremitas y ungüentos de los
gemelos que dormían junto a su madre. Llevábamos años sin ver a la abuela. Por
lo que parecía, seguía haciendo todo tipo de dulces y pasteles en cualquier
época del año.
Se
acercó y cogió a uno de los bebés. Yo di un respingo en el sillón. Hundió la
nariz en el cuello del niño. Le besaba los bracitos, los pequeños muslos. Uno a
uno fue chupando los deditos de los pies. Sus labios fofos buscaban los
mofletes de los niños y demoraba los besos en la barbilla.
— ¡Qué
gorditos! Y ¡Qué encarnaditos! ¡Están para comérselos! —
30 octubre 2020
Este Jueves, Relato: La Muerte
Pequeña muerte
Todos los domingos por la tarde son una
pequeña muerte. En sentido literal. Está uno en su sofá tranquilamente viendo
algún partido de baloncesto, alguna serie o alguna película de estreno y de
repente piensa en el lunes, en la semana, en lo que tiene que hacer. No hace
falta que sea un pensamiento concreto ni elaborado. A veces un papel encima de
la mesa del salón, o una anotación en la pizarra de la cocina cuando te has
levantado a preparar café, es la chispa que hace romper toda la cascada de
pensamientos. Entonces el corazón se acelera. Parece que a uno le falta la
respiración. Siente uno como los pulmones se le hinchan y colapsa. Me han
contado, después una vez recuperado, que caigo a plomo sobre el suelo del salón
o de la cocina. Que no reacciono ni al agua en la cara, ni a los vahos, ni a la
respiración asistida que me ponen los sanitarios cuando llega la ambulancia o
me llevan al hospital. Unos tres entierros llevo ya. Tres veces que me han dado
ya por muerto y me han velado. A veces de lejos, como entre brumas, oye uno los
comentarios de la gente “pues que buena
cara que tiene” “parece que está
dormido” (joder es que creo que es verdad) “que hijo de puta que era”…
Pero creo que esta es la definitiva. Se
habrán hartado todos de tanto vaivén y de tanto gasto. A la cuarta va la
vencida. No me he percatado de los comentarios, no he oído nada y, tengo la
impresión de que llevo días aquí dentro. He comenzado a alimentarme únicamente
de la proteína que va entrando. Hace frío y se está húmedo. He recordado
determinada escena de Kill Bill. No sé qué día es hoy.
16 octubre 2020
Este Jueves, Relato: Hay un dios en mi sandwich
Esta semana nos invita Roxana a hablar sobre dioses en la convocatoria semanal. Ahí va mi relato de la semana.
Dios huele a vinazo. Los ojos cada vez
más achinados bajo el triángulo ese con el que a veces lo representan. Ya no se
le entiende al hablar. Parece que la lengua no le cabe en la boca como cuando a
un perro le pica una avispa en el hocico.
— ¡A tomar por culo! Treinta y una. Por hoy ya está bien. — dice el
príncipe de las tinieblas. Y arroja los naipes sobre la mesa de madera.
Le dice que no se preocupe por lo que
oiga esta semana desde su mundo. No diré
nada de que volviste a perder. En realidad el viejo llevaba mucho tiempo
sin ganar, pero seguía insistiendo. Todos los días en la taberna y una vez por
semana en la partida. A partir de las seis, el tabernero ya no le servía más
vino y cuando no había parroquiano al que arrimar la brasa, se acodaba en una
de las mesas del fondo y se quedaba amodorrado allí hasta la hora de cerrar.
Todos estaban de acuerdo en que había
que hacer algo, pero el mal carácter del viejo cuando se enfadaba iba
retrasando siempre los planes y las decisiones.
El demonio ya estaba cansado de ganarle
partidas y devorar destinos. Aspiraba a algo distinto. Quizá fuera el candidato
perfecto. Quizás no hubiera otro.
Se tendría que buscar un lugar para el
retiro del viejo desde el que no interfiriera. Nadie había pensado en ello, ni
siquiera dios cuando joven y vigoroso creía dominar el destino de todo.
Habría que inventar algún tipo de paraíso,
o infierno, lo que fuera pero en el que estuviera bien cuidado y atendido (por alguien
que lo aguante, añadiría el demonio) ¿Dónde se retiran los dioses cuando están
viejos y cansados?
08 octubre 2020
Este Jueves, Relato: Niebla
Este jueves nos invita Cecy en su blog a hablar sobre, con, por, en, entre...la niebla. Por ahí va, mi aportación.
Aquella mañana salieron todos de la casa y apenas se veía. Una espesa niebla lo cubría todo. Las farolas seguían encendidas pero su luz era poco más que una mancha naranja. Se suponía que los niños iban al colegio a esa hora, pero todo estaba en silencio y vacío en el pueblo.
Por
la carretera no se veía ningún coche, ni al lado, ni delante, ni detrás. Será la niebla, sonrío mamá. Y es que no
veía nada de nada. Los faros del coche alumbraban un pequeño trozo de carretera.
Como
todas las mañanas, mamá dejó a Javier y a papá en el sendero que llevaba al
colegio. Javier, cogió la mochila y miró extrañado.
—
Papá, no está el colegio. — dijo. — ¿Qué
haremos si no está el colegio?
—
¡Cómo no va a estar el colegio! ¡Anda, camina
que llegamos tarde!— refunfuñó papá. — Es la niebla.
Pero
iban avanzando y el colegio seguía sin aparecer tras la niebla. Tampoco se veía
el polideportivo ni la piscina cubierta en la que solían nadar los alumnos de
ESO.
Llegaron
donde tenía que estar la puerta del colegio, y efectivamente no estaba. Ni profesores,
ni niños alborotando en la entrada, en los pasillos o apresurándose porque
llegaban tarde. Nada. Y en ese punto ni siquiera la niebla.
—
¿Qué hacemos? — Y se miró en mi gesto de
incredulidad.
—
Pues nos vamos a casa. — Dije. Él sonrió.
Olíamos
a mojado. Sonaban los ruedines de la mochila sobre el pavimento. En algunos
sitios podíamos ir pegados a la pared, pero en otros no sabíamos. Cogimos la
avenida del parque que desembocaba en la plaza, luego, giramos a la derecha,
tras otra rotonda llegaríamos a casa. O eso creíamos. Debimos seguir más la
avenida o girar en un lugar que no era el correcto porque ese camino no llevaba
a casa. Allí no estaba nuestro edificio. Seguimos andando entre la niebla. —Me
canso, me dijo. — ¿Dónde estamos? ¿Cuánto queda?
—Ya
llegamos. —Pero no lo sabía. Miré el móvil. Uno por ciento de batería. Miré el
tiempo. Mañana también tendríamos niebla.
12 septiembre 2020
Este Jueves, relato: Monstruos
Este jueves, nos invita Neogeminis a escribir sobre monstruos. El tema da para mucho más y como tenía gana de ensayar un poco, ahí va mi aportación tardía.
Cuando entrabas al bar a veces podías
ver a alguno de los pequeños que corría a esconderse tras las cortinas de
canutillos que daban paso a la cocina al fondo. Se escabullían dentro dejando
sobre la mesa los restos de lo que estuvieran haciendo, un juego de dados, una
baraja de cartas, los despojos adheridos a la madera de alguna pieza que
limpiaban.
Eran cinco hermanos. Todos niños. Todos
pequeños. En la escuela no duraron porque los niños mayores pronto comenzaron a
lanzarles cosas, mientras que a los alumnos pequeños les daban miedo. Sobre
todo cuando el mayor de los cinco, enseñaba esos pequeños dientes puntiagudos
que tenía. Al segundo le faltaban dos y tenía un bulto en la nariz. El tercero
tenía cuatro dedos en la mano derecha. Perdió el índice al nacer y el dedo pulgar,
muy largo, era una tenaza de carne inútil. No lo dejaron aprender a escribir con
la mano izquierda. Estaba enamorado en secreto de Mariquilla que una vez en el
recreo se había dejado rastrillar el pelo con esas cuatro púas huesudas. Sus padres
al saberlo, le dieron a la niña un bofetón nada más llegar a casa y se fueron a
ver al cura. El cuarto no salía del bar porque apenas podía andar. No sé porqué.
Y a veces, gritaba tanto desde dentro que los alaridos se oían en la calle y en
todo el pueblo. Del quinto no se decía nada. La gente sabía que
había nacido porque lo había dicho el médico que asistió al parto.
Yo solía llegar a medio día y dejaba
encima de la barra la caja con la caza del día. Unos días había conejos, otro codornices
o perdices. El golpe seco hacía que volvieran a asomarse. Su padre tenía un ojo
pareciera que iba a salírsele de la órbita, soltaba un billete y unas monedas
sobre la barra y hacía un gesto con la cabeza hacia la puerta del bar. Era la
hora de comer.
25 junio 2020
Este Jueves, relato: Mudanzas
Este jueves nos invita Molí del Canyer a hablar de mudanzas y aprovechando que hoy precisamente mi blog cumple 15 AÑOS, que mejor manera de celebrar aniversario y cumpleblog que participando en una convocatoria juevera, con esto:
01 mayo 2020
Instrucciones para dormir un elefante
10 abril 2020
Este Jueves, relato: Señales mal entendidas
25 enero 2020
Este Jueves, Relato: ¿Qué tengo en el bolsillo?
05 octubre 2019
Este Jueves, Relato: La espera
05 julio 2019
Este Jueves, Relato: Cine de Barrio
24 febrero 2019
Je Táime...moi non plus: Cierre de convocatoria
Ahora paso el testigo a Ame, que a lo largo del día publicará su convocatoria.
Repito, muchas gracias y nos vemos en las letras.
Besos y abrazos.
20 febrero 2019
Participantes: je t'aime moi non plus

1.- Buscador
2.- Dorotea
3.- Campirela
4.- Albada Dos
5.- Carmen Andújar
6.- Ginebra Blonde
7.- Molí del Canyer
8.- Yessykan
9.- Juan Carlos
10.- Mujer Virtual
11.- Mirella
12.- Tracy
13.- Alfredo
14.- Demiurgo
15.- Juliano El Apóstata
16.- Maite Sánchez
17.- Magade Qamar
18.- Neogéminis
19.- Pepe



